El auge fascista del sabinismo

Los recoge nueces del PNV, exhiben músculo por ese populismo cargado de clientelismo que utilizan como método y esa aquiescencia de Sánchez que se postula en un populismo de derecha rancia descarado y confeso.

Gracias al citado clientelismo, han recogido los votos que les dan un número de escaños suficientes para intercambiar como si fuesen cromos por unos privilegios injustos e inmerecidos.

Ortuzar, el mesiánico y racista demagogo de turno, osa hacer una advertencia a la monarquía -qué paradoja, una monarquía que ni reconoce, ni respeta-, al más puro estilo fascista, haciendo renacer la esencia y origen ideológico del partido que representa, el cual eleva sus pilares sobre unos cimientos sustentados en un sentimiento, en un capricho, en un sueño.

Vuelve a tratar a los españoles como a menudo lo hace el impresentable Esteban, con un desprecio algunas veces satírico, siempre irónico, que traspasa los límites de la decencia. Dicho de otra forma, a sus ojos, los españoles a los vascos, somos como los judíos a los nazis.

Hacen gala de ese sueño adanista, ese sueño que comienza con el mayor fascista que ha existido en España, el fundador de su partido y padre de la ideología que representan y defienden este par de racistas y oligarcas caciquiles.

Su totalitarismo ha politizado e ideologizado el deporte, son meros fatuos megalómanos, que están llevando a España comenzando en su región al mayor retrogresismo que se haya conocido.

Me refiero a esa advertencia, a esa para mi amenaza que le hacen al Monarca por la «posible», segura diría yo, pitada al himno en la final de copa, que nos han regalado las circunstancias. Una casualidad que la final se celebre dos semanas después de las elecciones en el País Vasco.

La final de copa es a día de hoy un asunto político de primer nivel en el País Vasco. El racista Ortuzar dice que «no es un gesto demasiado educado pero que demuestra un estado de opinión». A lo que sigue que, «si vas a un campo de fútbol y te pita tanta gente, es decir, una pitada generalizada, igual hay que pensar en las razones del pitido».

Por más que lo pienso, no logro ver otra cosa en este supuesto gesto que se puede producir que no sea más que el sentimiento de un anhelo, un sueño platónico, de un quiero y no puedo. La pataleta de un niño pequeño cuando no le dan lo que quiere, un sentimiento infantil que hace renacer ese nocivo pecado capital que es la envidia, o lo que es lo mismo «culo veo, culo quiero».

Creo que si de verdad quieren diálogo y no un monólogo, a día de hoy muy cansino, si quieren respeto, deben aprender a respetar y si aspiran a ganar en esa ficticia guerra que se han inventado, deben y tienen que aprender a perder. Pues en la vida hay veces en las que se gana y otras en las que se aprende. Esta es una cualidad que tanto los arriba citados como la izquierda secesionista y sentimental catalana no conocen.

En mi opinión este problema es sólo cuestión de respeto, si no respetas ni reconoces a la monarquía en la que, de forma concreta, cimenta sus póstulos está competición, ¿por qué la juegas?, ¿no es un acto de mete mierdas o pseudodemocratas?, ¿no es una reacción típica del fascismo mas puro y rancio?, ¿no es lo que vulgarmente llamamos provocar?

En mi opinión es una de las numerosas y diversas formas que retratan la deriva hacia el abismo, esa dictadura silenciosa y totalitaria de la que somos presos a día de hoy con el frente popular que nos gobierna.

Personalmente, creo que la democracia o el fascismo, está polarización dicotómica que renace de esta turba de oligarcas caciquiles y guerra civilistas, parece no tener salida, se puede comparar con una metáfora que citaré a continuación.

La Hombría, ¿qué es la hombría?

La Hombría no se demuestra acostándote con más mujeres o beligerando y tumbando a más hombres, sino por el polvo que levantan los cojones al arrastrar por el camino.

Traducción:

«la hombría se demuestra por las acciones que vas dejando a lo largo de tu vida». Donde el polvo son las acciones y el camino es la vida.

Puedo estar equivocado, aunque no lo creo, pues mi autonomía de pensamiento me otorga una libertad que no comulga con los dogmas de esta turba sectaria que tenemos como actual gobierno. Por lo que para callarme me tienen que meter en la cárcel.

La verdad se sostiene sola, únicamente el error y el embuste necesitan las ayudas del gobierno.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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