Con el coletas saltaron los plomos

España, a lo largo del proceso democrático, perdió un proyecto energético que permitiese una energía barata, propia, limpia y potente, ante la incapacidad de gestión común de las fuerzas políticas, nos pusimos en manos de Francia y de su coleguita internacional Argelino, e incluso de nuestro vecino Marruecos, que más que amigo es el más sincero enemigo.

Mientras Francia desarrollaba una energía nuclear potente, aquí asesinaba ETA a los directivos de las pocas centrales, la izquierda aplaudía con las orejas y los ecologistas se apuntaban tantos ridículos que, ahora, pagamos a pelo de diablo.

Europa nos impone la anulación del carbón como modelo energético, se producen todo tipo de cataclismos económicos en torno al petróleo, gestionado por regímenes totalitarios o islámicos cuyas economías se fundan en la masacre de sus pueblos y el latrocino permanente de unas élites dirigentes tocadas por el dedo de Dios, o del partido comunista del lugar, como nuevo Dios ateo.

El único momento, tras la muerte de Franco, en el que se intentó tomar medidas en orden a generar un plan hidrográfico nacional y un plan estratégico energético, fue con Aznar para, al llegar el visionario Zapatero, tras colgar su ceja, lo primero que hizo fue derogarlo y olvidar la España despoblada y las necesidades de la España seca, para eliminarlo y desarrollar un plan de energías alternativas que, amén de caras, poco resolutivas del problema y generadoras de grandes expectativas económicas, una vez puestas en marcha, les cambió el marco jurídico en reiteradas ocasiones para, finalmente, cubrir sus costos por la factura de luz.

Rajoy no hizo nada, absolutamente nada, en su modo muy propio de los dirigentes del PP de estar, alardear, pero no hacer nada de nada, se ponen de perfil y dejan pasar las cosas sin cambiar el rictus.

El destrozo energético es pues hijo de Zapatero, al que sirvió de nodriza Rajoy, no haciendo nada, y que, ahora, el Portero-Chulo del Club con final feliz pretende hacer un problema adulto con una política energética que pretende generar la “transición ecológica” que nadie sabe lo que es, porqué curso pretende dirigirse y cuál es su objetivo; es decir, tras el nombre pomposo y chiripitiflaútico no hay nada de nada serio, solvente, estudiado, evaluado y dirigido a un desarrollo debidamente previsto. Pero, si este es un destrozo mental, las propuestas de las nenas valientes del macho alfa ya se salen del cuadro proponiendo la nacionalización de la energía… por eso, en Venezuela, donde la energía no era un problema cuando llegaron estos destripaterrones, generaron el mayor problema energético y el mayor número de cortes de luz de la historia del país… buenas expectativas para el proyecto.

España precisa un plan hidrológico nacional que permita el desarrollo hídrico del país, como un plan energético nacional que recupere la energía nuclear, se produzcan procesos de evaluación real y efectiva de una red de autoabastecimiento de las familias, cubierta con una red nacional que cubra esas necesidades imprescindibles de los ciudadanos, se establezcan procesos de energías alternativas en las que la intervención estatal o administrativa se limite al planeamiento estructural que permita su desarrollo y cumpla con la salvaguarda del ecosistema.

El abastecimiento energético es un aspecto que debe de ser garantizado por seguridad nacional, por tratarse de una expectativa estratégica nacional y, por ende, debe de ser asegurado por el Estado, dejando el mercado abierto para el desarrollo empresarial en la máxima libertad, evitando y eliminando la intervención administrativa y la multiplicidad impositiva, cruel únicamente para el consumidor.

Precisamos la garantía social y el desarrollo interno con procesos de colaboración con los países amigos y estratégicamente no conflictivos con el nuestro, evitando caer en manos, como estamos, del enemigo potencial o del sector no integrado en nuestros movimientos internacionales.

Busquemos nuevas energías, pero no creemos falsos mitos con cambios climáticos, que no dudo se están produciendo, pero que si en otros tiempos los generaron los pedos de los dinosaurios, ahora no son los nuestros los que lo provoca, sino las políticas y actuaciones de China, India y Estados Unidos, frente a los que nuestra acción es absolutamente ineficaz, es la de un mosquito frente a un elefante. De modo que actuemos, sí, pero hagámoslo con inteligencia y dentro de nuestras posibilidades.

 

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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