Cayetana. Error tras error

Cayetana, es que lo tienes todo en tu contra. Comenzaremos por el nombre. Ahora debías de llamarte Jenifer, Jesi o Merichel (si ya fuese Meritxell sería la bomba), Valentina o Lidia, no sé, alguno más moderno y no tan rancio como Cayetana, que parece el de mi abuela (Eloísa) un nombre precioso, pero de otra época.

Eres argentina, por más que española, pero ya no eres de la “pata del Cid” y, eso, en un partido de derecha, no se ve bien y en uno de izquierdas hubiera sido mejor venezolana, cubana o incluso chilena, pero coño Argentina…Nada, que por más que seas mi hermana de sangre, “fuite” un error y, encima, con ese acento maravilloso que enamora y genera envidias, a la par que demuestra que eres especial y distinta… Uf, demasiado para los que padecen necrosis neuronal.

Eres guapa, tranquila, meditada y cuando dices las cosas no agredes, pero duelen en el alma, pues están cargadas de solidez intelectual y seriedad, sin ser las alaracas inconsistentes de la derecha ramplona, por lo que, cuando te llaman radical, suena mal y parece peor al que escucha un discurso sereno, serio, pacífico, sin estridencias, pero solemnemente sincero… eso, en la derecha maricomplejina, genera envidias en los mononeuronales dirigentes que se saben estúpidos y les gustaría no serlo; miedo en las putillas y chaperines que rodean la sede en pos de una mirada del líder que les permita sentirse algo y que piensan, con razón, que los desprecias y los pisarías hasta hacerlos desaparecer; otros, melindrosos “chupaterrones” creen que con el movimiento del superior ellos/ellas podrán sentarse en la mesa de su señor.

Con la salida de Cayetana se pierde la derecha con intelecto para vencer por convencimiento dialéctico, por seriedad, por demostración empírica de la realidad, para reforzar la visión pictórica, de plexiglás, vacía y banal de la política sin neurona.

Que no estoy de acuerdo en algunas formas, en algunos planteamientos y a buen seguro mantendremos diferencias, es seguro. Que la libertad no es la individual sino la de la sociedad y que la lucha debe de ser común y no personal creo que es indiscutible; pero, que cuando se alcanza una posición no se deben de permitir las intromisiones, las traiciones, la mentiras, es algo indispensable y, desde arriba, no se puede hacer caso de la “meretriz de turno” o del  “lameculos del momento” para interferir en el trabajo que se esté realizando y turbar el mismo dando valor al gusano frente al que has puesto al mando.

Los partidos deben de huir del cesarismo, pero la estructura de mando se debe de mantener, la lealtad al superior debe de ser la norma y aquel que desde dentro pretende sustituir al superior, si lo hace con malas artes -muy habituales en la derecha- debería de ser penalizado.

Cuando en un partido observas cosas que deben de ser cambiadas lo correcto es comunicarlo, hacer lo posible por mejorar, ayudar a la transformación lealmente; pero, cuando un superior toma una decisión, en lugar de montar otro partido, intentar horadar las bases del propio, organizar tramas traidoras, debes de actuar con señorío y seriedad, de frente, dando la cara. Eso, Cayetana, muy pocos lo saben hacer y tú te pusiste, lo sabías, en el camino del segador, lo malo es que el segador llegó con el apoyo de arriba que no esperabas.

Los partidos deben de ampliar su espectro electoral no por cambiar los principios, como hacen, sino por convencer, por trabajar, por demostrar, por actuar coherentemente y hacer ver a los demás que sí se puede hacer política de otro modo, sin mentiras, sin traiciones, sin fotos innecesarias, sino con seriedad, formación y, sobre todo, humildad.

Tu cabeza, no sé qué sentido tiene justo en el momento en el que sólo y exclusivamente da oxígeno al adversario político, sirve de cobertura al contrario y hace daño en la base de flotación de los propios, no sólo por hacerlo, sino por cómo se ha hecho, sin diálogo, sin conversaciones, sin negociación, con aires de cesarismos imprecisos, innecesarios y, sobre todo, ineficaces.

Desde dentro, desde fuera, desde donde te encuentres, lucha por el mínimo común denominador de las diferentes parcelas de la derecha intelectualmente solvente, para así hacer un frente común contra la ruina que vivimos.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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