El bueno y engañado Gorbachov

 

Gorbachov fue una buena persona y también un gran engañado. Le tenían bien lavado el cerebro. Ahora bien, ¿cómo es posible decir que una persona, miembro del Partido desde los 19 años y que finalmente llega a ser su Secretario General y líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sea un engañado por el marxismo? La realidad es que los que pensábamos que durante la España de Franco se nos adoctrinaba en una filosofía católico fascista no sabíamos nada de lo que es un auténtico adoctrinamiento.

Gorbachov nació el 2 de marzo de 1931 en la República de Rusia, en el seno de una familia campesina. Su abuelo paterno Andrei, productor autónomo se resistió a la colectivización. En 1934, fue condenado por no cumplir el plan de siembra, pues se habían tenido que comer las semillas porque las requisas no les habían dejado nada. Fue enviado a los campos de Siberia, a cortar y transportar madera. Logró cuatro medallas de mérito al trabajo y fue liberado.

Por el contrario, Pantelei, su abuelo materno, recibió con entusiasmo al régimen comunista, se hizo miembro del partido y colaboró activamente en la colectivización y en la requisa de productos agrícolas. Sin embargo, en 1937, durante la Gran Purga, por ser miembro de un grupo trotskista, fue detenido, le rompieron los brazos contra una puerta y lo golpearon duramente. Estuvo catorce meses en prisión. Lo liberaron. No obstante, siguió creyendo que «Stalin no sabe lo que los hombres de la NKVD (antecesora de la KGB) son capaces de hacer». Creía sinceramente que el «bueno» de Stalin no sabía lo que pasaba. Peor suerte tuvo el abuelo de Raisa, futura esposa de Gorbachov, condenado y fusilado en 1937.

En 1946, Gorbachov se unió a las Juventudes Comunistas y desde ese año se dedicó durante los veranos a ayudar a su padre con la máquina segadora trilladora. En 1948, año en el que hubo mucha cosecha y trabajando muy duro, lograron cosechar muchas toneladas, lo que dio lugar a que a su padre se le condecorase con la Orden de Lenin y a él, que apenas tenía diecisiete años, con la Orden de la Bandera Roja del Trabajo.

En junio de 1950, finalizando el instituto, a los diecinueve años, solicitó el ingreso en el partido. Este hecho y la condecoración recibida influyeron muy probablemente para que fuera admitido para estudiar Derecho, en la Universidad de Moscú. En 1952 fue admitido como miembro del partido y elegido jefe de célula primero y, después, secretario del Komsomol (Juventudes Comunistas) de toda la facultad. Tras su graduación en 1955, fue destinado a Stávropol, su región natal. Allí logró  ser destinado al Komsomol, como director adjunto de movilización y propaganda. Su dedicación y capacidad de trabajo lo llevaron a ascender en 1961, a primer secretario del Komsomol por lo que entró automáticamente en el Comité Regional del Partido.

Finalmente, en 1970, con apenas treinta y nueve años, tras entrevistarse y recibir la aprobación de Breznev, ascendió al cargo de primer secretario regional, la máxima autoridad en la región, un territorio de tamaño equivalente a Austria. Por encima de él solo estaba Breznev, secretario general del partido. Desde ese puesto visitó Francia, Italia, Alemania y Bélgica, lo que le permitió descubrir que los habitantes del país de los soviets no vivían en el mejor de los mundos, como pretendía continuamente la propaganda. Los “explotados” de Occidente vivían y trabajaban en condiciones que el proletariado soviético sólo podía soñar.

Este breve recorrido biográfico deja claro que Gorbachov fue durante toda su vida política un leal hombre del aparato y un convencido marxista leninista. Se dio cuenta de que el régimen no funcionaba, pero siguió creyendo que con disciplina y capacidad de trabajo todo se podría solucionar. En 1983, antes de llegar a la cima, había promovido discusiones y solicitado informes, como los famosos Papeles de Novosibirks, capital de Siberia, tercera población de la URSS, considerada referencia del desarrollo industrial del país y vivero de críticas y sugerencias. Pero se encontró con conclusiones finales de expertos que decían que “el sistema se ha ido convirtiendo cada vez más en un freno que impide la marcha hacia el progreso y que eran conscientes de la necesidad de reformas, pero que no sabían en qué debían consistir estas”. No era por tanto sólo Gorbachov quien no sabía ver donde estaba el problema.

Finalmente, cuando en 1985, a la muerte de Chernenko, fue elegido Secretario General del Partido y líder de la URSS no le quedó otra que intentar de buena fe que el sistema comunista funcionara. A finales de 1987, Gorbachov publicó un libro que fue un superventas mundial: “Perestroika: Mi mensaje a Rusia y al mundo entero”. Lo compré, lo leí y me frustró porque tenía muchas palabras (unas ochenta y cinco mil) con muy poco contenido, y con escasa concreción. Faltaba la respuesta a un tema clave: cómo iba a cambiar a la sociedad comunista rusa y hacia dónde la quería llevar.

Gorbachov llevaba ya camino de tres años en el poder y, a tenor del ambiguo contenido del libro, el cambio iba para largo. Por eso su libro la “Perestroika” publicado en 1987 y sobre el que muchos nos arrojamos para leerlo, nos produjo una gran decepción.

En él Gorbachov elogiaba a Lenin intensamente “Las obras de Lenin y los ideales socialistas siguen siendo para nosotros una fuente inagotable de creativo pensamiento dialéctico, de riqueza teórica y de sagacidad política. Lenin sigue vivo en las mentes y los corazones de millones de personas”.

“Tengo presente desde hace tiempo una declaración muy notable formulada por Lenin: el socialismo es la creatividad viva de las masas” “Según Lenin, socialismo y democracia son inseparables” “Lenin dijo que nosotros, el Estado socialista, influenciaríamos principalmente en el desarrollo del mundo a través de nuestros logros económicos»

Y por supuesto no renegaba del golpe de estado que Lenin dio contra el Gobierno republicano provisional de Kerenski en la famosa Revolución de Octubre de 1917. “Quienes albergan la esperanza de que abandonemos el camino del socialismo van a quedar muy desengañados” “No tenemos ningún motivo para hablar de la Revolución de Octubre y del socialismo en voz baja como si nos avergonzáramos de ello”

También elogiaba al socialismo marxista soviético “La claridad es un atributo del socialismo” “El comunismo contiene un enorme potencial de humanismo” “escucharemos y tomaremos en consideración todo lo que fortalezca al socialismo y combatiremos todas las tendencias ajenas al socialismo” “nadie debe pretender arrojarnos al vertedero de la historia, idea que al pueblo soviético solo le mueve a sonreír».

Finalmente, como profeta no estuvo muy acertado “Dicen que nuestro ejército es contrario a la reestructuración y que la KGB todavía no ha dicho la última palabra al respecto”. En agosto de 1991, el Partido, el Ejército y la KGB le dieron un golpe de Estado. Lo que él creía que no iba a pasar, pasó. Menos mal que fallaron.

 

También hizo afirmaciones impensables en un líder comunista tales como que “una nación puede elegir entre el capitalismo o el socialismo tal es su derecho soberano” “dejemos que cada nación decida qué sistema y qué ideología es mejor”. También hacia ciertas críticas al desarrollo del socialismo en la URSS “Se favorecía la adulación y el servilismo, al tiempo que se ignoraban las necesidades y opiniones del trabajador corriente y del pueblo en general».

 

En conjunto su libro “Perestroika” no presentaba ninguna línea que sugiriera que fuera a iniciar un proceso de abandono del comunismo. Su lenguaje contradictorio no tranquilizaba mucho ni a Reagan, ni a Bush ni a Occidente y no era suficiente garantía, cuando Gorbachov pidió una ingente ayuda económica. Solo cuando se avanzó en el tema del desarme y, sobre todo, cuando dejó que cayera el Muro de Berlín y que se liberaran los países comunistas de Europa del Este, pudo Bush en su reunión cumbre con Gorbachov en diciembre de 1989, empezar a confiar en él. De hecho, Gorbachov dejó que todos los países de Europa del Este se deshicieran del Partido Comunista, lo cual sólo llegaría a la URSS casi dos años después, tras el fracaso del golpe de estado que la KGB, el Partido y el Ejercito dieron a Gorbachov en agosto de 1991.

Gorbachov hizo un gran esfuerzo para cambiar el régimen desde dentro pero no se dio cuenta que para ello había que renunciar al marxismo, al menos al marxismo económico, como hizo la hoy boyante China comunista, en un camino hacia el mercado y la propiedad privada en un camino que empezó Deng Xiao Pin en 1978, siete años antes de que Gorbachov llegase al poder.

Fue honrado, prudente y tenaz, pero la niebla oscura del marxismo le impidió tomar una dirección de cambio más clara y convincente que podría haber llevado a la URSS a un proceso de transición controlada y evitar las tensiones que después llegaron con su sucesor, el valiente, pero demasiado impetuoso Yeltsin.

 

Enrique Miguel Sánchez Motos

Administrador Civil del Estado. Autor del libro “Historia del Comunismo. De Marx a Gorbachov, el camino rojo del Marxismo”

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