«De una javierada a otra (o cómo es el pulso de la apostasía en la Iglesia)»

Este sábado se cumplió un año del inicio de esta ficción muy real, un año desde que el presidente Pedro Sánchez anunciaba un estado de alarma que sonaba a guerra. Y ayer se celebró la segunda Javierada oficialmente suspendida -la primera fue la semana pasada-, desde que se instauró en 1941 esta peregrinación al castillo de Javier. El año pasado no llegaron a cancelarse. Pese a las recomendaciones de este 2021 de las autoridades civiles y eclesiásticas de no peregrinar a Javier, la tradición, la fe o el deporte pudieron con el virus y las recomendaciones, y el castillo que vio nacer a Francisco de Jaso y Azpilicueta en 1506, a San Francisco de Javier, congregó ayer a centenares de personas.

Información sobre la Javierada 2021 (crónica fechada el 14/3/2021).

 

Ciertamente, lo que me sorprende más de la deriva del ya exobispo catalanista o catalufo Javier Novell no es tanto que haya colgado hábitos y mitra por el amor de una mujer; lo que me sorprende es haber conocido, a través de los medios de comunicación, la identidad de la mujer elegida para dar un volantazo tal a su vida y así emprender un nuevo rumbo. Lo cual es lo mismo que afirmar que «la mujer del obispo» no es una mujer con reputación de católica practicante precisamente, pongamos que soltera, militante de la causa del Dios Uno y Trino, fiel a nuestra patria, que es España. No, ni modo. El señor Javier Novell, a todas luces va y se enamora de una muchacha divorciada, de trayectoria más bien secularista, mundana, tal vez catalanista, emparejada en su momento con un ciudadano marroquí ni que decir que musulmán, madre de dos hijos, y escritora de al menos dos novelas de altísimo voltaje erótico, blasfemo, irreverente y hasta satánico.

Mis respetos hacia el aún eclesiástico Novell; iguales respetos hacia la psicóloga, escritora y joven madre catalana Silvia Caballol: lo que ellos hagan con sus respectivas vidas a partir de ahora no es asunto mío. No soy quién para juzgar; yo también soy pecador, no estoy libre de pecado como para tirar la primera piedra, pero… Pero no puedo dejar de reflexionar en voz alta, al precio incluso de compartir esta reflexión. A saber: «monseñor» Novell, ¿qué es para usted la familia cristiana, católica para más señas, como núcleo de amor esponsal que busca la santificación de los esposos? ¿Qué significa para usted, estando en una relación con una mujer al parecer nada católica y además divorciada de un ciudadano marroquí, o sea, musulmán (ni que recordar así las cosas que fiel de una religión que es enemiga declarada de Cristo y de su Iglesia), que la familia cristiana es Iglesia doméstica, escuela de solidaridad, experiencia de amor esponsal fiel y abierto generosamente a la vida (tener hijos, según el don de Dios)?

A este respecto, he conocido a varias monjas de clausura, exclaustradas y reducidas al estado laical por diversas circunstancias personales que ahora no vienen a cuento. En todos los casos las susodichas me han confesado confidencialmente: «Yo, la verdad, luego de haber sido esposa del Divino Esposo, como que siento que la vocación al matrimonio, que es sin duda muy buena, que es un sacramento y que es verdad que nos santifica, como que se me hace poco«. Me parece que nunca olvidaré estas confidencias. Porque expresan en buena medida una verdad radicalmente católica: la preclara dignidad de ese tesoro de la Iglesia que es la consagración a Cristo en la vida de castidad perfecta por el Reino. Aceptación que por mi parte no significa en modo alguno la mirada con desconfianza al estado de casados, que también es una forma de buscar ser santos desde la común llamada a la santidad propia de todo bautizado. De suerte que la Iglesia ha proclamado solemnemente la santidad de algunos matrimonios católicos: san Isidro Labrador y su esposa santa María de la Cabeza, los padres de santa Teresita de Lisieux, entre otros. Pero nombrados estos casos salta a la vista una radical diferencia: los cuatro santos citados vivieron su vocación al matrimonio desde la plena aceptación de la gracia, en perfecta comunión con la doctrina de la fe de la Iglesia, en indubitable perspectiva de aceptación de la providencia de Dios. Reconozco que por mi parte estoy a años luz de la ejemplaridad de vida de los cuatro santos citados, pero aquí y ahora no se trata de mis mediocridades como católico y sí más bien de ocuparnos del caso del exobispo Novell que ha saltado recientemente a la opinión pública.

Todos nos equivocamos, somos pecadores todos; yo que estas líneas escribo el primero. Todos tenenos el derecho (y aun el deber) de buscar la verdad, la felicidad, la justicia, la libertad, la realización personal… De acuerdo. Usted ha sido obispo de la Iglesia de Cristo; ha decidido dejarlo todo por una mujer. No es un paso el suyo como para tirar voladores, como para prorrumpir en aplausos y felicitaciones para todos, pero bueno, ya que lo ha hecho, yo al menos le deseo toda clase de éxitos personales y felicidad. Empero, el daño y un nuevo episodio de descrédito a la Iglesia ya están hechos, ¡como si tuviera pocos la Iglesia de nuestro tiempo histórico, constantemente sacudida por escándalos de todo tipo! Solo que insisto, permítame, aunque sigo reconociendo que no es asunto mío: en su paso dado me cuesta adivinar el deseo de construir una familia cristiana fiel a Cristo y a su Iglesia según la enseñaaa de sus pastores, de Juan Pablo II, por ejemplo, gran impulsor del Evangelio de la vida y de la familia.

Y esto es lo que me quita el sueño: la demoledora apostasía que se está viviendo en la sociedad, en el mundo entero, urbi et orbi, y en la Iglesia. De modo que no defiendo el paso dado por el obispo Novell de abandonar su ministerio de pastor en la plenitud del orden como obispo (sucesor de los Apóstoles), pero sí que me sigue desconcertando que la mujer elegida no sea una mujer de convicciones confesantemente católicas, discípula por ende de Cristo y de su Iglesia, soltera, patriota, hija de España o de la patria que sea si no es española. Esta joven mujer llamada Silvia Calballol me merece todos los respetos, y desde luego no es asunto mío lo que ella haya hecho con su vida, ni tampoco lo que vaya a hacer a partir de ya, probablemente en compañía de su nueva pareja el exobispo Novell. Pero es que Novell no es cualquier cosa sino que ha sido en las últimas décadas, nos guste más o menos, una figura importante de la Iglesia que peregrina por España. Ha sido nada menos que sucesor de los Apóstoles.

¿Será todo mera casualidad o será más bien porque en Cataluña ya es que no deben ni quedar mujeres jóvenes católicas, señor Novell, en gran parte porque el separatismo catalanista que usted siempre ha abanderado se ha encargado de vaciar los templos, las iglesias, los seminarios, los noviciados, las conciencias mismas?

 

Postdata. A decir verdad, nada me extrañan estos hechos en el seno de la Iglesia, así que ilustremos o abundemos más con mi propia experiencia. Llevo varios lustros en la enseñanza pública. En la misma, he conocido a docentes de Religión católica descaradamente burócratas, laicistas, abiertamente gais, sociatas, globalistas, conformes con la ideología de género y el feminismo supremacista, podemitas, o convivientes maritalmente en unión libre; militantes católicos enamorados de Cristo y de su Iglesia, en plena comunión con la Tradición, el Magisterio y la Sagrada Escritura, contados con los dedos de una mano y…

Y para no variar ese siniestro personaje llamado Pablo Iglesias (el Chepas para los amigos y no tan amigos), comunista bolivariano, nuevo rico y exvicepresidente del Gobierno de Pedro Sánchez, mucho bla bla bla advirtiéndonos del peligro de la arribada a España de la extrema derecha antidemocrática financiada por los grandes poderes económicos y cierta disidencia política iraní (en clara referencia a Vox), y el nota resulta que procede de Podemos (comunismo bolivariano totalitario, de cuya narcodictadura ha recibido financiación), es ateo (enemigo de Cristo y de su Iglesia), abortista, laicista, defensor del feminismo supremacista, el marxismo cultural, la ideología de género y partidario de la eutanasia (hostil por ende a la civilización cristiana, a la Ciudad de Dios agustiniana), y empleado ahora del comunista multimillonario Roures y su oligopolio informativo (o sea, enemigo acérrimo de la libertad de expresión). Solo que todo este material daría para otro artículo.

 

Luis Alberto Henriquez Lorenzo

Licenciado en Filología Hispánica, profesor en Secundaria, estudios de Filosofía y Teología y con vocación de humanista, hispanista y militante católico, cultiva la poesía, la narración, el artículo periodístico, el ensayo, el diario íntimo... Colabora en varios sitios digitales de ideario panhispánico, identitario, patriota y sensible a las raíces cristianas de nuestra civilización: El Español Digital, El Correo de España...

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