Cómo ayudar al pequeño comercio de barrio

Algunas personas cercanas a mí están proponiendo una campaña para la utilización del comercio de barrio. Ya sabéis, cosas como:

  • “Haz tus compras en el pequeño comercio”. 
  • “Ayuda a mejorar la economía de tu barrio” 
  • “Mantén el barrio vivo”.

Estos amigos son gente a la que aprecio, y entiendo por qué lo hacen. 

Como se viene diciendo, en los momentos de crisis a la gente le sale lo mejor y lo peor. Yo también estoy convencido de que eso es así. Desde luego a mis amigos les sale lo mejor de lo mejor. Llevan todo este tiempo de confinamiento (casi me sale encierro) trabajando gratis, como voluntarios para ayudar a la gente que más está sufriendo necesidades. 

Están donando dinero, trabajando jornadas de 10 horas: cocinando, repartiendo alimentos y EPI´s, haciendo de psicólogos y de lo que haga falta. No sé si son la gente de mejores intenciones del mundo, pero andan en los primeros lugares. 

Lo que pasa es que, en esta campaña del pequeño comercio, se equivocan. He intentado explicárselo, pero la verdad es que con poco éxito.  Es por eso, que escribo estas líneas a ver si lo consigo.

Ayuda al prójimo y economía

Mezclar la ayuda al prójimo, la solidaridad, la caridad, llamarlo como queráis; con la economía no es buena idea. Mas bien, suele ser motivo de desastres, porque la economía tiene sus propias reglas: es un juego de equilibrios, no de voluntades. Cuando se rompen los equilibrios, llegan las catástrofes. Ya sea por monopolios u oligopolios, por reglamentaciones restrictivas, por nacionalizaciones o por campañas en contra de las leyes del mercado (campañas detrás de las que suele haber una motivación política que no se quiere hacer explicita).

Y aparte de no ser un tema de voluntades, tampoco debería ser una cuestión de ideologías. El socialismo lleva fracasando una y otra vez desde 1917 por ese motivo. Cuando les digo esto, a mis amigos, me llaman exagerado, que si les estoy llamando rojos y no sé cuántas cosas más. Ya os digo que rojos no son, son gente inteligente. 

Voy a utilizar un ejemplo histórico con el que espero se me entienda mejor, ya que son hechos.

Historia

A principios del siglo pasado, después del desastre de la crisis del 29, la hiperinflación en Alemania, durante los años 20; el triunfo de la revolución comunista en Rusia etc., parecía que las reglas del mercado ya no valían. Que la teoría liberal de la economía, solo era cosa de desalmados explotadores capitalistas. 

Por otro lado, el mundo estaba en plena segunda revolución industrial: la del petróleo, la electricidad para todos, los coches, los aviones… Y tener en cuenta que las revoluciones industriales no se paran. El escudo de bronce nunca ha ganado a la espada de hierro. 

Ahora estamos en otra crisis económico, además estamos entrando en la cuarta revolución industrial, la de la Inteligencia Artificial, el Big Data, la Robótica, la fusión entre tecnologías digitales y biológicas, etc. Y eso que apenas hemos asumido la tercera, la de las tecnologías de la información. 

Saber también, que en 1918 sufrimos la pandemia de la mal llamada gripe española. 

No sé si la historia se repite. Pero hay veces que, desde luego, lo parece. 

Pues bien, la segunda revolución industrial no se paró. Lo que pasa, que no la llevó a cabo el mercado. A pesar de haberla impulsado gente como Henry Ford, Edison, Karl Benz, André Gustave Citroën, etc., etc., etc. Todos ellos, como conocéis, capitalistas en estado puro. 

Miguel Primo de Rivera

¿Qué quién la continuó? Pues los estados. Fue la época del IRI, italiano, las políticas Keynesianas del New Deal de Roosevelt en los EEUU, y demás.

En España, el impulso estatal a la industrialización lo dio D. Miguel Primo de Rivera, un gobernante al que le debemos un reconocimiento que aún no ha recibido. 

Luego, el mundo se lió en La Guerra. Incluidos los españoles.

¡Ya sé que lo sabéis, paciencia! 

Después de la guerra, siguió el mismo proceso de impulso estatal de la economía, del desarrollo se decía entonces, hasta que Margaret Thatcher y Ronald Reagan trajeron el neoliberalismo, al que otros llamamos capitalismo de amiguetes, incrementando la riqueza mundial hasta niveles nunca vistos, dando impulso a la tercera revolución industrial (Google, Apple, IBM…) que habían empujado, como no podía ser de otra manera, los capitalistas. 

¿Y España? Pues en España, acabada nuestra guerra, por una mezcla de ideología falangista y de lo que se llamó el aislamiento internacional (aislamiento apoyado por socialistas y comunistas españoles, como no), entró en una fase nominada como autarquía. Para que se entienda: yo me lo guiso, yo me lo como. Lo que pasaba es que había poco que comprar para la comida. 

Un ejemplo, si tú querías importar cualquier cosa, tenías que pedir un permiso de importación, cumplimentar toneladas de papel a doble o triple copia y desde luego rezar para que te lo concedieran. Aunque hay que reconocer que la mayoría en vez de rezar, se dedicaban a comprar al funcionario de turno para conseguir el permiso de importación. Todo esto estaba aderezado por el contrabando, el estraperlo y la corrupción. 

¿Que cómo acabó la autarquía? Pues con el hundimiento de la producción agrícola e industrial, y una inflación que llegó hasta el 15 por ciento en 1956. La reacción del gobierno fue ayudar a la tienda de barrio con un aumento de los salarios que no hizo sino agravar la situación, al elevar aún más la inflación. La consecuencia fue el aumento de la deuda pública. Con un déficit muy elevado de la balanza de pagos y una consiguiente reducción de divisas hasta mínimos históricos. El 31 de diciembre de 1958, las reservas exteriores eran inferiores a la deuda exterior a corto plazo. Eso era la bancarrota, ya que no tenías para pagar. Es como si tuvierais que pagar 1.000€ en unos días, y solo tuvierais 300€ para pagarlos. 

La Economía

Todo en defensa de la economía del país. De la tienda de barrio. Eso sí, con una peseta hipervalorada como símbolo del orgullo nacional.  Un modo estupendo de no exportar lo poco que podíamos exportar. 

Aquello no podía seguir así, y no siguió. Llegaron los tecnócratas del Opus Dei y después de mucho esfuerzo consiguieron convencer al Jefe del Gobierno, D. Francisco Franco, para que autorizara un plan de estabilización y la apertura económica que permitiera un posterior desarrollo del país. Así fue, respetando (algo) las reglas del mercado, como se consiguió el triunfo del milagro económico del Franquismo. Bueno, y con un millón de emigrantes. Principalmente a Europa. 

Al igual que la segunda, la cuarta revolución industrial no se va a parar, y en España no hemos todavía pasado la fase de la implantación total de la tercera; y necesitamos empresas preparadas, no subvencionadas

La solidaridad, la caridad, no es un hecho económico, es un acto de humanidad, de patriotismo si queréis.  Pero la economía mejor dejarla en paz. Y una tienda, por muy de barrio que sea, forma parte del mercado. Es un elemento económico que no hay que distorsionar. 

Hay que ayudar a las empresas desde luego. Pero hay que ayudarlas enseñándolas a competir, a generar valor añadido, a innovar y a crecer. No se ayuda a un negocio con la caridad. 

Enrique Jesús Ortiz

Apasionado de la empresa. Treinta años montando y desmontando negocios. Aficionado a la economía pero no soy economista, así que ustedes sabrán disculparme. Apasionado por la historia. Amo el trabajo. Creo en la familia, en la propiedad privada y en la nación.

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