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Cuenta atrás para el inefable, y dudoso, Premio Nobel “de la Paz”

El próximo viernes 11 de octubre, el Comité Nobel de Noruega entregará el Premio Nobel de la Paz. Entre los más de 300 candidatos, brilla con luz propia (es un decir) la joven Greta Thunberg. La mascarada está servida.

¿Por qué recibe el Nobel de la Paz un Barack Obama y no lo recibe un Donald Trump? ¿A qué se debe la total ausencia de españoles en estos premios? ¿Con qué propósito se han introducido las cuotas de género en los últimos años? ¿Tienen algún valor real estos galardones (del Sistema) en los que el propio Sistema se aclama a sí mismo? ¿Presuponen los Nobel de la Paz algún motivo de orgullo fuera de la plomiza nombradía que confieren a sus dudosos acreedores? En este artículo nos proponemos desmontar uno de los mayores fraudes culturales de los últimos tiempos: el execrable sainete mundialista de los Premios Nobel “de la Paz”.

 

La modernidad es pródiga en aberraciones y dislates de toda laya, en espectáculos nauseabundos que harían las delicias de todas las bestias desatadas del infierno. Uno de esos insultos a la depreciada inteligencia del pueblo, que marcan la agenda global de cada año con religiosa expectación, es el relativo a la concesión del denominado Premio Nobel de la Paz (sic). 

    Un premio que, más que sofisticada tomadura de pelo, deviene efectiva maniobra mental del Nuevo Orden Mundial en la edificación de sus infectas consignas ideológicas de la corrección política, asentadas sobre los valores agonizantes, y secularizados, de la Cristiandad moribunda

    Alfred Nobel, ese nuevo santón laico al que muchos activistas de salón todavía no le perdonan haber sido el inventor de la dinamita, quiso (tal y como rumia la leyenda) dejar “un mejor legado” tras su deceso; su Testamento, tan sincero como puede serlo cualquier acta notarial, es elocuente al respecto.

    Desde luego que no es nuestro propósito cargar contra el Premio Nobel en su conjunto, que conoció también tiempos de gloria antes de sumirse en la impostura mundialista. Hasta hoy, el grueso de los premios científicos (Medicina, Física y Química) han sido más o menos irreprochables, con sonados descalabros (vistos desde la perspectiva de nuestro tiempo, claro: el premio de Medicina a Egas Moniz, padre de la lobotomía, por ejemplo). Más cuestionables han resultado los premios de Literatura (por sus omisiones -Marcel Proust, Paul Claudel, etc.- o absurdas concesiones -Bob Dylan, Elfriede Jelinek, etc.-) y Economía (una adición a la nómina original de Nobel). Pero en el caso del premio de “la Paz”, la defensa del mismo resultaría hoy algo ya absolutamente indecente de no estar tan cuestionada por las más encontradas opiniones. Los maestros del eufemismo y los reyezuelos de la bufonada, eso sí, podrán respirar tranquilos: tienen bochinche mediático para rato; mas, gane quien gane, todos los viernes de Nobel, año tras año, ratifican nuestra percepción, que es triple e invariable desde hace varios lustros:

    1) La concesión del Nobel de la Paz a un individuo o a una institución es sólo un herramienta más (aunque eficacísima) para legitimar y promocionar de cara a la galería (es decir, al espectador medio sin ideas sólidas) un valor en alza útil al Sistema NOM;

    2) En esta espiral diabólica en la que ya sólo es posible engañar a los tontos o a los más irreducibles incondicionales del falso prestigio de marras, la crema pastelera sobre la que se asentará el premio requiere participar de unívoca línea ideológica, afín a los dictados de la autocomplaciente corrección política de la agenda NOM;

    3) El Nobel de la Paz articula en su núcleo filosófico un nuevo santoral laicista, trasunto paródico del Católico Romano, en el que el nimbo que rodea la cabeza de los grandes santos de la Cristiandad… es sustituido por la medalla de oro con la cabeza de caniche de Alfred Nobel, nuevo “san Pedro” positivista de esta ridícula saga de “nobeles”, agraciados por sus servicios prestados o pendientes de prestar al NOM, con todos los emolumentos y prebendas del nuevo credo neoliberal, laicista, secularizado y tolerante/intolerante. 

    En suma: una maniobra explícita, mas no por sofisticada menos burda en sus mecanismos de proyección, por cuanto inyecta en las humanas cabezas el mismo opio progresista-izquierdista desde las seculares pantallas televisivas, tras decenios de desinformación y arbitrariedades. 

 

Proyecto de clasificación: algunas pinceladas

Dadas las limitaciones espaciales de un artículo como éste, no desarrollaremos un estudio sistemático del mismo, pero sí apuntaremos algunas claves para que el lector, si dispone de algún tiempo libre, vaya configurando su propio listado. Vayamos pues a lo concreto, es decir a los propios premiados. Para abreviar trabajo, podemos clasificar la entidad de los premios en tres categorías pertinentes e interrelacionadas, a saber:

A) Premios manifiestamente fraudulentos o, en su defecto, abiertamente dudosos

B) Premios abiertamente dudosos o, en su defecto, no exentos de controversia

C) Premios razonables y/o justificados (¿si acaso los hubiera?)

 

    El lector más puntilloso objetará que esto de las listas y las clasificaciones es subjetivo, y que no escapa a margen de error; objeción razonable. Mas para afianzar nuestro punto de vista, resueltamente objetivo, nos limitaremos a suministrar los nombres de los últimos premiados y el motivo/pretexto del premio:

Últimos premios Nobel de la Paz manifiestamente fraudulentos o, en su defecto, abiertamente dudosos (desde 2001):

2016: Juan Manuel Santos [Colombia] (“Por sus grandes esfuerzos por tratar de finalizar la guerra civil de más de 50 años en Colombia”)

2012: Unión Europea [UE] (“Por su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia, y los derechos humanos en Europa”)

2009: Barack Obama [Usa] (“Por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos”)

2007: Al Gore [Usa] & Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio climático [Suiza] (“Por sus esfuerzos para construir y difundir un mayor conocimiento sobre el cambio climático provocado por el hombre, y para sentar las bases de las medidas que son necesarias para contrarrestar Grupo ese cambio”)

2006: Muhammad Yunus [Bangladesh] & Banco Grameen [Bangladesh] (“Por promover oportunidades económicas y sociales para los pobres, especialmente las mujeres, a través de su proyecto pionero del microcrédito”)

2002: Jimmy Carter [Usa] (“Por sus décadas de esfuerzo incansable para encontrar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales, y promover la democracia y los derechos humanos, así como para promover el desarrollo económico y social”)

2001: Kofi Annan [Ghana] & Organización de las Naciones Unidas [ONU] (“Por su trabajo para un mundo mejor organizado y más pacífico”)

    Conocida realmente la actividad de estos sujetos y/o entes, huelga por obvio emitir cualquier comentario. 

José Antonio Bielsa Arbiol

Articulista, crítico cinematográfico y escritor. Historiador del arte y graduado en filosofía. Colaborador en diversos medios de comunicación.

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