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El nacionalismo catalán

 

Ese germen de nacionalismo moderno al que aspira Cataluña, no tiene razón de ser postulado en la etnia o la cultura, debido a las muchas y diversas razas y pueblos que han pasado por ella a lo largo de la historia.

Desde la revolución de 1868, es decir, desde la primera República, en la cual, de sus cuatro presidentes, dos fueron catalanes, ya se abogaba por un Estado Federal. Dicho de otra forma, la idea de España, era la de una España donde cupiera esa Cataluña catalana, esa Cataluña que tanto ansiaban.

Como era de suponer, ese supuesto federalismo degenera en el más puro cantonalismo y descentralización, es decir, lo que se conoce como una revuelta radicalizada. La cual, polariza, aún más si cabe, a Cataluña. Se hace evidente una dicotomía en los diferentes ámbitos, como; el conservadurismo del campo frente al liberalismo de la ciudad. A esto hay que añadirle ese alto índice de  tensión entre el clericalismo y el laicismo. Motivo este, por el cual, la vida social se envenena.

Se da por primera vez una denuncia, una exigencia por parte de la clase trabajadora de sus derechos de una forma amenazante. Además, la burguesía catalana apoyaba al general Prim, catalán también, que les trajo al nuevo rey catalán, “Amadeo de Saboya». Cuando este abdica, los catalanes pierden también buena parte de sus esperanzas de regenerar España. Y en adelante buscarán la salvación por y para si mismos.

Esa revolución moderada, esa revolución burguesa, creen sólo posible en Cataluña, y hacia ella encaminaron sus  pasos durante la restauración. A partir de ahí, todos los catalanes dedicados a la política, lo harán ya buscando, “La libertad de Cataluña». Algunos dentro de la grandeza de España y otros por el contrario, como un Estado Federal.

Esta región, esta autonomía, ya conspiraba y ansiaba en convertirse en nación. Se estaba haciendo a si misma, en el plano cultural, a través de la llamada Renaixenca, auténtica explosión de las artes, como la música, la poesía, la pintura, la arquitectura, junto a las tradiciones catalanas y el florecimiento de su lengua. En una línea paralela al desarrollo de la industria y el comercio. Todo esto, es lo que le da a Cataluña ese hecho diferencial, que se traduce en ese nacionalismo de altos vuelos del que hacen gala.

Ahora bien, esa industria, ese comercio, necesitaba unas tarifas protectoras frente a los productos de otros países más desarrollados. Y tales tarifas sólo podía concederlas Madrid. Esa es la razón por la que el nacionalismo catalán durante ese periodo nunca llegó a plantearse el secesionismo. Simplemente se conformó, con reclamar una “nación catalana en el Estado español». O sea, una amplia autonomía.

Este nacionalismo, será siempre un nacionalismo a medias y que acarreará a la burguesía catalana , ese complejo de culpabilidad, de haberse vendido para sacar unas ventajas arancelarias. Dicho de otra forma, muestran ese, su ADN, con ese pecado original que llevan arrastrando hasta el día de hoy. Una ambivalencia que mantienen durante la dictadura de Primo de Rivera y se acentúa durante la segunda República. La cual, esta última, concede un estatuto de autonomía a Cataluña.

Pero que esta no era la solución se demostró el 6 de Octubre de 1934, cuando aprovechando la revuelta contra el gobierno de centro-derecha, el presidente de la Generalitat, COMPANYS,  declara “El Estado Catalán dentro de la República Federal Española». Y aunque durante la guerra civil, Cataluña se alineó decididamente con la República,  y no faltaron catalanes en el bando de Franco. Que por otro lado, quitó a Cataluña hasta el último atisbo de autonomía, equiparándola al resto de las regiones españolas.

Terminó favoreciendo su industrialización por encima de otras regiones, que sí le habían apoyado. Acudiendo a estas industrias millones de españoles de otras regiones, que no encontraban en las suyas puestos de trabajo. Frente a este hecho no faltaron nacionalistas que lo calificaron como un regalo envenenado. Esta hipótesis, estaba argumentada con un objetivo de disolución, una disolución hacia la catalanicidad de Cataluña. Pero esto es algo que nunca sabremos, nunca sabremos, qué hay de verdad en esto, pues como tantas otras cosas, esta nuestro Generalísimo, se la llevó a la tumba.

Cataluña recupera su autonomía con la llegada de la democracia, y lo hizo con verdaderas ansias. Ahora bien, los tiempos habían cambiado, y en lógica consecuencia, ella, Cataluña, también. La mayoría de sus nuevos habitantes o moradores habían nacido fuera de Cataluña, sobre todo, en las ciudades. La primera reacción a este hecho por el nacionalismo de altos vuelos, el nacionalismo catalán, fue de una rabia casi xenófoba. Llegando a entenderse como una invasión pacífica. El mismísimo Pujol los describió como: “hombres destruidos e inadaptados». Los únicos que supieron leer e interpretar este fenómeno, y sin duda, lo aprovecharon, fueron los socialistas. Que vieron en el mismo, un enorme filón electoral. Y se hicieron con los cinturones industriales de las grandes ciudades, además de la propia Barcelona.

Este hecho, este fenómeno, es sin duda, irreversible, de la cual, se percatan los nacionalistas, y logicamente del error que significaba enfrentarse a él. Por lo que cambiaron sus políticas, asimilando este fenómeno, y dando a sus políticas un carácter integrista. El mismísimo Pujol, lo sentenció con esta frase, y cito literal: “Catalán es el que vive y trabaja en Cataluña». La base o cemento para la creación de esa, su utopía, es la “LENGUA». Por lo que la definición anterior se puede sustituir por “Catalán es el que habla catalán, e incluso aquel que sólo lo entiende». Algo que sin duda encaja perfectamente en su programa. Pues como ya he dicho, el nacionalismo catalán es esencialmente cultural. Y es por todos y de sobra sabido, que la lengua es vehículo de la cultura.

Se cambian los nombres a calles y ciudades, las comunicaciones oficiales pasan ha hacerse en catalán. Así como la enseñanza en las escuelas, institutos, universidades. El catalán es promocionado hasta el punto de que hablarlo y escribirlo, vale tanto como un doctorado en un concurso-oposición. Es otra de esa corrección política, una mera y simple discriminación positiva.

No sólo es una venganza para compensar, la supuesta discriminación sufrida en la era Franco, sino también el carácter preponderante, que tiene el español como idioma universal que es. Es así y sólo así, como puede subsistir el catalán y Cataluña mantener su identidad. Pero este hecho tiene un pero, un inconveniente y, es el de que crea o introduce un concepto nuevo, que es el de “La ciudadanía incompleta». Una cosa, cuanto menos, muy poca ortodoxa en democracia. Si la nacionalidad catalana es basada en la lengua catalana, los que no la dominan, no serán ciudadanos plenos.

Por lo que se deduce, que ese ciudadano incompleto, “gozará de plenos derechos civiles, políticos y sociales, pero no de aquellos del ámbito propio de la cultura», como son las conferencias o la educación. Es decir, puede ejercer sus derechos de una forma individual, no colectivamente. Con un riesgo triste, pero no por eso menos real, como es el de que las nuevas generaciones, dominen mal, o pierdan un idioma universal, como es el español. Sin contar con otros signos de identidad nacional, como son los valores, el temperamento, el carácter. Con los que el nacionalismo catalán quiere construir su soñada nación-estado. Si lo hace sobre este hecho diferencial, quedaría excluida media población. Por el contrario, la otra opción sería aceptar la lengua. O lo que es lo mismo, ese catalanismo incompleto mencionado anteriormente. Con lo cual, se deduce, que el nacionalismo catalán se encuentra inmerso en una encrucijada.

La realidad es que ninguno de los dos es lo bastante o suficiente. Lo cual, deja en clara evidencia su único y principal objetivo, que es la creación de esa soñada y utopía platónica, nación catalana. A costa de la fragmentación y destrucción de la unidad de España. Esta última, Estado-nación, la nación por excelencia, la nación de nacionalidades.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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