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El desarme intelectual de la derecha y origen de sus complejos

Cuarenta años de complejos por parte de la derecha y la falsa superioridad moral de la izquierda no surgen de una sola causa, pero su análisis invita a la reflexión para comprender cómo hemos llegado hasta aquí y por qué. La sombra de los complejos de la derecha lleva planeando hace demasiado tiempo sobre nuestras cabezas, y no es de extrañar que haya surgido un partido como VOX intentando reaccionar ante una situación injusta y absurda.

El terror de las sacas rojas

Sin ánimo de juzgar este triste episodio de nuestra luctuosa Guerra Civil, en el corto espacio de tiempo entre el 7 de noviembre y 4 de diciembre de 1936 se ejecutaron a más de cuatro mil prisioneros repartidos entre Paracuellos del Jarama, arroyo de San José y soto de Aldovea.

Santiago Carrillo, quien durante la Guerra Civil encabezaba la Consejería de Orden Público del Frente Popular fue uno de los principales responsables de las ejecuciones masivas; y entre los muchos prisioneros asesinados se hallaban un sinnúmero de religiosos, además de militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la República, falangistas, militantes de la derecha y cualquiera que fuese considerado ciudadanos sospechoso por el mero hecho de ir a misa, un comentario denunciado inventado o no, o cualquier otro detalle.

Todos ellos, sin excepción, fueron encarcelados durante esa época de terror rojo en cárceles del pueblo, llamadas sacas, sin amparo legal ni acusación formal para acabar acribillados y amontonados en una fosa común.

El comunismo y la cruz

Con la mochila que tenía en la espalda, cuando Santiago Carrillo habló de llegar al comunismo aliando la cruz con la hoz y el martillo no hizo más que aprovechar un camino que ya había sido acusado de antemano durante el Concilio Vaticano II.

El historiador Pío Moa ha tenido la valentía y sagacidad intelectual de abordar de forma objetiva, contra toda corriente oficial políticamente correcta, la incidencia histórica de dicho proceso: en resumen fue un torpedo lanzado por los prelados contra la línea de flotación del régimen, y la repercusión negativa ha trascendido la realidad histórica y situación política actual de España.

El concilio desarmó intelectualmente en el plano internacional al franquismo coqueteando deshonestamente con el comunismo; de forma, que, más tarde, los sectores más virulentos del clero manifestarían, de forma asamblearia, cínicamente, pidiendo perdón a sus verdugos: “… porque nosotros no supimos a su tiempo ser verdaderos ministros de reconciliación en el seno de nuestro pueblo dividido por una guerra entre hermanos”.

La traición moral del Concilio Vaticano II con Franco

No dejaba de ser una bajeza moral que con esas palabras los obispos cometiesen la indignidad de pedir perdón a sus verdugos por masacrarlos mientras traicionaban a sus verdaderos salvadores. Lo podemos ilustrar con un significativo detalle: “Cuando los obispos españoles intervenían en el aula conciliar, los padres conciliares aprovechaban para salir al baño”, escribió el dominico francés Yves Congar; uno de los grandes artífices intelectuales del Vaticano II por encargo del papa Juan XXIII.

La eterna animosidad extranjera hacia España junto a la infame leyenda negra pudo tener algo que ver para que en aquel concilio se sintieran más cerca de quienes los habían masacrado que de quienes habían derramado su sangre para evitar su completo exterminio. Eso sí, a lo que jamás renunciaron los “curas asamblearios” fueron a los enormes privilegios que el régimen franquista les había regalado: privilegios que fueron utilizados para traicionar al régimen y dinamitarlo desde dentro.

El desarme intelectual de la derecha y sus complejos

Ante el desarme intelectual que significó el Concilio Vaticano II para un régimen político basado en el nacional catolicismo surgieron los complejos de la derecha: los intelectuales del franquismo se vieron desmarcados internacionalmente sin saber cómo reaccionar y quedaron como “los malos de la película”; y los verdugos se vieron ensalzados con una más que falsa superioridad moral que nunca merecieron, y que la izquierda ha sabido mantener explotando con maestría todos los resortes en los que se infiltró: desde los medios y la justicia hasta aprovechar el poder para imponer una aciaga ley de memoria histórica muy sesgada a su favor.

Bien, los complejos que han permanecido hasta hoy heredados del franquismo, y que el Partido Popular ha gestionado tan mal no hacen más que afirmar el dicho castizo de que “cuanto más te agachas más se te ve el culo”, y las izquierdas solo tuvieron que dejar a la derecha agachar la cerviz con sus eternos complejos y acusarles de franquistas o fascistas ante cualquier oposición contraria a sus intereses, además de aprovechar el oxigeno insuflado por el mayo del 68 para rapiñar la antorcha de su incuestionada y más que falsa superioridad moral: una superioridad del todo inexistente, pero cuya mentira no encontró oposición alguna.

No deja de ser paradójico que existan cien millones de razones para derrumbar el mito de ese buenismo izquierdista y progre, pero con pies de barro: los acomplejados “franquistas”, que acabaron traicionando a Franco, podrían haber puesto cien millones de razones sobre la mesa de la historia: el conjunto de todas las atrocidades y los cien millones de muertos ocasionados por el comunismo; atrocidades que todavía se siguen cometiendo en países como Venezuela, Cuba o Corea del Norte.

Faltó la inteligencia intelectual y, sobre todo, la valentía para poner las cosas en su sitio y derrumbar fácilmente el falso mito del binomio antifranquismo-democracia; ya que al fin y al cabo, lo que ha conducido a las prebendas que disfrutan los políticos, sean del pelaje que sean, ha sido el franquismo; guste o no guste.

Fue Franco quien impuso al Rey Juan Carlos I como Jefe del Estado y la partitocracia actual no deja de ser una hija directa del franquismo; también guste o no guste. Por otra parte, antifranquismo no implica democracia; ya que si a lo que nos conduce es al comunismo, resulta que no nos encontraremos con nada más alejado de la democracia real.

Franquistas convertidos en antifranquistas encarnizados

Fuese como fuese, lo que ocurrió de verdad es que al morir el Generalísimo su poder se descompuso en oligarquías; oligarquías formadas por advenedizos hambrientos de poder y por las viejas familias privilegiadas de siempre, y surgidas del franquismo.

Son esas personas las que se reconvirtieron en antifranquistas encarnizados; entre ellas, muchas de las grandes y poderosas familias catalanas que ahora se definen como separatistas y pasaron del franquismo al separatismo. La prueba es el recibimiento a Franco que la burguesía catalana le hacía en Barcelona.

Parece ser una triste constante de la historia de España del siglo XX que la traición siempre surja por parte de los más privilegiados y mimados por el régimen de turno.  Así, en este momento, tenemos el problema causado por los secesionistas catalanes; cuyas protegidas y subvencionadas castas están constantemente torpedeando al Estado y a la nación española.  Mientras, España parece sufrir el síndrome de la mujer maltratada protegiendo hasta extremos suicidas a quienes la traicionan.

Una pequeña historia: al contrario el comunismo “no paga traidores”

Respecto a la relación de la Iglesia con el comunismo, tampoco deja de ser un caso de justicia poética lo ocurrido, por ejemplo, con Evo Morales; quien le hizo al Papa un curioso regalo: Cristo crucificado en la hoz y el martillo: hecho cuya dimensión insultante y vejatoria, según Infovaticana:  “Es parecida a la esgrimida por aquellos canallas que, al pie de la Cruz del Gólgota, hacían mofa, befa y escarnio del Nazareno agonizante escupiéndole la frase desafiante: “Si en verdad eres el Hijo de Dios, baja de la Cruz”. Eso es lo que ha hecho Evo Morales, el montaraz comunista bolivariano que preside Bolivia, al regalarle al Papa Francisco a Cristo crucificado en la hoz y el martillo”.

 

J.P. Alexander

La libertad, el mayor tesoro y la igualdad, sólo para las oportunidades. Profesor de secundaria y bachillerato, pero ante todo maestro. Autodidacta empedernido

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