De qué democracia hablan las ratas

Para analizar la calidad democrática de un país se pueden utilizar diversos métodos o modelos, siendo uno de los más interesantes el Índice de Democracia, en el que se estudian diversos parámetros:

1.- el proceso electoral y el pluralismo en el que se evalúan la libertad en las celebraciones y la competencia política justa.

2.- la participación política, el nivel de interés, preocupación y predisposición de los ciudadanos para contribuir al debate político.

3.- la cultura política, es decir el grado de asimilación que de las reglas del juego electoral tienen los ciudadanos.

4.- libertades civiles y derechos básicos, respeto a la libertad de culto, a las minorías, a los derechos humanos, etc.

5.- calidad del funcionamiento del gobierno, en la que se mide la capacidad del gobierno para implementar decisiones y propuestas.

A estos parámetros, y con carácter prioritario, debemos de medir, evaluar y comprobar el grado de control al que se somete el poder y las capacidades y posibilidades de ejercer ese control desde la oposición y la ciudadanía.

Sentado lo anterior, se nos olvida, y se olvida de forma constante, el indicar el tipo de democracia que queremos y a la que se aplican dichos parámetros, pues en estos momentos existe un partido de extrema izquierda comunista que hace referencia constante al grado de democracia y a la debilidad democrática de España, por lo que, evidentemente, su modelo, su referente y su sistema de evaluación democrática es la de un sistema comunista que, de forma ordinaria, se suele referir a su modelo de tiranía y dictadura como democrático, no olvidemos que la República Democrática de Alemania fue la que construyó un muro para que sus ciudadanos no pudieran abandonar el oasis de paz y libertad que les habían creado, como sucede en Cuba, de la que pierden la vida miles de cubanos que intentan salir del cielo que construyó el régimen castrista, o como ocurre en Venezuela, de donde acuden miles de hermanos intentando sobrevivir fuera del edén que implantó el gorila rojo y que mantiene el chimpancé estilo Mario Bros.

Es evidente que, si pasamos el modelo de control democrático a la Constitución de la concordia de 1978 del régimen asesino comunista, nos encontramos en los valores más bajos y precisamos un cambio, una transformación hacia esos idílicos paraísos en los se implantó el comunismo, como quiere el “coletas chepudo” de Iglesias, el “desaliñao” de Echenique y su faltriquera contable de “Monedero” y otras hordas del colorín.

Pero, si con rigor sometemos nuestro sistema democrático a una revisión de calidad, hemos de concluir que, no siendo una de las mejores, estamos en buenas situaciones en la orla, en la que sería conveniente reforzar los sistemas de control al ejecutivo, mejorar los sistemas de transparencia, acrecentar los modelos de protección de las minorías e incrementar la independencia judicial, facilitando a la par la revisión constitucional previa de las normas y acciones del ejecutivo, eso supondría devolver al parlamento su capacidad de discusión, el control de las minorías al ejecutivo, etc, que con el tiempo se han ido destruyendo, desmontando o no implementando de forma correcta.

Por tanto, cuando se nos llena la boca de democracia, lo primero que hemos de manifestar es el modelo al que nos referimos, pues aún cuando parezca que lo hacemos al de la democracia liberal del estado de derecho, algunos utilizan el término para intentar desarrollar, en nuestro país, un modelo de democracia socialista, que es el único régimen del que sólo se sale con la muerte.

Los regímenes fascistas, y/o totalitarios, finalizan con la acción de la ciudadanía, el fallecimiento del dictador o el hundimiento del régimen, mientras que los regímenes comunistas, antes acaban con los ciudadanos que con su modelo de gestión y dictadura, de forma que quien defiende un régimen fascista, y en este apartado no contemplo ni he escuchado a ningún dirigente político hacerlo, lo hace de un sistema político caduco y de difícil réplica en el momento presente; pero, aquel que sostiene o defiende el comunismo lo hace de un sistema asesino y criminal que se aplica en el presente y se mantiene vigente en nuestro mundo, sometiendo y eliminando a miles de ciudadanos en un sistema decimonónico que se siguen aplicando por el blanqueo, social, político, comunicativo e intelectual, que del mismo se hace, pero cuidado, el que llega a él, no sale de él.

El peligro de las huestes comunistas no es irreal o quimérico, cada día que están en el poder fortalecen sus posiciones y no lo abandonarán democráticamente, si piensas en la democracia liberal, pues para ellos es democrático eliminarte si no les votas o sustentas.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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