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El garbo de Greta

Esta niña repelente, tan repelente o más que el niño Vicente, no me puede dar más grima.

Esas muecas tan marcadas, esos gestos tan ensayados, esos sonidos guturales tan drásticos, esas lágrimas tan artificiales, esas palabras tan medidas y tan certeras en una niña que ella solita quiere acabar con el cambio climático y concienciar al mundo entero de que nos vamos todos al carajo si no seguimos sus consejos. 

Esta nenita no puede negar que de casta le viene al galgo, ¿o será la galga? lo digo por lo del lenguaje inclusivo, ay señor que lío, con un idioma tan bonito que tenemos y hasta eso nos quieren quitar. 

Bueno, a lo que vamos, digo que de casta le viene a la nenita, porque su padre es productor de teatro y actor de televisión, y la mamá una cantante de ópera metida a representante de Eurovision, así que tablas no le faltan. 

Toda la parafernalia que lleva la monina, le genera a sus progenitores y a los patrocinadores, una pasta muy muy gansa. 

La niña en cuestión es un filón, tan pronto se sube en los aviones en primera clase como lo hacía Pedro por su casa (y eso que los aviones contaminan muchísimo), como se sube en un barco con su aliado Pierre Casiraghi y se cruza el Atlántico, para dar sus conferencias. 

La niña que no tiene un pelo de tonta, también sabe a quien elegir y matamos dos pájaros de un tiro, el Casiraghi se hace publicidad, que eso de salir en el papel couché le gusta mucho a la monarquía monegasca, y el caché de Greta sube un peldaño más. 

La cuestión es que la ya no tan niña aquejada del síndrome de Asperger, cuando se enteró de lo del cambio climático por su profesora dejó de comer, y ahí empezó su astrónomica carrera. 

Pero esta escenografía no es ni más ni menos que una actuación, una actuación que pondría en escena cualquiera de los mortales que viera la oportunidad de hacerse amigo del poderoso caballero, de nombre don dinero. 

Querer concienciar a la gente de que la Tierra va a  desaparecer en unos pocos años, poniendo el cazo de por medio, es tan poco creíble como ético. 

Mª José Gómez Busó

Jubilada de 62 años, sin pelos en la lengua. Demasiado sincera, escribo por afición y soy autodidacta. Mi frase favorita es: "Ladran, luego cabalgamos".

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