El Marqués, la montería y la violencia de género

No podía imaginar el Marqués de Traspalmera, que votar lo de siempre, favorecería la situación kafkiana en la que se vio envuelto en la época de monterías. Pero de aquellos barros, estos lodos.

Robustiana nació en el seno de una familia latifundista del sur de España. Su carácter, decidido e independiente, la llevó a dejar la práctica de la veterinaria, reminiscencias de su crianza vinculada al mundo rural, para estudiar un MBA y dedicarse al mundo de la energía. Tan energético como que, tras salir de su trabajo en una multinacional, dedicaba más de dos horas diarias al gimnasio. Con cinco hijos en edad colegial (en cada uno de sus embarazos trabajó hasta el día previo al alumbramiento) lo llevaba todo para adelante y le gustaba sacudirse determinados convencionalismos sociales.

La montería

Ese día se cazaba la finca familiar de montería. Como venía haciendo desde que era mocita, Robustiana entraría con las rehalas por el monte, mientras su marido, el Marqués de Traspalmera, ocuparía un puesto de traviesa para ir introduciendo en el arte venatorio a sus dos vástagos mayores. Traspalmera utilizaría a sus «hijos-porteadores» para trasladar al puesto la gran variedad de viandas y vinos que le amenizarían el “duro” día de caza.

Noé, el cuarto de los hijos de los Traspalmera, acompañaría a su madre Robustiana a romper monte, mientras los perros de las rehalas registraban umbrías y solanas para levantar los venados, muflones y jabalíes que se protegían entre sus jaras y lentiscos. Noé era un animalista particular, pues comprendía perfectamente la diferencia entre animal doméstico y uno silvestre, y la función que cada uno debía cumplir en el orden natural.

Ese día irían con la rehala de Juan “El Pelliza”, cuyos perros pegaban a los cochinos como si no hubiera un mañana. Si se presentaba la ocasión, Juan permitiría a Noé entrar a cuchillo a algún cochinete que tuvieran bien cogido los perros.

El día se presentó con ese viento que hace confundir el movimiento de la espesura del monte con el de la res en su huida, lo que invitaba a redoblar la atención para que la caza no sorprendiera al montero en su postura. Del mismo modo, las reses levantadas por los perros podían sorprender a los perreros en sus carreras.

Bien entrada la montería, en una zona sucia de monte, Robustiana se encontraba aleccionando al joven Noé en presencia de “El Pelliza”:

Noé, si vemos que se levanta un venado y viene hacia nosotros, nos pegamos al tronco de un árbol o nos tiramos al suelo, que estos vienen ciegos en su huida y nos pueden arrollar

Premonitorio. En aquel instante un venado saltaba un gran lentisco que tenía Robustiana a su espalda y le caía encima pateándola en el fragor de la huida. Cayó la esposa de Traspalmera a plomo, sin conocimiento, mientras su hijo Noé y “El Pelliza” contemplaban espantados la escena.

Auxilio, auxilio!!” gritaba el pequeño Noé en la inmensidad de la sierra. “El Pelliza”, más puesto en estos lares, trataba de encontrar cobertura para la emisora a fin de solicitar ayuda a otros perreros y la guardería de la finca.

Mamá, mamá!!!” exclamaba Noé mientras trataba de reanimar a Robustiana. La dura ejecutiva, forjada en negociaciones de alto nivel, entreabrió un momento los ojos y preguntó a su asustado hijo: “¿Tú quíen eres??”

Se fastidió el tapeo

Traspalmera, mientras sacaba un catavino del estuche de cuero, sobre el que estaba grabada a fuego la corona del marquesado, se sorprendió al ver como se detenía la pick-up del guarda en su puesto.

Señor marqués…su esposa…un venado…volando…!!!

Comprendiendo la gravedad del asunto y con innata diligencia, Traspalmera enfundó el rifle para no dejarlo abandonado en el campo y corrió junto a su esposa que lo necesitaba. Los niños-porteadores se encargarían de recoger el resto del “campamento” al finalizar la montería.

Directo a la boca del lobo

Camino al hospital más cercano, a más de una hora de camino, Robustiana repetía una y otra vez, “no llego, no llego”. Con la cara negra del derrame, el lugar del impacto se le había inflamado hasta alcanzar el doble de su tamaño normal, presentando un aspecto dantesco.

Los recibió en Urgencias una joven y oronda doctora con el pelo corto azul añil.

¿Qué ha pasado?”, preguntó al ver el lamentable estado de Robustiana.

Un venado la ha arrollado” contestó Traspalmera sin dejar hablar a su machacada y seminconsciente mujer.

Acompañar y no dejar hablar a la mujer, es una de las causas que el protocolo de Violencia de Género de la Comunidad establece como sospechosas.

La coloreada doctora, fiel discípula de #Metoo, y cuyo musical tono de llamada del móvil sonaba “ Y la culpa no fue mía ni donde estaba ni cómo vestía”, adopto la protocolaria actitud de alerta y pensó:

“ La trae hecha un cisco, no la deja hablar y dice…que ha sido un venado!!! Creo que el venado es el… será cabrón el tío!!!

Avisó a la Policía para que acompañaran al Marqués mientras a su esposa le realizaban todo tipo de pruebas y la sometían a un tercer grado, a ver si confesaba lo que la creativa doctora había imaginado.

Traspalmera, que en las últimas elecciones había votado «lo de siempre» (sin caer en que ya no era lo de antes) empezó a preocuparse con la mirada despectiva de la joven doctora activista y la sequedad de los agentes de la autoridad ante los chascarillos que utilizaba para intentar quitar hierro al asunto. En ese momento un pensamiento le heló la sangre:

Tendría guasa, con lo preocupado que estoy, que esta tipa pensara que yo he hecho eso a Robus!!!…. se nota que no la conoce!!!

A su espalda sonó la voz de un agente que lo miraba muy serio:

Caballero, permanecerá en este cuarto custodiado hasta que su esposa se encuentre en condiciones de relatar lo ocurrido. La historia del venado no es muy creíble y la doctora ha catalogado esta como Situación Objetiva de Riesgo” .

Traspalmera, desolado ante tal despropósito, se dejó caer sobre el duro asiento de hospital y empezó a reflexionar sobre el sentido de su último voto.

En ese momento sonó el tono de llamada del móvil de Traspalmera, la Marcha Real

Hable!!” ordenó el Marqués al celular.

Papá soy Noé. ¿Cómo está mamá?

Bien, hijola están ayudando mucho

¿Y tú?” preguntó Noé.

Yo…reflexionando, hijo, reflexionando

Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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