El aborto: culto contemporáneo al dios Moloch, el dios de las élites globalistas. Por Luys Coleto

Sacrificio infantil, pues, asesinato ritual de niños para complacer o apaciguar una deidad, seres sobrenaturales, un orden social sagrado o lealtades colectivas para obterner un resultado deseado.  En las culturas precolombinas (azteca, inca, maya, moche, timoto-cuica), en el Medio Oriente ( en la biblia hebrea: Isaac, hija de Jefté, Gehena y Tophet), en la Arabia premusulmana, en África ( Uganda y Sudáfrica). Y, clave de bóveda, Fenicia y Cartago: Baal/Moloch(Los judíos también se sometieron, 2 Reyes 17, 17). Ayer, hoy y siempre. Aborto voluntariamente inducido, con o sin el aval de la legislación vigente, y defendido o incluso aconsejado, devenido derecho en todo Occidente por la casi totalidad de las ideologías/idolatrías mainstream. Y la Gran Masonería iblisiana que maneja el mundo mixtura enloquecidamente todo: Iblis/Satanás/Lucifer, Moloch/Nemrod (el dios solar), conocido igualmente como el dios romano, Saturno (Satanás, el diablo) relacionando todo ello con cultos satánicos y sacrificios humanos, preferentemente de niños. Bebés, claro. Con y sin adrenocromo, como estimen pertinente. La infame Bohemian Grove, solsticio de verano: Moloch, principal atracción.

Moloch

Hadal tragedia ontogénica, y para redimirse de tal pecado era necesario en Babilonia antañona ofrecer «agradables» sacrificios a Moloch, inmolando bebés, por ser considerados los más impregnados de materia.

Éste Dios era representado por una colosal estatua de bronce con un horno en su seno. Las respectivas madres arrojaban a sus pequeños hijos. Moloch, implacable deidad, los esperaba con los brazos abiertos y devoraba mediante el fuego «purificante»  a sus víctimas. Para ocultar el grito de los niños, los sacerdotes de tal ente demoniaco hacían sonar trompetas y tambores para disimular todo el espanto.

El aborto, pues, es el nuevo culto al demonio Moloch. Hogaño el bebé no es inmolado en el ardiente horno de Moloch sino en una sala fría de un abortorio. En realidad, el Moloch moderno es mucho más implacable que el dios cananita: los sacrificios humanos de la antigüedad son insignificantes si se comparan con los 50 millones de niños – cifra oficialnoica – que todos los años son sacrificados en el útero materno.

Flagrantes paradojas

El hijo debería esperar, precisamente de la auto-anestesiada madre, ilimitado amor, pero ella lo inmola, no ya en un altar en llamas, sino en una fría mesa de operaciones. El galeno, cuya misión es garantizar la vida, se transforma en la perfecta herramienta – propia de un verdugo – de consumación del infanticidio. El Gran Leviatán, fiscalía mediante, que debería castigar a los criminales y cómplices varios que levantan su mano contra la vida, niega al nonato el derecho a vivir. Es más, abracadabrante inversión, lo estima «derecho de la mujer». El resto de la sociedad, imperdonablemente silente…

…¿Y algún Dios de tantísimos olimpos nos pedirá cuentas de tanto horror, tanta depravación y de tanta sangre inocente derramada que clama venganza – justicia, al menos-  al Cielo?

 

Luys Coleto

Luys Coleto, prófugo de la existencia, desidentificado y desubicado, batallando contra todo. Y contra todos. Y, por la libertad y el buen periodismo, felicísimo, en tales y belicosos trances. En fin.

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