Cuando no eres la solución, eres el problema

"Salimos de las crisis menos, peores y solos..."

Pareciere que hemos superado una pandemia sin esfuerzo, sin bajas, sin la ayuda de nadie y que no hemos tenido que aprender nada. Volvemos a la normalidad, por más que muchos se empeñen en seguir controlándonos con mascarillas, controles de acceso, impedimentos de comunicación presencial, etc., pero no hemos aprendido nada.

Cuando estuve con covid19, como casi todo el mundo, perdí la voz, y comuniqué con un juzgado en el que en dos días tendría una vista, con la intención de informar mi infección y la pérdida de voz y la contestación del funcionario/a fue clarificador del camino que estábamos recorriendo: “pues bien te podías morir y así tendríamos menos trabajo”.

En definitiva, hemos sacado a relucir lo peor de cada casa, lo más bajo de cada elemento, lo más ruin y rastrero de cada personaje y, por tanto, el conjunto, que no es así, no tiende a la mejoría o al progreso, sino que se arrastra a la ciénaga sin remedio, pues lo ponzoñoso empuja muy fuerte por su naturaleza.

Decía el anuncio que “el algodón no engaña”, pues bien, para los que no queríamos creer que nos hundíamos en el cenagal, sólo tenemos que fijarnos en cómo ha actuado nuestra investigación, nuestra sanidad, nuestros políticos.

Mientras nuestros políticos en plena pandemia se subían el sueldo sin trabajar y se lo vuelven a subir nuevamente en el momento presente padeciendo la crisis económica que padecemos, nuestra investigación se elimina del mapa, sin aportar más de 500.000 € para la vacuna nacional y sin los incrementos precisos para sostener los niveles mínimos que nos permitan, en un futuro, contar con nuestros profesionales, eso sí, luego saldrán hablando de la necesidad de la ciencia para el progreso, pero sólo esa ciencia que les interesa, esa ciencia que les lucra, esa ciencia que no cuesta.

Con los problemas que se han puesto de manifiesto en nuestro sistema sanitario, que ni era el mejor, ni estaba bien gestionado, ni se componía de los mejores, no se ha puesto en marcha ningún programa de resolución de esos defectos, no se ha procurado una gestión eficiente y eficaz, no se ha dotado de fortaleza al sistema que se hunde paulatinamente en la batalla entre comunidades y gobierno, pero en el que nadie adopta una medida de reconstrucción.

Desde el primer momento de la pandemia vengo clamando por la construcción o generación de protocolos de actuación, en todos los ámbitos, que tengan un carácter preventivo para la gestión de problemas de estas características, se me tildó de canalla, de no apoyar, de criticar al gobierno; pero, a estas alturas de la película, ni se han desarrollado esos protocolos, ni siquiera se han desarrollado modelos de actuación frente a los problemas que se han puesto de manifiesto en la sanidad, en la administración, en la economía y en los servicios sociales, de forma que, si mañana tenemos otra tragedia, no sólo no hemos organizado formas de actuación ante las mismas, sino que ni siquiera hemos tomado nota de los defectos detectados y aplicado fórmulas de solución.

Los políticos son los encargados de representarnos y dar solución a los problemas de los que les mandatamos, pero es evidente que no sólo no dan respuesta a los problemas, sino que se están convirtiendo en el problema, no sirven, ni siquiera pretenden servir, pero se sirven muy bien de todos nosotros.

En toda democracia el político es un elemento fundamental, es el gerente o apoderado para la gestión del problema público, el encargado de, representando al ciudadano, servir de solución; pero, en el momento presente, sólo se están dedicando a inocular odio, enfrentamiento, división y lucrarse, sin resolver los problemas energéticos, económico, sanitarios, etc. que se han detectado y sin buscar formas de intervención futura ante futuras situaciones de crisis; es decir, no ven venir las crisis, no se enfrentan a las crisis, no resuelven los problemas urgentes que se detectan y no buscan soluciones de futuro… ¿para qué nos sirven? Salimos de las crisis menos, peores y solos, pero ellos sí que salen más, más fuertes y con nuestro esfuerzo.

 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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