El día del orgullo de los gay

Desde que el mundo es mundo ha habido maricones, lesbianas y bisexuales, y desde que el mundo es mundo, ha habido gente que ni los ha tolerado, ni los tolera, ni los tolerará jamás… allá ellos.
Esta semana es la semana del orgullo gay; ni entiendo la semana, ni entiendo la banderita, ni entiendo en definitiva en qué consiste esta celebración.
Un desfile de carrozas repletas de tíos con un bigote como el de Pancho Villa, ataviados con un tanga diminuto y un liguero de color de rosa, eso sí, perfectamente conjuntados, y que por supuesto pone al descubierto sus grandes atributos y cuanto más remarque sus grandes atributos muchísimo mejor, encaramados a unos tacones de vértigo, bailando y comiéndole la boca a cualquier bigotudo que se ponga a tiro.
Casi todos medio desnudos, vestidos de mujer, con unas pelucas imposibles e intentando reivindicar respeto por la homosexualidad.
No me imagino yo a mi padre, que Dios lo tenga en la gloria, ejerciendo de abogado, con pelucón rosa, tacones de cuarenta centímetros y el culo al aire reivindicando su derecho a ejercer la abogacía.
Este desfile de locas mariconas disfrazadas, a los homosexuales les hace flaco favor, ya que ninguna persona puede tomar en serio a nadie ataviado de esta guisa, y encima pretendiendo infundir respeto y tolerancia.
La verdad sea dicha, a los homosexuales se les ha marginado desde siempre, empezando por su propia familia, que no acepta que su hijo tenga una tendencia sexual diferente, que no es lo mismo a que se le tilde de diferente.
Lo que hay que hacer entender al mundo, es que no son en absoluto diferentes a nadie; en su cama que se metan a quien quieran, eso ya pertenece a su vida privada.
En lo único que no estoy de acuerdo, ni estaré nunca, es en la adopción de niños por parejas homosexuales. Si venimos diciendo desde tiempos inmemoriales, que los hijos son un fiel reflejo de los padres, en este caso se les está condicionando a la homosexualidad, porque es lo que ven en su familia.
Lo único que debería procurar este colectivo, como tienen a bien llamarse, es dejar de subirse a carrozas y a tacones imposibles, y comportarse como cualquier hijo de vecino.
Marginados son los gordos, los flacos, los altos, los enanos, los feos, los locos, los que padecen una enfermedad mental, los que padecen síndrome de down, y toda aquella persona que no encaje en una sociedad corrupta de sentimientos y de respeto por cualquier ser humano.
No tengo amigos maricones, ni amigas lesbianas, ni amigos bisexuales, yo solo tengo amigos, su tendencia sexual no me importa absolutamente nada.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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