Crónica de una crispación calculada

«Los extremos generan crispación». Éste es el mantra que repiten todas las TVs, como si de un guión del mismísimo Zapatero se tratara.

Analicemos los hechos por orden cronológico:

1. ACTO DE VALLECAS

El 7 de abril VOX abre su precampaña electoral con un acto en Vallecas. Policías y familias de simpatizantes, acompañadas de niños, son atacados con toda clase de objetos y pateados en el caso de los policías. Piedras y adoquines vuelan por encima de la cabeza de Santiago Abascal, a un palmo de la sien de Rocío Monasterio.

Las detenciones se van sucediendo. Hemos conocido que Interior ocultó durante 15 días las detenciones de dos trabajadores de la seguridad privada de Pablo Iglesias.

Las TVs y la prensa comienzan a presentar los hechos, equiparando la violencia de la extrema izquierda con la pacífica actitud de los asistentes al acto de VOX.

PP, PSOE y CS hablan de la «crispación entre partidos extremos que rompen la convivencia». Cada uno de ellos se sitúa en el punto de equilibrio capaz de traer la paz y la concordia que necesitan los españoles, sacando rédito a la criminalización de VOX. Al eje constitucional le cuesta llamar «extrema izquierda» a Unidas Podemos y a Más Madrid, pero les resulta fácil calificar como «ultraderecha» a VOX.

2. DEBATE A SEIS EN TELEMADRID

Y llegamos al debate a seis en Telemadrid. La izquierda no consiguió que Isabel Ayuso dejara de sonreir, ni tampoco aislar a Rocío Monasterio, que repartió a diestro y siniestro, sobretodo al siniestro. La candidata de VOX se impuso al resto, interpuso su escudo defendiendo a Isabel Ayuso, que se había convertido en el objetivo a batir por el trichavito, y consiguió exponer con claridad los puntos más fuertes de su programa para la Comunidad de Madrid.

Pablo Iglesias fue vapuleado por Rocío Monasterio y también recibió algún buen contrataque por parte de Isabel Ayuso, aunque ya es sabido que los debates no son el fuerte de Ayuso. Ángel Gabilondo se eliminó a sí mismo.

Las encuestas dejaban a Unidas Podemos fuera de la Asamblea y el PSOE reflejaba una bajada de puntos, así que necesitaban un drástico cambio de estrategia: «Pablo, tenemos doce días para ganar las elecciones».

3. AMENAZAS POR CORREO

Pasaron entonces al plan B. Aparecen las cartas de amenaza con balas dirigidas al Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; al líder de Podemos, Pablo Iglesias, y a la Directora General de la Guardia Civil, María Gámez. A pesar de encontrarnos en alerta antiterrorista Nivel 4, no hay ningún problema para que la munición pase los escáneres de Correos y del Ministerio sin ser interceptada y llegue a su destino.

Siguió otra carta recibida por la Ministra de Industria, Reyes Maroto, con una «navajita plateá» (Losantos dixit) aparentemente ensangrentada y de unos 7cm de hoja. No tardó en hacer una fotocopia en un folio tamaño DIN A4, transformando la «navajita plateá» de cortar jamón en la navaja de Curro Jiménez con una hoja del tamaño suficiente como para «rebanar» cuellos.

La Ministra sale a hacer su performance para acusar a VOX de la autoría del hecho: «Hoy todos los demócratas estamos amenazados de muerte si no paramos a VOX en las urnas», a sabiendas de que el sobre que portaba el «arma letal» (otro fallo de Correos) iba remitido, aportando todos los datos del autor, por un esquizofrénico residente en El Escorial. ¿Qué pretende la ministra con esta terrible frase? ¡MISERABLE!

Obligan a todos los partidos a condenar esas amenazas al más puro estilo «hermana yo sí te creo», incluso al Rey, sin el derecho a dudar de su veracidad. Montan un dramático «Gobierno Lives Matter».

4. DEBATE EN LA SER

Así llegó el lío en la SER por parte de Pablo Iglesias para no tener que debatir su programa, cuyas medidas estrella eran el guerracivilismo, «gafas y dientes gratis». De paso, sacaban a Ángel Gabilondo de la exposición mediática, ya que presenta problemas para hilar dos frases con sentido. Claro, que su Khamala Harris (Jana Jalloul), tampoco parece dar señales de vida inteligente.

A pesar de que hay grabadas tres condenas por parte de Rocío Monasterio a esas amenazas, Pablo Iglesias lo negó al más puro estilo Edmundo Iscariote. En contraposición, ella le ofreció la posibilidad de condenar los atentados a VOX en la mayor parte de sus actos. Iglesias no lo hizo, pero nadie se lo recriminó. Rocío Monasterio declaró: «Vino gritando a los técnicos, por los pasillos, que él no iba a debatir con la ultraderecha, que la estaban blanqueando. Pretendía dinamitar el debate desde el principio».

5. REACCIONES AL DEBATE DE LA SER

Al día siguiente, los medios de comunicación ofrecen la versión oficial: «Rocío Monasterio no ha condenado las amenazas, tensa el ambiente y Pablo Iglesias abandona el estudio de radio por la violencia de la ultraderecha».

El Presidente del Gobierno amenaza a VOX como jamás se ha conocido en política desde Indalecio Prieto y la Pasionaria: «es la última vez que la ultraderecha traspasa una línea roja».

CONCLUSIÓN

Toda esta es la farsa que necesita la izquierda para remontar y movilizar el voto. Una crispación provocada por el Presidente del Gobierno, que insulta a cuatro millones de españoles cada vez que sube a un estrado, llamándolos ultraderecha; por el Ministro del Interior y por la Directora de la Guardia Civil, que atacan a la derecha participando en un mitin del PSOE, despreciando esa neutralidad a la que están obligados como servidores del Estado; y por un totalitario que organiza directamente actos de violencia física contra VOX y defiende a los agresores.

Intentan transmitir que en la calle hay un ambiente de crispación preguerra civil. En absoluto. La gente está más abierta a relacionarse, a vivir en paz disfrutando de lo que nos privó el encierro. Estamos cansados, sólo tenemos ganas de vivir en libertad, cuidarnos del virus y trabajar.

Si queréis fomentar enfrentamientos civiles, no lo vais a hacer en nombre de los ciudadanos de bien, ni siquiera en el de la mayoría de vuestros votantes; lo haréis manejando a las bandas criminales que mantenéis con el dinero robado al esfuerzo de los españoles.

Norma Vega

No soy informadora, soy analista. Estamos en la era de la desinformación, de la performance política, así que al leer una noticia me pregunto: quién la emite, a quién beneficia y a quién perjudica, como si de un presunto delito se tratara, al fin y al cabo, una información falsa debería serlo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las siguientes reglas del RGPD deben leerse y aceptarse:
Este formulario recopila tu nombre, correo electrónico y el contenido para que podamos realizar un seguimiento de los comentarios dejados en la web. Para más información revisa nuestra política de privacidad, donde encontrarás más información sobre dónde, cómo y por qué almacenamos tus datos.

Botón volver arriba