Carta abierta a Andrés Manuel López Obrador

Carta abierta

Ciudad de México, 2 de diciembre de 2018

Lic. Andrés Manuel López Obrador

Presidente Constitucional de los

Estados Unidos Méxicanos

Presente

 

Ciudadano Presidente de la República:

Primero que nada, le deseo una gestión exitosa al frente del Poder Ejecutivo Federal. Recibe, en efecto, un país en quiebra, pero no sólo en lo económico sino, también, en lo moral y lo ético.

El resumen económico que hizo usted de los daños profundos causados por 36 años de neoliberalismo fue preciso, exacto, claro y justo. Nada se le puede objetar. Por eso, su antecesor, Enrique Peña Nieto, tuvo que agachar la cabeza, tapar sus ojos y morderse los labios varias veces. Ni siquiera la amnistía a los corruptos es cuestionable de fondo, porque  sumiría al país en un escenario de venganzas, represalias y divisiones mortales para la nación.

Incluso, es comprensible la decisión de ratificar sus compromisos ante representantes de pueblos indígenas en la ceremonia que se efectuó en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, porque usted siempre ha querido estar cerca de ellos.

De espaldas a la Catedral Metropolitana, le sometieron a una «limpia», es decir, a un ritual pagano, a fin de que los ancestros de las culturas originarias le protejan en los próximos seis años. En ese marco, usted dijo que México es todo.

Ante una multitud compuesta por decenas de miles de personas, se refirió con humanismo a los adultos mayores, a los jóvenes, a los niños… Ellos, en efecto, son México. Prometió que su gobierno velará por los más pobres y los más débiles. Está bien.

Estamos de acuerdo, por otra parte, en que se reabra el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y que se castigue a los presuntos culpables. Nos queda claro que todos los indiciados y procesados tendrán derecho a la defensa, ¿verdad?

Con la amnistía, los corruptos ya no tendrán de qué preocuparse. Es un «borrón y cuenta nueva». Si persisten en sus prácticas delictivas, entonces sí, serán sometidos a procesos administrativos y judiciales. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos les garantizará, sin embargo, el acceso a un abogado que los represente, o a un despacho de abogados defensores.

Presidente López Obrador: usted, incluso, promoverá la aprobación de una «Constitución Moral». Todo, hasta aquí, suena bien. Todo excepto tres cosas:

  1. El plan de su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, de generalizar la práctica del «aborto legal». Las criaturas abortadas también son seres humanos. También forman parte de México.

De hecho, son la esperanza de la Nación. Son seres que se desarrollan pacíficamente en el seno de sus madres. Nada saben ellas de corrupción y de traiciones.

Son las más vulnerables. A diferencia de los corruptos y de los criminales -a unos, los amnistiará; a otros, los enjuiciará- no tienen abogados defensores. ¿No le parece un contrasentido que Sánchez Cordero los haya condenado a muerte nada más por ser una liberal extremista y dogmática.

Señor Presidente: abortar a una criatura,  engendrada a consecuencia de una violación, no revertirá este abuso.

El Estado mexicano cuenta con instancias de salud para atender a las mujeres violadas y con instituciones de educación que pueden formar a estas personitas que no tienen culpa alguna. ¿Las imagina usted siendo queridas, valoradas y educadas por familias de bien? ¿Las ve usted, como estadista, creciendo -por ejemplo- en los colegios Militar y del Aire, o en la Naval? México es todo. Y ellos son México.

  1. La libertad de conciencia: para usted, fue correcto someterse a una «limpia», teniendo a sus espaldas a la Catedral Metropolitana. Para otros -la gran mayoría- hubiera sido muy significativo que recibiera la bendición de Dios Todopoderoso.

En una república laica, como la que usted encabeza, con influencia del liberalismo del siglo XIX, eso está prohibido. ¿Pero la «limpia» acaso, no tuvo tintes religiosos? En esta circunstancia, ciudadano Presidente, hay una clara contradicción.

Le solicito que así como se garantizará la libertad de hacer «limpias», así se permita, de igual manera, la libertad de los padres a educar a sus hijos para que crean en Dios y conforme al derecho natural

El primer derecho es el derecho a la vida. Y la vida ha sido, es y será, un don superior a cualquier constitución o estatuto de gobierno.

Ninguna constitución, por muy perfecta que sea, puede dar vida. En cambio, está obligada a protegerla, desde el momento de la concepción y hasta su fin, por razones naturales.

Licenciado López Obrador: ni usted ni nadie pueden ordenar a un espermatozoide que fecunde a un óvulo; tampoco, dar a un óvulo la orden de que se deje fertilizar por tal o cual espermatozoide. El maravilloso proceso de la vida está muy, pero muy encima, del poder temporal.

  1. La legalización de las drogas. Otra vez, ateniéndome a la más sencilla lógica, puedo decirle que lo «legal» no siempre es lo legítimo. Es legítimo cuidar la salud. Las drogas, no por ser «legales» dejan de ser dañinas. En el alcohol y el tabaco tenemos dos ejemplos.

La «legalización» de las drogas sería ilegítima, desde el punto de vista ético.

Señor Presidente de México:

Tendrá usted una oportunidad de seis años para rescatar a la Patria mexicana y devolverle su esplendor.

La mayoría de los votantes confía en usted, confiamos en usted. Yo le di mi voto. Y quienes le negaron el sufragio -sea porque se abstuvieron de acudir a las urnas, o porque cruzaron la boleta donde figuraba el nombre de otro candidato- anhelan, también, un buen México.

Usted, en estas pocas horas de mandato, ha hecho mucho énfasis en la necesidad de que el bienestar sea para todos los mexicanos. En su discurso, asocia bienestar con felicidad.

Empero, el ser humano -compuesto por las dimensiones corporal, intelectual, volitiva, afectiva y trascendente- no sólo aspira al bienestar, porque sabe que la verdadera felicidad, o sea, la plenitud, no sólo está en el estar-bien, sino en el bien-ser (en el ser bueno).

Aplaudo que trabaje por el bienestar de la población. Qué bueno que tenga en su proyecto, una «Constitución Moral». Tenga en cuenta, sin embargo, que sin personas no hay moral. Y que una moral correcta comienza por proclamar el derecho a la vida y el respeto absoluto a la existencia.

La primera categoría de bien, Señor Presidente, es la del bien ontológico. Es mejor ser que no ser. Es mejor el ser que la nada. Evite que su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, le niegue la existencia a cientos de miles, tal vez a millones de mexicanos que no se pueden defender.

México comienza a envejecer; por lo tanto, tendrá cada vez menos jóvenes y más adultos mayores que requerirán algo más que una pensión.

Esto es lo que quiere Olga Sánchez Cordero. La recta razón, fundamentada en la Ética («Haz el bien y evita el mal») rechaza tal política genocida.

Señor Presidente: ninguna persona estorba. Es más: son las personas, las que con su voto, ponen y quitan gobiernos (o al menos, eso se dice).

Dejar en Gobernación a Sánchez Cordero será tanto como admitir que hay mexicanos de primera, que merecen vivir, y otros de segunda, que deben ser abortados. Ella y los que le apoyan quieren agudizar la quiebra moral y ética de México.

Permítame una reflexión final: un segundo tipo de bien, es el técnico o útil. En este caso, es correcto que se atienda a las personas que padecen alguna adicción, sin criminalizarlas. Lo que estará mal, es que el Estado mexicano se convierta en promotor del consumo de drogas, porque éstas roban a la gente su capacidad de autogobierno y lesionan su dignidad.

Me permití difundir esta carta con base en su promesa de que se respetará la libertad de expresión. Espero, de verdad, que la tome en cuenta.

Sin otro particular, le reitero mis mejores deseos. Tiene usted la oportunidad de convertirse en el mejor presidente de México. Si se conduce con ética, podrá lograrlo. Espero que así sea.

 

Atentamente

Jorge Santa Cruz

Periodista mexicano

jlsc.ua@gmail.com

Jorge Santa Cruz

Periodista mexicano, católico y conservador.

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