Deditos

Cada vez que alentamos protestas poco inteligentes, o fruto de la indignación visceral, generamos el caldo de cultivo violento que mañana nos estallará en la cara, de todos.

Hace años, en este país, entre las 7:30 y las 7:40 de la mañana de un frío día del mes de marzo se produjeron varias explosiones en diversos trenes de cercanías de Madrid.

Acudí al despacho a trabajar con el corazón y el alma rotos y a las 9:30 salí a comprar una bandera española y un crespón negro para colocarlos en el balcón de mi despacho, pues dichas explosiones correspondían con un atentado terrorista del que se desconocía su procedencia, si bien, con los años de barbarie etarra, la lógica hacía pensar que había sido fruto de esa panda de ratas asesinas.

Hasta el 13 de marzo no se encontró un vídeo de terroristas islámicos que asumían la masacre, pese a que a partir del día 12 existían indicios en tal sentido.

El mismo día 11 por la tarde noche, arrancaron la bandera que coloqué en el balcón de mi despacho y la quemaron a la puerta, un grupo de activistas de izquierda que, esa misma noche, con conocidos dirigentes y personas relevantes del PSOE, se acercaron a la sede del PP a gritarles asesinos y lanzar pintura. No, yo no creo que devolver la moneda sea la forma de pagar a esta caterva sus modos y maneras de actuar, aunque dolidos son muy dolidos y con la piel especialmente fina como para soportar lo que se merecen.

Hoy, me apena observar cómo se producen manifestaciones en repulsa a la gestión del gobierno del PSOE-PODEMOS de la crisis sanitaria y me preocupan pues, con ellas, se pone en peligro la salud de los ciudadanos y se pone en peligro la reducción de la epidemia conseguida con nuestro encarcelamiento.

Este gobierno no ha hecho otra cosa que encarcelar a los ciudadanos para minimizar la epidemia, oculta la información, la manipula, la retuerce en su interés, es claramente un incompetente que está haciendo política de la muerte y del llanto de los ciudadanos, gracias a una epidemia contra la que no ha puesto más remedio que el encarcelamiento; pero, con esas manifestaciones, obtienen dos cosas: blanquear la negligencia de autorizar el 8M e imputar la responsabilidad del repunte a la derecha y no a que no han hecho absolutamente nada.

La crítica, la manifestación, la réplica política, debe de ser desde las viviendas, desde la distancia de seguridad entre personas, desde las medidas sanitarias y sin poner en riesgo ni dar pábulo a la carcunda de la izquierda con argumentos o acciones que sirvan para no asumir sus responsabilidades.

Si ahora hay manifestaciones y protestas, cuando empecemos a sufrir las consecuencias de la crisis económica en la que estamos y a la que día a día caemos más profundamente por la nefasta gestión del gobierno, no seremos capaces de frenar la deriva de violencia que se desarrollará de uno y otro lado. No es ahora cuando hay que demostrar la serenidad y desarrollar una crítica inteligente, sino que será luego, pero si ahora no nos entrenamos, no llevamos a cabo una meditada, seria y sólida oposición no violenta, ni fruto de la alaraca, luego resultará imposible.

Cada vez que alentamos protestas poco inteligentes, o fruto de la indignación visceral, generamos el caldo de cultivo violento que mañana nos estallará en la cara, de todos.

Como jurista, creo que la responsabilidad política nada tiene que ver con la legal, que esta ultima tiene un recorrido menor de lo que muchos desean contemplar, pero que el adeudo político de 35.000 ciudadanos muertos, con cara, con nombres y apellidos, con una vida por vivir, o ya vivida, es una losa demasiado grande para un responsable político que sólo ha servido para encarcelarnos.

La confianza y el respeto se obtienen con datos, con transparencia, con humildad, con valentía y este gobierno anuló el portal de transparencia, ocultó las compras, escondió los muertos física y numéricamente, los criterios médicos de hoy se contradicen con los de mañana, no quiero pensar que han sido unos mezquinos y sí que han intentado hacer lo mejor que han sabido; pero, lo cierto es que su vaivén, su torpe decidir, su ocultación constante, han hecho de ellos un auténtico muñeco de feria que nos está arrastrando a lo más hondo de la crisis económica más brutal que podamos haber padecido en nuestras vidas.

Por eso, si ellos lo hacen mal, no debemos de desmoronar lo poco que han conseguido y mucho menos darles motivos para ocultarse tras el pulgar, pues con el índice les habrás de señalar.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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