Casado, bueno para un bufete, pero sin visión de Estado

Entremos en la esencia del conflicto de actualidad que explotó ayer, 17 de febrero, entre el presidente del PP, Pablo Casado, y la presidenta de la C.A de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

La entrevista que le ha hecho hace unas horas Carlos Herrera ha demostrado que Casado es alguien que sabe hablar y reflexionar, que se mueve muy bien en la corta distancia y que afirma ser partidario de la transparencia. Parece ser, a tenor de esa entrevista, que la esencia del problema Casado-Ayuso está en un contrato de adjudicación directa de 1.5 millones de euros, que la Comunidad de Madrid hizo para comprar mascarillas sanitarias y del cual se derivó una comisión de 286.000 euros para un hermano de la presidenta de la Comunidad.

No se trata solo de un tema interno del Partido Popular ya que, al hacerse público, afecta a la honorabilidad de la presidenta de la Comunidad, que cuenta con un gran y creciente apoyo de los ciudadanos madrileños. Eso exige que sea resuelto públicamente con transparencia. No hay otro camino. Parece que se da por hecho que ha habido ese contrato, pero ¿ha habido esa comisión o no? Si la ha habido habrá que presentar pruebas al respecto para lo cual es muy posible que haya que abrir un proceso judicial para poder recabarlas. No obstante, eso llevaría su tiempo, aunque no tanto como llevó el caso de los ERE, y la presidenta Ayuso no puede permitirse seguir bajo sospecha más allá de mañana mismo. Para ello sólo le queda un movimiento. No puede enrocarse. Tiene de inmediato que preguntar a su hermano si ha percibido o no una comisión y en qué cuantía y hacer pública su respuesta. A continuación, si la comisión se ha producido, tiene que dar todo tipo de detalles para dejar muy claro que ella no ha tenido nada que ver en el proceso de adjudicación de ese contrato.

Todo esto es necesario. Ahora bien, es muy importante que los árboles no nos impidan ver el bosque. En política hay que centrarse en lo importante y no en la “politiquilla” o en los “politiqueos”. Si la presidenta Ayuso sale indemne de este caso, como es de desear, y si no sale también, lo que hay que plantearse es la política nacional. Los ciudadanos no debemos permitir que el PP, que es el primer partido de la oposición, siga emboscado en la ambigüedad de sus principios a los que dediqué mi artículo de ayer VOX fuerza al PP a hablar de principios. Debemos tener en cuenta que hay en marcha un proceso de recuperación de la derecha, frente al desastre creciente a que nos lleva Sánchez. El desalojo del PSOE de Andalucía en enero de 2019; su aplastante derrota en Madrid en las elecciones de mayo de 2021 y la trascendente victoria en este mes de febrero de la derecha en Castilla y León, en las que la suma de PP y VOX constituye una sólida mayoría absoluta, han abierto un panorama de esperanza para desalojar a Sánchez en las próximas generales.

Es ahí donde debe concentrarse la alta política. Lástima que Casado, que puede ser un excelente miembro de un bufete de abogados, carezca de visión de Estado. Pretende, y hasta ahora no ha enmendado su posición, algo imposible y es que VOX dé un cheque en blanco al PP para gobernar en solitario en Castilla y León. No cabe ejemplo mayor de carencia de visión política y de realismo. Una cosa es buscar en los entresijos de un contrato, lo cual está muy bien, y otra cosa es ser el presidente de Gobierno que España necesita. Casado ni ha dicho, ni dirá, cuál es su visión de España y ni siquiera su interpretación de los tres primeros artículos de la Constitución. Como vecino de urbanización seguramente es encantador, también lo es Rajoy, pero para España será un desastre. Esperemos, por el bien general de la Nación, que sus barones, Mañueco el primero, le convenzan de que un gobierno PP-VOX es lo que necesita CyL. Si no lo hace deberá ir pensando en dimitir y dejar que Ayuso, si sale incólume de este desdichado contrato, lo sustituya al frente del partido Popular.

 

Enrique Miguel Sánchez Motos

Administrador Civil del Estado. Autor del libro “Historia del Comunismo. De Marx a Gorbachov, el camino rojo del Marxismo”

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