El Manifiesto y la ministra Yolanda Díaz

La izquierda revolucionaria se ha venido arriba. La ministra de Trabajo del gobierno de Sánchez ha hecho un elogioso prólogo, en septiembre 2021, para la nueva publicación en España del Manifiesto Comunista de Marx y Engels de 1848. Señala que ese texto “Reaparece siempre, en los contextos de crisis económica y social, con toda su lucidez y su capacidad de estimular la reflexión”. Estoy de acuerdo en que el Manifiesto y todos los escritos de Marx y Engels sirven para estimular la reflexión ante el futuro social y económico que queremos y cómo alcanzarlo, pero sobre todo para concluir que su doctrina debe ser repudiada.

Cabe presumir que la señora ministra sabe que la treintena de regímenes comunistas que en el mundo han sido, se han reconocido siempre como seguidores del pensamiento de Marx. Por tanto, por aplicación de la metodología científica, tendrá que reconocer la íntima conexión que existe entre la semilla, el Marxismo, y su fruto, el Comunismo. Dado que también debe saber esa treintena de regímenes marxistas han sido o siguen siendo criminales, represores y dictatoriales parece incongruente que termine su prólogo diciendo que en El Manifiesto “late, hoy como ayer, una tan vital como apasionada defensa de la democracia y la libertad”. O ¿acaso ha levantado usted su voz para pedir al gobierno cubano que dé libertad a su pueblo y permita que el aire fresco de la democracia les permita elegir libremente su futuro?

Habla también de que el Manifiesto movió “los marcos invisibles del pensamiento occidental”. Por supuesto que lo hizo, al igual que los movió Pol Pot en Camboya, Lenin y Stalin en Rusia y Hitler en Alemania. Pero ¿tuvieron “utilidad social” los millones de muertos que todos ellos causaron? ¿No había acaso otro camino? Dice usted que Marx y Engels con su Manifiesto “abrieron una nueva conversación”. Si a lo que promovieron llama usted “conversar”, miedo da lo que podría haber hecho en tiempos de Dzerzhinski, Beria o tantos otros que “conversaban” con sus víctimas torturándolos en su CHEKA (después NKVD, KGB, etc). 

El Manifiesto tiene una frase muy conocida “Los comunistas… abiertamente declaran que sus objetivos solo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente”, sin embargo usted resalta que “Es un texto fraternal” cosa que se contradice totalmente con la frase anterior. Por otra parte, cabría presumir que es conocedora de la vida de Marx y Engels. Por tanto, debería recordar que, en 1848, al integrarse la Liga de los Justos en la recién creada Liga Comunista, se cambió el lema de aquella “Todos los hombres son hermanos” por el de “Proletarios de todos los países, uníos” ¿Cuál de los dos lemas es más fraternal?  Obviamente, usted dirá que una cosa es el evangelio cristiano y otra la vida política, en la cual hay que proponer medidas de acción. 

Sí señora, de acuerdo, debemos transformar el mundo, pero no mediante la acción revolucionaria violenta. Marx deja claro que daba por legítima la violencia cuando se utilizaba para crear el ideal marxista. En su libro “La Guerra Civil en Francia”, Marx criticó que, ante el intento de la Comuna de destruir el poder del Estado, fuera la República francesa la que optara por someter a la Comuna de París por las armas, ya que el movimiento comunal no aceptaba su sumisión pacífica al gobierno de la República. Sin embargo, el marxismo ha utilizado siempre la violencia.  ¿Qué otra cosa hizo Lenin con sus bolcheviques para derrocar el régimen republicano de Kerenski en la llamada Revolución de Octubre? Y sin ir más lejos, ¿cuál fue la inspiración básica del intento de golpe de Estado en 1934 en España contra el legítimo gobierno republicano? La ideología marxista, señora ministra, de fraternal no tiene nada de nada.

Señala también que “Las traducciones realizadas a lo largo de los años sobre el original alemán, han instituido lugares comunes, como el de “dictadura del proletariado”, que no se corresponden con el sustrato exacto de sus tesis. Pues bien, señora ministra, el Manifiesto no habla de “dictadura del proletariado”, tal vez porque a Marx le pareció demasiado fuerte y quiso evitar que pudiera dar lugar a una actuación penal contra él, que ya había tenido que huir de Alemania y ser posteriormente expulsado de Francia y Bélgica. Después se instaló definitivamente en Gran Bretaña, donde, ¡oh casualidad! no promovió ninguna acción revolucionaria. No obstante, el anuncio de la “dictadura del proletariado” aparece en su famosa carta privada de 1852 a su colaborador Weydemeyer, en la que le decía: “la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado». Esa misma afirmación la repitió en su obra “Crítica del Programa de Gotha”, escrita en 1875 pero solo publicada en 1891, después de la muerte de Marx “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media… un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”  Si quiere más ejemplos acuda a Lenin, señora ministra, el cual, en 1917, poco antes de su golpe de Estado contra Kerenski escribió “El Estado y la Revolución” en el cual expone que lo que él iba a hacer no era otra cosa que aplicar la esencia del pensamiento marxista: violencia, dictadura del proletariado y acción despótica contra la propiedad privada de los medios de producción. Léaselo y lo verá claro.

La humanidad se halla en condiciones de dar un gran salto en positivo, pero debe quitarse los obstáculos del camino. Por ello creo que hay que comprender, y después abandonar, las ideas de Marx y Engels que tanto daño han causado. No es hora de volver a 1848 sino a 1948, a la Declaración Universal de Derechos Humanos que es un marco de convivencia amplio, pacífico e integrador. El Partido Comunista Español, cuyo centenario se ha querido celebrar con esta nueva edición del Manifiesto, fue fundado en 1921, es decir cuando ya la dictadura y los métodos de Lenin eran conocidos. No obstante, en aquellos tiempos los medios de comunicación no transmitían la realidad de lo que estaba ocurriendo en Rusia. También la situación económica y social española y europea, no tenía nada que ver con la actual. En muchísimas poblaciones no había luz ni agua corriente, los transportes y carreteras eran mucho más primitivas, el trigo se cosechaba a mano, etc. lo cual afectaba a todos y en particular a los menos favorecidos. Todo ello contribuía a que el marxismo encontrara suficiente caldo de cultivo, pregonando un mundo ideal que nunca ha sido capaz de crear ni de cerca.

Por ello elogiar hoy la violencia, la dictadura del proletariado y la eliminación de la propiedad privada, carece de sentido. Recordemos que el PSOE, fundado en 1879, eliminó al marxismo de su ideario político en 1979, con Felipe González, y que Carillo, con todo su Paracuellos a sus espaldas, fue recibido y a su vez aceptó la corona, la bandera y la economía de mercado, cuando aún faltaban once años para la caída del Muro de Berlín.

Presumo también, señora ministra, que no se ha dado cuenta de que la propia China Comunista ha arrojado la obra maestra de Marx, “El Capital” al cubo de la basura, al ir implantando desde 1978 la propiedad privada pequeña, media y grande tanto nacional como extranjera. Lo mismo ocurre en Vietnam. Y aun a pesar del desarrollo económico de China hay muchos chinos que prefieren venir a instalarse en la España capitalista. Por tanto, la principal tesis marxista de El Manifiesto, su crítica radical al monstruo de la propiedad privada está de capa caída. En cuanto al deseo de regresar al comunismo los datos estadísticos son rotundos.  ¿Sabe usted cuál es el porcentaje de votos que obtienen los partidos herederos del partido comunista en los países de la Europa del Este? Muy por debajo del 10% y desde luego ninguno se presenta como Partido Comunista. Por tanto, reflexione y rectifique. La palabrería poética de su prólogo no es coherente con el texto del Manifiesto. Estoy convencido de que si Marx y Engels resucitaran se arrepentirían de la máquina de terror y opresión que han construido con su doctrina. El Marxismo no es un sueño de libertad sino una pesadilla de odio, violencia, represión y muerte.

Enrique Miguel Sánchez Motos

Administrador Civil del Estado. Autor del libro “Historia del Comunismo”

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