David y Goliat

Te creías todopoderoso, ¿verdad?

Creías que eras Invencible, Indestructible, Superior. ¡Qué necio eres!

Has llegado a profundidades del océano donde no puede llegar la luz de Mi Sol. Has subido a las cimas más altas donde no llega el aire purificado. Pero…, a pesar de eso, seguías aquí. Encerrado, prisionero.

Has buscado siempre la manera de salir de esta cárcel donde te encerré por tu maldad.

Finalmente, lo has conseguido. Has roto la invisible cadena que te ataba a la Tierra y te dispones a llevar tu maldad a otros mundos, que acabarán siendo destruidos por ti, pero no te lo permitiré.

Pensé que aquí, en la Tierra, te darías cuenta de la repugnancia de tus abominables pensamientos y deseos. Esperaba que te convirtieras. Eres mi Hijo. Pero ha sido inútil. Has llegado al límite.

Has destruido todo cuanto te di. Destruyes Mi aire y Mis nubes, Mis aguas y Mis bosques, Mis desabrigadas criaturas. Has manipulado y deformado Mi mundo, tratas de destruir Mi Creación arrancando a los más indefensos del seno de sus madres, decidiendo cuándo deben morir los que te molestan, la mentira es para ti una virtud, sentir el olor del miedo de los humildes, te embriaga y te llena de soberbia.

Has desarrollado tu capacidad para matar hasta tal extremo que crees que podrías destruir toda Mi creación apretando un solo botón. Crees que hasta eso lo decides tú, ¿verdad?

Crees que eres más poderoso que Dios. Has creído que basta con negarMe para destruirMe, ¿no es cierto?

Pues bien. ¡Se acabó! No toleraré más desprecios ni burlas. Estoy harto de ti. De tu orgullo y de tu estúpida arrogancia. Te demostraré que estás equivocada, miserable y ridícula criatura.

La más simple de mis creaciones, la más pequeña e insignificante, va a destruirte hasta que yo te permita encontrar la salvación. Tus bombas atómicas, tus armas químicas, no sirven de nada, tus armas de destrucción masiva nada pueden contra el más humilde de mis hijos. Tratarás de huir pero no podrás, mi insignificante creación es más rápida, más implacable y más letal que tú.

No eres más que un hombre. Recuérdalo, solo un despreciable y microscópico hombre.

 

Pero, aún así…, Te quiero.

Te lo ruego una vez más: Vuelve a Casa, Te estamos esperando, pídeMe perdón, arrepiéntete de tus malos actos y Yo te perdonaré TODO. Por favor, ¡VUELVE!

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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