De cayetanos y otras hierbas

Sobre la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo en su cargo, como portavoz de los populares en el Congreso de los Diputados, poco hay que decir. Sin hacer de este escrito un océano de pleonasmos y evitando así caer en una perogrullada, diré de forma sucinta, pero con riguroso y firme convencimiento, que es el mayor error de los populares, desde el derroche y mal uso que hicieron  del gran regalo que les dio una sociedad española a las políticas rajoystas, las cuales premiaron con una mayoría absoluta, ahora sabemos, a estos felones y desleales del todo inmerecida e injusta.

La era Rajoy terminó, nada bien, por cierto, necesitaba de un aire nuevo, fresco, un aire de beligerante antagonismo, hacia la disidencia ideológica natural. Lo que definiríamos, de una forma metafísica, como volver a su génesis y esencia, la que inició Aznar. No a esta humillante sumisión y aquiescencia, hacia una ficticia e impuesta superioridad moral y cultural por parte de la izquierda. Ese aire nuevo, fresco, lo representaba y defendía de forma fiel y valiente Cayetana, con una retórica, postulada en el respeto mutuo, una educación exquisita y una cultura al alcance de muy poquitos.

Personalmente y después de un análisis concienzudo, quiero tomarme la libertad que te da, “la patente de corso”, para expresar, a forma de hipótesis personal, con una exposición breve o sucinta, recapitulando lo que he entendido en mi humilde e inmensa ignorancia, en la argumentación con la que Casado justifica la destitución de la politóloga más brillante que tenía en su partido y sin género de duda, una de las mejores en nuestro panorama político nacional.

Casado, justifica esta consumada, a día de hoy ignominia hacia sus votantes y hacia la propia Cayetana, como una felonía de la última hacia el partido, al haber traicionado, según él, la confianza de este y del propio presidente, el cual apostó personalmente por ella, en el cargo del que hoy la apea de forma humillante, con una retórica eufemista pero cruel por su forma andana y despótica.

Pues en mi opinión no se debe a una felonía o a un carácter ácrata y nihilista de parte de Cayetana hacia los populares y hacia el propio Casado, sino de un complejo y frustración de y por el fracaso, del último y también de la actual ejecutiva popular, por su cobardía, incapacidad y sobre todo, falta de carisma. Abascal y su moción de censura, retratan unos populares sumisos, aquiescentes, es decir, socialcomunistas con distintos ropajes. La línea de Cayetana hizo que el votante popular, hoy día vulgar cipayo opaco y obtuso, se ilusionase otra vez al ver un atisbo de esperanza, esa luz al final del túnel que muestra el discurso valiente de Cayetana, haciendo sombra a Abascal, tengo que reconocer, muy a mi pesar.

Los populares la tildan de prepotente, soberbia y desleal, conceptos estos cuyas definiciones personalmente entiendo de forma distinta o contraria. Desleal es prometer cosas y no cumplirlas, que es lo que hacen los populares de forma cíclica y rutinaria o banal, desde la era Rajoy. Por esas ínfulas megalómanas de narcisismo, prepotencia, fatuidad y egolatría, de sus cobardes e incapaces líderes.

En mi opinión, el único error de Cayetana, ha sido militar, representar y defender a una formación política, postulada en una pseudoideología, donde más que desleal, ha sido una mera víctima de una turba de oligarcas caciquiles, que en este de necesidad y aciago momento sobran en una España en proceso de balcanización, por el actual gobierno y con la cómplice colaboración de estos felones que pagan la lealtad de forma ignominiosa.

Grande Cayetana, no te rindas, hay más opciones, sólo es cuestión de elegir la correcta. España te necesita hoy más que nunca.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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