El carnet de papá de perritos

Si hay una gansada que esta tropa de dictadorzuelos invente para someternos, la de implantar el carnet de papá de perritos me está haciendo pasármelo muy bien.

No me malinterpreten. No estoy diciendo que haya que tomárselo solamente a chufla, como muchas veces hacemos en las redes sociales, poniendo todo nuestro ingenio en hacer imaginativos y chuscos memes, pensando que solamente es una ocurrencia más, una tonta ocurrencia. No estoy diciendo que no haya que menospreciar esta estupidez, pues es tan peligrosa como la mayoría de las otras.

Pero me hace gracia.

No solamente el hecho, por otra parte coherente con las ideas de esta ultraizquierda controladora, de que vayan a impartir cursos de “buen padre” para tener un perrito, ni las totalmente desviadas teorías animalistas esas que nos pretenden imponer.

Lo que más me divierte es ver cómo muchos de los que se consideran en las antípodas ideológicas de esta tropa, aceptan sin deglutir los planteamientos y categorías de los aniquiladores de la libertad.

Porque, claro, muchos tienen mascotas o les gustan los animales, se consideran con buena conciencia medioambiental y no harían sufrir a ningún can, gatito o hámster, faltaría más.

Así que piensan que este proyecto normativo (me chirría llamar ley a estos engendros) tiene aspectos positivos. Por ejemplo, que se acabe con la exposición de los animales en las tiendas de mascotas, o que se impida dar muerte a los ejemplares sobrantes, que se pongan cortapisas a la publicidad o a la venta. Y consideran que lo de sacarse un carnet no es más que un engorro, otro trámite que les hará desembolsar algún dinero y poco más, y que todo esto no será más que otro quebranto a las cuentas de resultados de criadores y tiendas.

Y así me lo hacen ver en cuanto uno levanto el gesto con ánimo de crítica.

Y me divierte ver que no atisben siquiera que mi crítica no va contra la imposición de absurdos (e inútiles) trámites burocráticos. A estos ya estoy acostumbrado.

Mi gesto no va por ahí.

Mi gesto va por la deshumanización a la que nos someten, acordando otorgar derechos a los animales. Mi gesto va por la animalización a la que nos someten, humanizando a los animales, que es lo mismo, que lo mismo es. No se puede defender que los animales tengan derechos, por mucho que te emocione ver un cachorrito indefenso, sin poner en riesgo tu vida, tu propiedad, tu libertad y sobre todo, tu dignidad humana.

Mi gesto, y mi sonrisa burlona, va porque no sean capaces de establecer la conexión de estas “conquistas de derechos de los animales” con la pérdida de los suyos. Va porque no alcanzan a ver que, mientras que un lindo gatito (o un lobo, tanto da) se convierte en intocable, sus hijos o nietos por nacer son carne de desmembramiento y sus mayores (y ellos mismos) son carne de inyección letal, después de haber permanecido secuestrados en sus casas, alimentados con pienso compuesto de gusanos y otras inmundicias, esquilmados a impuestos para sostener su lujosa cárcel e insultados si han osado pensar por su cuenta.

Mi sarcasmo, mi maliciosa risa, y sí, mi cara de estar de vuelta de muchas cosas ya, responde a que no me trago nada de lo que quieren venderme como derechos, sean de animales, cosas, colectivos, extraterrestres o de la pachamama.

Yo no.

Nada.

Y como perder la humildad es un pecado grave, ajusto mis cuentas con Aquél con quien tengo que hacerlo.

Pero a ustedes, incautos conservadores, les sigo sonriendo divertido.

Francisco Fernández Bernal

Católico, español, autodidacta de la libertad, eterno polemista.

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