Defectos del abuelo y errores de juventud

"Desde que ya en democracia el PSOE ha podido, ha cercenado los derechos de los ciudadanos en beneficio e interés propios..."

Son días importantes en el calendario. Acabamos de pasar la celebración de la Virgen del Carmen; ahora, estamos con Santiago apóstol y patrono de España; en breve, los padres de la Virgen María, San Joaquín y Santa Ana; es decir, efemérides importantes para los que tienen fe.

Se aprovechan estos días para, desde determinadas mentes retorcidas, introducir en la agenda política la destrucción de la Cruz más grande del mundo y la reescritura de la historia para, en ambos casos, no buscar más que el enfrentamiento fratricida, la lucha entre hermanos, la elevación de la tensión, no ya entre derechas e izquierdas, sino entre hermanos que tienen distintos sentimientos.

La confrontación política es muy dura e intensa, pero, como todo en política, perecedero, negociable, “domesticable”. El problema surge cuando, en lugar de una disputa ideológica, se convierte o se busca una lucha de sentimientos, se enfrentan o ponen en el cuadrilátero sensibilidades del corazón, del alma, de lo más íntimo de cada ser humano para, acallando el diálogo interior con el ruido externo, distanciar a las personas hasta el enfrentamiento insuperable.

No es un problema de intentar hacer desaparecer de la historia de un pueblo 40 años, con sus claros y sus oscuros, para hacer relucir una disidencia que, durante esos 40 años, no existió ni dentro ni fuera de España, intentar hacer bueno un PSOE que, en la república, deseaba, buscaba y alentaba la guerra civil o valiente opositor que no existió ni dentro ni en el exterior, hasta los últimos días de la dictadura.

El problema es resucitar la discordia superada en 1978 con el pacto político y la transición democrática, no en el ámbito político, que también, sino en el sentimiento íntimo de la personas, despojando a los frailes benedictinos, cuyo único fin en la tierra es la meditación, la contemplación y la oración, de la basílica del Valle de los Caídos, así como, se haga o no, manifestando la voluntad talibánica de derribar la Cruz más grande de la cristiandad, emblema de los creyentes, más con el afán de enfrentarnos que por la  aspiración cierta de realizarlo.

El interés no es la democracia, no es la concordia, no es la historia, no es la libertad o los principios más limpios, sino precisamente lo que se busca, el trasfondo del asunto se encuentra en generar la máxima crispación, el máximo enfrentamiento utilizando los sentimientos, las emociones y las huellas más profundas que un ser humano tiene en su alma y en las que no cabe el diálogo para, con ello, obtener el fin perseguido.

Desde que ya en democracia el PSOE ha podido, ha cercenado los derechos de los ciudadanos en beneficio e interés propios, sus primeros pasos fueron destruir controles al poder con la eliminación del recurso previo de inconstitucionalidad, la defunción de la división de poderes con la modificación del sistema de elección del C.G.P.J., la manipulación de las designaciones de los miembros de los controles al poder como el Tribunal de Cuentas, la Comisión Nacional de Mercado de Valores, etc.; pero, en un paso más, es el único partido con condenados por terrorismo de Estado y asesinato político y el uso de cal viva para esconder esos muertos, para, con Zapatero, reabrir el debate cerrado de la memoria histórica, sustrayendo de las manos de los profesionales de la historia la misma, para reescribir un nuevo relato desde la política, intentando que el adoctrinamiento criticado, e intentado desde el Franquismo, ahora se desarrolle desde la izquierda por medio de la Ley, eso sí, ocultando, olvidando y oscureciendo la historia más reciente, la memoria de las víctimas en democracia, los muertos provocados por ETA y por el GAL, ya en libertad, para, con ello, desarrollar una sociedad minusválida histórica y manipulada políticamente.

En lugar de generar crispación y enfrentamiento de sentimientos, si realmente el interés es limpio y digno, comiencen por pedir perdón por el pasado reciente, por reconocer los errores, por comprender que la política no debe intentar invadir las almas de los ciudadanos y que muchas personas, de izquierdas y de derechas, se encuentran juntos en la fe que ambos abrazan, ambos respetan y a ambos duele. Reconozcamos que, en democracia, en la vida, el movimiento se demuestra andando y, si queremos democracia, libertad y lo mejor para nuestros conciudadanos, reconstruyamos controles políticos, renunciemos a las ansias totalitarias de control, reforcemos la democracia, generemos puntos de encuentro y diálogo y busquemos la prosperidad. No intentemos reescribir la historia de nuestros abuelos y bisabuelos para ocultar nuestras acciones de juventud; no tildemos de asesinos a nuestros ancestros sin conocer sus motivos, y tapemos los errores y asesinatos que cometimos en nuestra juventud. Dejemos que la historia se escriba sola y no desde la política.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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