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Camino a la Vida, no Halloween

A pesar de nuestra fe, el acto de la muerte ha supuesto siempre un tema triste que hemos tratado de evitar. Una parte de este proceso (justo antes de morir) ha podido ser investigado y nos ayuda a afrontar la muerte como un esperanzador regalo si, como apunta el Padre Miguel Segura L.C., durante la vida hemos actuado bien.

La muerte no es el final. El título de esta canción religiosa -himno en el ejército español- nos adelanta, además de las raíces cristianas del citado ejército, el convencimiento de que nuestra vida terrena no es más que una etapa en el camino, una breve etapa de nuestra existencia.

Hace algún tiempo cayó en mis manos un libro de la Doctora Kübler-Ross. Con 23 doctorados honoríficos, trabajó 25 años con enfermos terminales, hasta culminar su investigación sobre los momentos previos a la muerte. Explica, basándose en testimonios de personas que han estado en situación terminal y lo han superado, lo que experimentaríamos durante esos momentos iniciales de transición hacia la Vida Eterna.

En la primera etapa tendríamos el cuerpo que se deteriora. Caracterizaría esta etapa la energía física (funciones del cuerpo) y la conciencia. Es a partir de esta etapa donde las investigaciones de la doctora  adquieren relevancia.

Nueva percepción. Energía psíquica

Una vez el cuerpo deja de realizar sus funciones (energía física) y abandonada la conciencia entraríamos en la segunda etapa, la etapa de la energía psíquica.

En esta etapa la persona estaría dotada de capacidad para ver todo lo que ocurre en el lugar donde se inicia el proceso -habitación de hospital, lugar del accidente…-. Es un nuevo tipo de percepción.

Ha habido personas que han sido capaces de explicar, a pesar de haber estado sin tensión arterial, pulso y respiración al límite, el número de la matrícula del vehículo que los atropelló y se dio a la fuga, o como la liberaban del amasijo de hierros en el que quedó convertido su coche tras el accidente. Esto no tiene explicación científica, son experiencias relatadas por esas personas al volver al estado de conciencia.

Parece que, en esta etapa, la persona aún podría detectar las longitudes de onda terrestres y comprender todo lo que ocurre en el lugar.

Según las investigaciones de la doctora la persona, inconsciente, en fase de fallecimiento, seguiría oyendo. Sería como un silbato de perro que nosotros no oímos pero el animal puede captar en otra longitud de onda. Además se volvería a la situación de integridad corporal. Es decir, desaparecería la sensación de cualquier tara o mutilación que tuviere.

Una enfermera de la doctora que tenía esclerosis múltiple e iba en silla de ruedas comentó al volver de una experiencia en el umbral de la muerte: “Doctora Ross, ¡yo podía bailar de nuevo!!
Otros, que llevaban más de 10 años sin percibir luminosidad, podían describir detalladamente los colores, dibujos de los jerseys, corbatas… de las personas que la rodeaban en ese momento. Esto demuestra que no es una “proyección del deseo”, como argumentaron algunos científicos escépticos con las investigaciones.

Importante y esperanzador en esta etapa sería el descubrimiento de que, según se desprende de las investigaciones de la doctora, nadie estaría solo durante el proceso de fallecimiento. En la nueva dimensión carente de espacio y tiempo, seríamos esperados por la persona que más amamos si esta murió antes, o disfrutaríamos de su presencia por muy distante que se encontrare físicamente del lugar donde fallecemos (esto es discutible teológicamente).

Esta fase de percepción psíquica, antes morir, sería una fase que estaría marcada por factores culturales terrestres.

El final del viaje…

Al final de este pasaje, según consenso de personas que han experimentado esta experiencia extracorporal, brillaría una luz que nos haría sentir llenos de Amor a medida que nos acercáramos a ella.

Frente a esta Luz (Cristo, Dios, Amor…) nos daríamos cuenta de lo que el hombre hubiera podido ser y de que toda nuestra existencia aquí fue solo una escuela en la que aprender ciertas cosas antes de afrontar la transición definitiva.

Con esta Presencia haríamos la revisión completa de nuestra vida terrenal y, siendo esta revisión positiva, si permaneciéramos mucho tiempo experimentando esa Paz Incondicional ya no se querría volver a la tierra.

…la etapa del Conocimiento

En esta etapa no dispondríamos de la conciencia, presente en la primera, ni de la capacidad de percepción de la segunda. Veríamos cada pensamiento, cada acto, cada palabra pronunciada en nuestra vida y sus consecuencias.

Constataríamos que no es Dios el responsable de los que nos pasó sino nosotros mismos y comprobaríamos cuantas oportunidades de crecer dejamos pasar. Todos los problemas, desgracias y dificultades fueron oportunidades de crecer. De crecer en comprensión, de crecer en valores, de crecer en amor.

La conclusión más importante del trabajo de la doctora Ross es que el tránsito hacia la Vida no debe ser un hecho triste si se han hecho las cosas bien. Gracias a nuestra fe podremos afrontar la muerte, propia o ajena, con paz y serenidad… siempre que hayamos recorrido el camino «como Dios manda»

Porque como dice este vídeo que os dejo, es un camino a la Vida. La muerte no es el final.

Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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