Derrota roja. Ojalá no sea de sangre

De geoestratégica no tengo ni idea, pero sin conocimientos, lo que sí tengo claro, con un simple vistazo a la historia, es que un movimiento, por pequeño que sea, tiene efectos devastadores en el resto de los actores internacionales.

Que cada vez que se cierra en falso un problema, sobre todo territorial, no lo evita y lo genera más grande más adelante.

Que las políticas internacionales de cada Estado no son un arte de un partido o una ideología, sino fruto del consenso social que se desarrolla esté quien esté en el gobierno y que tiene su substrato en la posición geográfica del país, los aliados seculares, los peligros cercanos, las carencias o fortalezas económicas, en una coctelera en la que sumar una confluencia de sentimientos, valores y necesidades.

Cuando un actor aprovecha la debilidad del momento político del adversario-vecino se produce la marcha verde, la efectiva traición española a los territorios propios, el abandono de los que se sentían nacionales y la generación de una situación en la que España no era nadie, Marruecos de facto tomaba las riendas del territorio y se creaba por los propios saharauis un movimiento independentista, no reconocido internacionalmente.

En este panorama, USA no reconoce la propiedad Marroquí del Sáhara, Moscú intenta intervenir en el conflicto acercando el territorio a sus áreas de influencia argelina; entre tanto, el problema surgido por la decadencia española, la falta de liderazgo de nuestra nación, antes, durante y tras nuestra renuncia al territorio, y de forma secular a lo largo de la democracia, hace de la zona un auténtico avispero del que sólo podemos tener problemas, en el orden social, económico y, sobre todo, militar.

El miedo al moro, la incapacidad política de construir una unión Hispana con todos aquellos territorios en los que hemos tenido algún tipo de influencia, como han hecho Francia y sobre todo Reino Unido, la pacata visión cortoplacista de políticos inconsistentes, de uno y otro lado del espectro, y la reciente guerra rusa (por más que se niegue repleta de ideología totalitarista-comunista) con un componente territorial no cerrado o mal cerrado tras la caída del muro comunista de Berlín, con afección directa en Marruecos y Argel (posicionados cada uno en un bando), puede hacer que una decisión poco meditada, menos explicada, aún menos consensuada y demasiado potente, puede generar un cúmulo de conflictos que en nada benefician a España y que son un riesgo añadido en un momento demasiado sensible.

La garantía de un proceso democrático de independencia del Sáhara o de autodeterminación entre la españolidad, la creación de un nuevo Estado Nación o la constitución de una república dependiente de Marruecos es la decisión que estaba en cuestión, de la que España de forma timorata defendía un referéndum con los censos de 1974, se trastoca y altera sin más explicación con una simple cesión a Marruecos de los territorios, que no gusta a los residentes en el territorio, ni a los argelinos, con intereses en el territorio, ni a los libios, ni al resto de Magreb, donde se introduce un nuevo elemento de discordia en un hormiguero siempre en guerra.

Si el gobierno no explica cumplidamente, pone sobre la mesa todos los pactos, acuerdos y cesiones inmediatamente, no sólo está demostrando su talante totalitario, sino que podremos afirmar, sin empacho, que nos está vendiendo por un puñado de euros.

Esperemos un poco su contestación… tic-tac, tic-tac, no queda tiempo y nos estamos jugando nuestro prestigio, nuestro futuro, nuestra libertad y nuestra nación y poniendo en riesgo el de toda una zona nada simple de gestionar.

 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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