El empeño de los catalanes por quitarnos la identidad

Muchos valencianos sufrimos en silencio el imperialismo de los catalanes, empeñados en incluirnos en su falso país, y en su falsa República.

Muchos valencianos sufrimos en silencio el imperialismo de los catalanes, empeñados en incluirnos en su falso país, y en su falsa República, quitándonos cualquier rasgo de identidad, y apropiándose de todas nuestras costumbres y de toda nuestra historia, ya que ellos carecen de ella. 

El adoctrinamiento valenciano-catalán comenzó hace años tímidamente como algo moderno, en las universidades de filosofía y letras, frecuentadas en su mayoría por militantes de izquierdas, que pusieron de moda estudiar la carrera de filología catalana, (jamás consideré esta rama de la filología, como carrera universitaria); ese fue el principio de la intrusión catalanista. 

Aquí empezó todo, al introducir la asignatura de valenciano en los colegios públicos, que primero fue optativa, y en nada se convirtió en obligatoria. 

Poco a poco se fueron ampliando las asignaturas impartidas en valenciano hasta llegar a ser mayoría, y empezar a estar poco menos que proscritas las impartidas en castellano. 

Los alumnos que elegían estudiar en la lengua de Cervantes, eran señalados por los pro-valencianistas como bichos raros. 

Por si fuera poco, a este despropósito de valencianizar la enseñanza, se le unen las asociaciones de padres de alumnos, uno de los mayores errores permitidos en la enseñanza, que los padres tengan voz y voto en los colegios. 

Estos resabiados, que la mayoría de los cuales, ni siquiera tienen el bachillerato, aceptan la intrusión del valenciano, 

«El idioma de nuestros antepasados» como lo llaman con falso orgullo, sin darse cuenta que el catalanciano, poco o nada tiene que ver, con el idioma de nuestros abuelos. 

Los libros empiezan a editarse en este idioma que no conoce absolutamente nadie, ni nadie entiende inventándose palabros imposibles, y catalanizando hasta los nombres propios de ciudades y de personajes públicos. 

De toda la vida de Dios antes de meterse la política en la enseñanza, las clases eran impartidas en castellano, y el valenciano se aprendía y se hablaba en la calle, así los alumnos tenían la posibilidad de aprender a hablar y a escribir en castellano, lengua oficial de España, que luego les serviría para estudiar cualquier carrera universitaria. 

Los padres que están descontentos con esta medida, protestan pero solo con la boca pequeña, y sus hijos poco a poco van hablando e introduciendo esos palabros imposibles e inventados pertenecientes al nuevo catalanciano, y se crea un idioma estúpido por inventado, y que además sólo sirve para entenderse en esta comunidad.  

Por contrapartida, están los padres contentos y a favor de la catalanización, que imitando a sus hijos hablan con una rotundidad la nueva jerga que consigue dejarme perpleja.

Estos incultos defienden a capa y espada que somos catalanes, que el auténtico idioma es el catalán, y que la bandera es la cuatribarrada sin la franja azul. 

El reino de Valencia ha tenido, tiene, y tendrá, una gran historia, una bandera y un idioma, pero los incultos, y sobretodo los de la izquierda más radical, se empeñan en borrar y engrosar los embustes catalanes, luchando con ellos codo con codo, por esta absurda independencia. 

Toda esta situación me sobrepasa, y veo que al igual que mi querida España, mi querido Reino de Valencia se convierte por ignorancia de unos y por consentimiento de otros en un País Valencià, ridículo y absurdo. 

País solo existe uno y es España.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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