Dos sexos iguales

Salvo que, ahora, con eso de la postverdad o la mentira hecha realidad y el curso intelectual de los carentes de intelecto, la cosa cambie, yo no conozco más que dos sexos: varón y hembra; bien es verdad que sé de la práctica variada del sexo entre estos, de forma que curse entre diferentes, entre iguales, entre seres humanos y animales, con muertos, mediando objetos, y otra multitud de formas de placer o displacer que a cada uno le pueda gustar, unas más vulgares o corrientes, otras más extrañas o inusuales, pero todas ellas conforman un modelo sexual a priori respetable, si bien, en mi opinión, únicamente circulante en la esfera de lo privado.

Personalmente, me es indiferente que mi partner profesional sea hombre o mujer, guste de practicar el sexo de forma ordinaria o en cualquier variedad que se puede ocurrir, pues mi relación no supera lo meramente profesional, e incluso lo personal, pero no precisa alcanzar la faceta sexual, que respeté, respetaré y me es indiferente, siempre que no suponga una humillación, daño o lesión del derecho de otras personas.

De este modo, cualquier forma de practicar sexo consentido, consensuado o aceptado por las partes en el ejercicio del mismo y sin dañar la dignidad o libertad de otros, no tiene por qué ser perseguido, vilipendiado o despreciado por nadie, como tampoco entiendo el motivo, causa o circunstancia que exija el alardeo del modo sexual, sea el que sea y, mucho menos, la imposición de festejos, fiestas o bacanales que en pos de un modelo sexual se quiera imponer al resto que no practican este, y que se haga desde la exigencia o imposición me resulta una falta de respeto innecesaria.

Cuando ya la estupidez sexológica, o la mierda mental, afecta al intelecto, la cosa ya es más grave, pues obligar o intentar forzar el idioma para designar las cosas como si fuesen femeninas sin necesidad, finalmente resulta hilarante, y ello es lo que sucedió con la vicepresidenta ministra que, por hacer la gracia, intenta hablar de “matria” en lugar de hablar de patria.

Es evidente que no es consciente de que patria es un término, en sí mismo, femenino y que se refiere etimológicamente a los ancestros (griego) y a la fuerza o poder que sobre los hijos ejercía el pater familias como dirigente del núcleo (latín), con independencia del sexo efectivo de quien ejercía esa potestas, en una sociedad, por otra parte, conformada como un matriarcado.

Mientras la igualdad se alcanza con el trato igualitario de las partes que hasta ese momento cursaban mediante una diferencia de trato, lo que se pretende no es la igualdad, sino la venganza por haber sometido al otro. No se busca que seamos todos iguales, sino que aquellos que sufrieron peor trato, ahora se vean resarcidos en primer término, en segundo término mejorados en el trato y, finalmente, superen a quien los trató diferente, otorgándole a él un peor trato; es decir, hacer girar la bola para que lo que estuvo arriba esté abajo y viceversa, en un rol de igualdad que no es igualitario, sino revancha o desquite.

Una vez equiparados los desiguales, la invasión sexual de la vida pública por la faceta íntima, con un grado de expresión que no molesta, en la medida que sea una liberación para el agraviado, no debe de superar dicha posición para suponer una imposición de unas formas de gestionar la sexualidad que otros no tenemos, ni precisamos conocer quienes las utilizan.

Se puede ser heterosexual, homosexual, zoofílico, bisexual, pansexual, metrosexual, sapiosexual, spornosexual, o lo que se desee, sin que ello deba suponer una imposición al otro de ese modelo concreto.

Muchas veces se impone la etiqueta de homófobo simplemente por no querer ser homosexual o no necesitar saber qué uso sexual utiliza el contertulio. Lo que necesitamos es vivir la libertad y permitir la libertad del que se acerca o se convierte en próximo, sin que esa forma de vivir la libertad perturbe, perjudique o suponga una imposición o un agravio al otro.

Me sorprende ver cómo una bandera, o un denominado lobby, se hace fuerte frente a los demás que ni tienen bandera, ni tienen lobby, ni están en contra de ellos, sino que simplemente quieren vivir en libertad; pero, más me sorprende cuando una persona homosexual, que se jugó la vida, se ganó el respeto y fue perseguido y amado, como Moncho Borrajo, cuando hace uso de su libertad, es ese lobby, en el que se supone estaría encuadrado, el que lo tilda de fascista y lo denigra o persigue.

Estamos ante un problema de libertades, de igualdad, de respeto o de un modelo de enfrentamiento en la sociedad para mantener la lucha entre nosotros en beneficio de unos pocos, estamos ante un intento de reponer la igualdad o un modelo de venganza e imposición o revancha.

El idioma no es machista o feminista radical, la patria no es machista o feminista radical y las personas no debemos de ser machistas o feministas radicales, sino igualitarios, respetuosos y luchadores por la libertad, sin tener en cuenta lo que tenemos entre las piernas o el modelo de sexo que practiquemos, sino la dignidad humana y el respeto al ser humano, desde su nacimiento hasta su muerte.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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