Con la muerte en los balcones

Alguien tuvo la iniciativa de copiar a Italia en todas sus ocurrencias referentes a la pandemia, ya que fue después de China -país de origen del COVID-19-, el país más castigado por el maldito bicho.

Primero fueron los aviones echando humo de colores componiendo la bandera de Italia a los acordes de Nessun Dorma interpretada por el gran Pavarotti; nosotros, como monos de feria, hicimos lo mismo pero esta vez le tocó al Dúo Dinámico y a su Resistiré, que se ha convertido en el himno por excelencia de esta terrible desgracia.

Pero lo verdaderamente importante y lo que ha marcado un antes y un después en la historia del maldito COVID-19 han sido los aplausos desde los balcones, ahí si que nos hemos coronado junto con el virus, ahí sí que hemos echado el resto.

Desde que alguien tomó la iniciativa de emular a Italia para aplaudir a los sanitarios, la vida de los españoles ha pasado a ser una corrala con vistas al exterior. La gente canta, baila, toca instrumentos, hace deporte, se disfraza, cantan el cumpleaños feliz al vecino al que antes ni siquiera saludaban, celebran la Tamborrada, Moros y Cristianos, Semana Santa, y finalmente se convoca al vecindario para tomar juntos la mona de pascua al son de canciones adecuadas al evento y petardos varios.

En este momento en España hay casi 17.000 fallecidos oficiales, que nunca reales, y media España contagiada o a punto de hacerlo, pero algunos celebran cualquier cosa desde sus balcones; esta es y seguirá siendo la España de pandereta.

La gente no es consciente del dolor y del sufrimiento de tantas familias que vieron a sus enfermos partir en una ambulancia y no regresar jamás.

La gente no es consciente de que los ancianos están muriendo en las residencias a montones; la cifra ya asciende a 10.000.

La gente no es consciente de que los sanitarios ya no quieren aplausos, quieren material sanitario y hospitales de campaña.

La gente no es consciente de que lo que estamos viviendo no es un confinamiento, sino un arresto domiciliario y el que se lo salta se expone a pagar una multa.

La gente no es consciente del dolor ajeno.

La gente no es consciente de que no hay nada que celebrar.

La gente no es consciente de que hay comercios que nunca volverán a abrir.

La gente no es consciente de que hay quien no podrá pagar el alquiler y lo que es peor no tendrá para comer.

España entera está de luto, pero como siempre hay manipuladores políticos que quieren hacernos creer que todo está mejorando, cuando no es cierto.

No hay nada que celebrar porque mientras unos celebran cualquier cosa, no son conscientes de que también hay otros que están detrás de sus ventanas llorando la muerte en los balcones.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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