El caos no es el caos

La prensa del sistema lleva días titulando que estamos sumidos en el caos.

Lo repiten una y otra vez, poniendo en bucle las imágenes de los botellones del fin de semana en el que acabó el infernal (también este) estado de alarma que acabamos de sufrir. Y lo repiten los tertulianos, los invitados, los sanitarios bien pagados y, por supuesto, los políticos.

Estamos en el caos

Estamos en el caos porque el gobierno no ha querido que siguiéramos encerrados. No ha prorrogado el estado de alarma, ni ha querido aprobar una ley que permita que se nos encierre casi sin excusa.

Lo de la prensa es fácil de explicar. Están bien regados de dinero, a sueldo del poder, así que solamente repiten lo que les dicen que tienen que decir en cada momento. Da igual si es una cosa y la contraria al día siguiente, ellos no se paran a pensar esos detalles. El poder paga y ellos tragan.

Eso mismo es lo que les pasa a los tertulianos e invitados variados. La pasta es la pasta y arrodillarse al poder da mucha pasta. Eso sí, sin descartar alguna enfermedad mental más que evidente, pero no vayamos a entrar ahí, que alguno se acabará enfadando.

Lo de los políticos también se explica fácilmente. Nunca hasta ahora han tenido una excusa como esta para gobernar tiránicamente, pero disimulando con el asunto de que es para salvarnos la vida. Nunca hasta ahora han tenido a la población en sus manos, rogando que les encierren, que les vacunen, que les hagan lo que sea para seguir viviendo una miserable vida.

Además, tenemos, en el caso español, la peculiaridad de las autonomías, cosa curiosa donde los haya. Caciques caciqueando a diario durante cuarenta años, pidiendo ahora normas iguales para todos.

Pero no nos engañemos. Ni quieren una norma para todos.

No quieren una norma para todos, porque esa norma ya existe y ninguno le ha hecho el más mínimo caso. Cuando se aprobó el decreto ley de la “nueva normalidad”, hace un año, ya tuvimos una ley para todos. Pero poco duró la uniformidad.

Todos los caciquillos se inventaron normas para sus súbditos solamente. ¿Que no hay que llevar mascarilla por la calle si hay distancia? Mis súbditos sí, toma normativa autonómica. ¿Que hay varios escenarios de riesgo contemplados en el decreto? Yo me invento otros, para que vean.

Y lo mismo durante el segundo estado de alarma, que era igual para todos, pero se convirtió en un maremagnum tal de normativa y restricciones varias que lo raro es que hayamos podido aguantar sin ingresar en prisión por desobedientes.

Tampoco estamos en el caos. El decreto ley que estamos comentando es ya una ley hecha y derecha, que regula todo lo que se puede hacer y no en la puñetera “nueva normalidad”. Tenemos que llevar bozal, estar separados, no juntarnos muchos para comer y todo ese tipo de cosas que sabemos. También todas las actividades comerciales y todas los centros de trabajo están bajo el paraguas de esa ley.

Además, la norma general de sanidad permite (como toda la vida) acometer acciones para los que están enfermos o sus contactos. Y  los caciques autonómicos siguen teniendo normativa propia y posibilidad de seguir aprobando restricciones casi hasta el infinito.

En cuanto a los botellones, tampoco estamos en el caos. Porque lo que nadie quiere contar es que están prohibidos desde hace mucho tiempo. Así que norma que los regula ya hay. Solamente hay que intervenir para disolverlos y para multar a los que cometan las infracciones administrativas correspondientes por beber en la calle. Ya sabe la policía: igual que denuncia por saltarse el toque de queda, que denuncie por hacer botellón y, si no les hacen caso, por desobediencia.

Pero pretenden decirnos que no se puede hacer nada para que pensemos que estamos en el caos.

Porque lo que quieren es aprobar normas que les permitan encerrarnos cuando ellos quieran y con la excusa que quieran.

Si es por este virus, bien, ahora que están borrachos de poder. Si es por otro que venga, también bien. Si es por otra cosa que ahora no se les ocurre, todo se verá.

No es el caos, ellos son el caos.

Francisco Fernández Bernal

Católico, español, autodidacta de la libertad, eterno polemista.

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