De Babilonia a los Andes (Human Meat Project)

Todo espécimen globalista lleva dentro un nutricionista compulsivo, que desde sus salones enmoquetados vela de manera paternalista por la salud del rebaño que está a su cargo.

Es formidable y abracadabrante ver como las élites satánicas se desviven por nosotros, pues igual nos pinchan con sus pócimas asesinas para garantizar nuestra salud y eliminar a los bichos de la exosfera y más allá, que buscan ansiosamente nuestra seguridad proporcionándonos un torrente de chips digitales para cerciorarse de que no nos pasa nada, y hasta nos suministran alimentos impresos en 3D con el fin de asegurar la supervivencia de nuestra especie en este maltratado Planeta.

Todo es válido, todo es lícito con tal de reparar a la Pachamama por las maquiavélicas actividades de los parásitos humanos, los cuales, pensando sólo en garantizar su supervivencia, excretan sobre ella sus esputos, sus heces, sus sudores, su herrumbre,  sus asquerosas inmundicias.

Entre las torturas que sufre la Pachamama por nuestra maldad, y el sostenido incremento poblacional, los cenáculos agendistas están bastante preocupados por nuestra alimentación, diciéndonos que no va a haber café para todos a corto plazo, por lo cual tenemos que someternos a sacrificios solidarios, uno de los cuales consiste en comer la dieta que nos ofrecen sus “nutricionistas expertos”.

Con la excusa del cambio climático y el hambre en el mundo, la elite globalista hace una fuerte apuesta por instalar este nuevo “mandamiento” dietético,  que es un intento más de reducir a una humanidad a la que desprecian a un estado primitivo, animal, con la excusa de proteger el medioambiente y combatir el hambre a medida que crece la población mundial.

Ya lo decía el club de Roma, creado en 1968, cuando la población mundial no llegaba a los 4.000 millones, afirmando que la Tierra no podía alimentar a tanta gente: bondad graciosa que hoy casi llegamos a los 8.000 millones y la misma ONU afirma que se va reduciendo la pobreza progresivamente. Es decir, que nuestro Planeta no podía sustentar a más de 4.000 millones, y hoy somos 7.800 millones. ¿Qué les falló? ¿Su regla de 3? ¿O lo que realmente pretendía ese Club globalista era proporcionar una excusa falsaria para preparar el Himalaya de mentiras del cambio climático que hoy devasta nuestro mundo, y así llevarnos una dictadura ecoterrorista?

Si estas previsiones catastrofistas han caído en el más absoluto descrédito, ¿qué se puede decir del “padre de la criatura, el fanático eugenista Thomas Malthus (1766-1784), clérigo anglicano que promulgó su ominosa predicción demográfica catastrofista sobre el hambre inminente de la especie humana, que crecía según afirmaba el demente clérigo en proporción geométrica, mientras que la producción de alimentos lo hacía en proporción aritmética? ¿Cuál era la población en su época?: pues poco más de  mil millones: en fin, 7.000 millones más de población, y aquí seguimos, vivitos y coleando: ¿Milagro?

El caso es que con la excusa de hambrunas apocalípticas si no nos convertimos al mantra de la sostenibilidad, salpimentadas con desastres climáticos provocados por nuestro afán consumista y depredador, y aderezadas con amenazas terroríficas sobre la degradación de los suelos por las prácticas del sector primario los psicosociópatas de la Agenda 2030 nos quieren prescribir dietas ecológicas, científicas, tecnológicas, sostenibles, saludables —sic—, pero absolutamente asquerosas, que acabarán con el hambre, con el despilfarro de alimentos, con la depredación de los ecosistemas, con las desigualdades.

Epatante que nos quieran convencer, en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (“acabar con el hambre”) de «que 821 millones de personas sufrían de desnutrición crónica al 2017, a menudo como consecuencia directa de la degradación ambiental, la sequía y la pérdida de biodiversidad»: vaya, y yo que pensaba que el hambre se debía a la salvaje explotación del Tercer Mundo por las mismas élites plutocráticas que ahora presuntamente quieren acabar con ella.

El objetivo que les obsesiona a estos filántropos de cornamenta astifina es garantizarnos presuntamente proteínas magníficas respetuosas con el medio ambiente, porque las de origen animal son dañinas para la Pachamama. Para ello, están introduciendo en la alimentación humana unas aberraciones culinarias asquerosas cum laude: insectos, carne sintética… y ya están abriendo la «Ventana de Overton» al mundo primitivo y escalofriante del canibalismo, con sus “sociedades nevadas” en primer plano.

Lo sospechoso de este afán nutricionista es que la dieta que quieren imponernos tiene la particularidad de que se compone de productos, tecnologías y mecanismos comerciales que están controlados por los plutócratas luciferinos, los cuales engordarán sus arcas con los jugosos beneficios de las empresas impulsoras de las nuevas dietas: ¿suerte que tienen? ¿Casualidad? Es lo mismo de siempre, ya que todos los artilugios, las tecnologías, las vakunas, los medicamentos, los alimentos, los chips digitales, etc. con los que nos quieren “salvar la vida” y “garantizar” nuestra seguridad acaban siendo negocios de enorme rentabilidad para sus proyectos financieros.

Este aberrante paradigma culinario se parece al sanitario en que en ambos casos se trata de reducir la población, enfermarla, esclavizarla y, cómo no, llenar todavía más sus alforjas, de modo que hacen negocios pingües a la vez que nos suministran sus cicutas. El ejemplo más prístino es el del maléfico Monsanto,  de “Billy Puertas”.

La excusa para esta lobotomización culinaria es la de siempre: aportar soluciones creativas y tecnológicas a desafíos contemporáneos como el crecimiento demográfico y sus repercusiones en la seguridad alimentaria, la digitalización de la sociedad, los efectos del cambio climático, la escasez de recursos naturales, el desperdicio alimentario y el impacto medioambiental de la producción de alimentos: como se ve, Agenda 2030 a tope.

Junto a la amenaza de la dieta insectívora, discurre paralelamente el paradigma de incentivar los alimentos ultraprocesados, diseñados genéticamente para aumentar su rentabilidad y su resistencia a las plagas, entre los cuales destaca la promoción de la carne sintética, otra de las joyas de su cornamenta de “Billy Puertas”.

Todos, absolutamente todos los alimentos de esta dieta globalista presentan serios riesgos para la salud humana, y la traca final de este cúmulo de desventajas es que este nutricionismo agendista presenta el riesgo real de acabar con el sector primario, en especial con la producción ganadera, ya se trate de cría intensiva o extensiva, una actividad que preserva las razas autóctonas, que favorece el mantenimiento de los ecosistemas por parte de los ganaderos, preserva  la vida en los medios rurales amenazados de despoblación, y produce alimentos muchísimo mejores para la especie humana que los procesados en laboratorios.

Pero, claro, esto está muy lejos de ser un inconveniente para los plutócratas empeñados en la dieta ecolátrica,  por la sencilla razón de que es precisamente eso lo que han urdido en sus satánicas mentes: destruir el sector primario, en este caso la ganadería, con su infumable carne sintética y sus asquerosos insectos, a la vez que están empeñados en vaciar el medio rural para estabular a sus habitantes en las granjas urbanas, pues para esta gentuza no hay nada más peligroso que un agricultor y un ganadero, perdonas que no dependen de paguitas, que son autónomas, que producen alimentos sanos para una población que ellos quieren reducir y enfermar, que viven en medios naturales más difíciles de controlar con su dictadura digital..

En cuanto al canibalismo que se anuncia por lontananza, «Bienvenidos al Proyecto Carne Humana (Human Meat Project): somos el programa de donación de carne humana. Con la donación de cuerpos para el consumo humano, estamos actuando para solucionar la sobrepoblación que provoca el cambio climático y el efecto invernadero que provoca la cría masiva de animales para alimentar al mundo.

En Human Meat Project, valoramos cada cuerpo y cada vida».

¿Es casualidad que se estrene justo ahora la película «La sociedad de la nieve», donde se expone el canibalismo que practicaron para sobrevivir los supervivientes de un accidente aéreo en la cordillera de los Andes, cuando la venta de Overton ya se ha empezado abrir al horizonte del canibalismo? Recuerde: todos aquellos acontecimientos que favorezcan la Agenda 2030 han sido creados por los mismos gerifaltes trastornados que conspiran por el NOM:

En fin, que ni al mismo Orwell se le ocurrió esto: en una sociedad de nieve, desde el móvil encargas un filete producido por impresión en 3D, el cual es preparado por un cocinero robótico, y te es enviado al domicilio por un vehículo sin conductor, seguido en la altura por el monitoreo de un dron: ¿no es genial? ¿No adelantan las ciencias que es una barbaridad?

Yo, la verdad, prefiero aquella escena en la que un grupo de neandertales ataca a un mamut y luego se lo zampa… en la mismísima cordillera de los Andes, para más INRI.

 

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Laureano Benítez Grande-Caballero

Sevillano, profesor de Historia jubilado, escritor de 35 libros, la mayoría de tema católico. Articulista en muchos medios digitales patrióticos, tertuliano ocasional en Radio Ya, imparte conferencias por toda España sobre el Padre Pío de Pietrelcina. Sus últimos libros publicados son EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, y LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

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