El miedo electoral manifiesta el fracaso del sistema

A todo político le inquietan las elecciones, en particular a aquellos que sienten que tienen algo, poco o mucho, que perder, sea porque estaban detentando el poder, sea por sus expectativas electorales. Eso es normal. Lo que no es normal es cuando hay un miedo difuso y profuso como ocurre ahora ante las futuras elecciones en Madrid. El PP tiene miedo a que VOX lo supere o incluso a tener que gobernar. VOX se preocupa porque, aunque sus expectativas son buenas, tiene miedo a que algunos de sus votantes, actuales o posibles, se decanten por el PP por razón de un teórico voto útil. El PSOE tiene miedo porque si una coalición de centro derecha siguiera gobernando en Madrid sería una patada en la cara a la política nacional de Sánchez. Ciudadanos tiene no ya miedo sino terror no solo por su política vacilante sino por haber traicionado a su socio, el PP, en Murcia, con argumentos irrisorios por lo contradictorios. Podemos tiene miedo porque el marqués del casoplón ve que muchos de sus fieles tradicionales van a abandonarle o como mínimo a abstenerse. En suma, en Madrid hay un pánico generalizado, demasiado generalizado, en el mundo político. ¿Cuál es la razón principal?

A mi entender, la falta de división de poderes, la fusión-sumisión entre el Legislativo y el Ejecutivo es la causa principal. Si en lugar de que el presidente de la Comunidad sea elegido por la Asamblea, lo fuera directamente por el pueblo de la Comunidad de Madrid, el miedo sería menor. La Asamblea y sus diputados permanecerían hasta que se hicieran elecciones; el nuevo presidente que resultara electo cambiaría a los miembros de su Ejecutivo y ya está. Por otra parte, es indudable que su elección, en primera o segunda vuelta, por mayoría tendría una legitimidad incuestionable ante los ciudadanos de la Comunidad, aunque tendría que someterse, en el ejercicio de su poder, al marco de normas que estableciera el Legislativo de la Comunidad. La estabilidad política seria mucho mayor, aunque hubiera dificultades para cohabitar, pues debería establecerse para periodos fijos. Solo en circunstancias muy tasadas se podría permitir la disolución de la Asamblea, por una sola vez en todo el periodo de cuatro años, por ejemplo si no se aprobaran, en el plazo de seis meses, los presupuestos propuestos por el presidente de la Comunidad. También cabría la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales, por una sola vez, cuando fuera propuesto por el 60% de los diputados de la Asamblea. Lo más previsible es con esas limitaciones el ejercicio de esas circunstancias tan tasadas fuera muy escaso.

Si a eso se le añadiera el requisito de que las elecciones se hicieran por circunscripciones electorales por zonas de población, las posibilidades de que los partidos (el ejecutivo) hicieran las listas de candidatos se vería muy limitada y no se establecería, como se da en la actualidad, una relación de sumisión de los candidatos que aparecen en las listas a la cúpula del aparato del partido. Con este tipo de modificaciones, u otras en la misma dirección, se evitaría la fuerte dependencia actual de los candidatos, se rompería la fusión Legislativo-Ejecutivo, se reduciría el número de políticos del aparato y se reafirmaría la democracia, ya que el Ejecutivo seria ejercido por quien saliese mayoritariamente elegido. El sistema político vigente es un sistema fracasado que ha liquidado la necesaria división de poderes, que da lugar a un pánico generalizado ante los procesos electorales, que no contribuye a la estabilidad y que traspasa la soberanía del pueblo a la soberanía de los partidos.

Enrique Miguel Sánchez Motos

Administrador Civil del Estado

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