Bienvenido a la disidencia: Cómo librarse de llevar la mascarilla

Era mediodía. En los exteriores del convento, que estaba rodeado por un espeso bosque de encinas, no se veía a nadie. Tampoco había nadie en el vestíbulo de entrada a la iglesia, y asimismo el templo estaba vacío.

Allí, en la portería, un fraile aguardaba a los posibles compradores de recuerdos, completamente solo, pero, eso sí, embutido en su mascarilla. Les aseguro que lo he visto con mis propios ojos, que no les estoy mintiendo.

Algo que no he visto, pero que me han contado, es aquella escena esperpéntica en la que una marujona sale al balcón de su casa con la cojonera mascarilla, que para ella por supuesto que no lo será, a juzgar por su ufana ostensión.

 

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¿Qué le está pasando al otrora gallardo pueblo español, valeroso conquistador de tierras y pueblos indómitos, en un ejercicio de heroicidad sin parangón en la historia, pero que ahora está en las antípodas de ser aquella ínclita raza ubérrima que celebrara Rubén Darío? ¿Qué fue de aquella raza que desafió asfixiantes anacondas, que sufrió los ataques de mosquitos como caballos, que despreció voraces pirañas, que conquistó caníbales y reductores de cabezas; que dio vueltas al mundo entre epidemias, horrísonas tormentas, escorbutos y hambrunas, para pasmo de la historia, hasta el punto de que hasta en la más inicua leyenda negra se reconoce nuestro arrojo y valentía?

Mas ved aquí ahora un patético rebaño de enmascarados, españolitos arrastrando los pies y el alma como corderos rumbo al matadero, con el terror bailando en sus ojos, oteando ectoplasmas de virus que pueden salir de cualquier parte para atacarles precisamente a ellos, aferrados tenazmente a sus vidas vacías, desangradas en la náusea del que teme al más allá, en la creencia ciega en un Himalaya de mentiras francamente pasmoso sobre un supuesto virus, lobotomizados sin piedad por los medios de comunicación…

¿Dónde vas, españolito? ¿Dónde vas, triste de ti? ¿Dónde vas con la mascarilla dentro del coche a más de 40°? ¿Dónde vas con el bozal, si estás solo en una vastedad de pinos, en un extenso páramo dorado de trigales recién levantados, en una callejuela de un pueblo profundo, en un parque urbano donde sólo estáis tú y los pájaros, un bulevar donde tus enmascarillados colegas están a bastantes metros de distancia?

¿Qué estás haciendo, españolito? ¿Llevas la mascarilla para no contagiarme a mí, por la gran estima que me tienes? ¿Te sientes orgulloso de colaborar en la salvación del mundo con tu patética mordaza, ufano de ser tan solidario y buenista? ¿Piensas acaso que tu bozal te va a proteger de un virus que muy posiblemente ni exista, cuando es archisabido que esa telita que te amordaza el alma no sirve para protegerte de nada? ¿No has visto los impresionantes trajes de astronauta o de buzo que lleva el personal que manipula virus?

¿Realmente crees que yo te pido que lleves ese artilugio venenoso en tu boca para que no me contagies? Pues oye bien lo que te digo: No, gracias. Desde luego, si lo llevas no es para protegerme a mí, pues mi vida te importa un rábano, sino para defender tu vida vacía de la Parca que sólo existe en tu imaginación.

¿Las multas? Ah, españolito miedoso, cobarde, y además ignorante: ¿es que acaso todavía no te has enterado que no tienes ninguna obligación de llevar la puta mordaza? ¿Es que eres un patético pussycat adoctrinado por las televisiones? ¿Es que, con tal de no pensar un poco, de usar la materia gris, te crees la tremenda montaña de falsedades con que están lavando tu cerebro?

Escucha, corderillo en flor, porque la puta ley dice que están exentos de la mascarilla las personas que padezcan dificultad respiratoria, u otro tipo de enfermedad que desaconseje su uso. Y, lo que es más importante, en el decreto no se afirma en ningún momento que tengas obligación de presentar algún justificante que acredite la molestia de salud que alegas para no llevar la mascarilla. ¿Sabes por qué esa omisión llamativa?: porque, según la Ley de Protección de Datos, no tienes ninguna obligación de presentar documentos que pertenecen a tu intimidad y a  tu privacidad, nadie te los puede exigir, porque en este caso estarían incurriendo en un delito perfectamente denunciable ante la Agencia de Datos, y en cualquier juzgado. Te lo repito: es totalmente contrario a la ley que nadie te pueda pedir que muestres documentos que pertenecen a tu esfera privada, y más si estos contienen datos médicos, pues tu historial sanitario solamente le compete a tu médico y a ti. Esa es la razón por la que el gobierno se ha cuidado muy mucho de imponer la obligación de enseñar ningún tipo de justificación médica, porque, al estar infringiendo una ley, podría recibir muchísimas denuncias.

Así que, españolito akobardado, ejemplar ciudadano que lleva la mascarilla hasta bajo la ducha, no tienes obligación de llevar la mascarilla: y lo sabes. Cuando alguien ―policía o no― te conmine a que te la pongas, le puedes enseñar el documento de exención de las mascarillas que te adjunto al final de este artículo, con una argumentación irrebatible que hará desistir de su amenaza a cualquiera que pretenda denunciarte. En el caso de que persistiera en su afán intimidatorio, di tranquilamente al denunciante que, a su vez, tú le denunciarás ante la Agencia de Protección de Datos y ante el juzgado, y lo más seguro es que desista de su actitud.

Además de este documento ―elaborado por un bufete de abogados―, te pongo también el enlace a una carpeta donde tienes varios modelos con los que podrás denunciar a los comercios que pretendan obligarte a que enseñes una justificación médica, a las fuerzas de seguridad que pretenden hacer lo mismo, y, en general, a todos aquellos que pretendan violar tus derechos, recogidos en la Constitución.

Y no estaría de más que, en vez de intoxicarte con los Himalayas de mentiras, de virus, de rebrotes y la madre que los parió, investigaras por tu cuenta por una vez, y así descubrirías que la Organización Mundial de la Salud ha reiterado que las mascarillas no son aconsejables, ni eficaces; que el virus ―si existe― no se transmite por el aire, que sólo se contagia si alguien tose o estornuda en tu dirección a menos de un metro de distancia; que los test son una auténtica patraña, que dan muchísimos falsos positivos, pues no sirven para detectar ningún virus en concreto, como así lo ha afirmado el que inventó la prueba PCR;  que las mascarillas son un experimento  de la élite satánica que domina el mundo con el fin de comprobar hasta qué punto las poblaciones son serviles y se someten a la tiranía; que son un atentado contra la salud, como todo el mundo sabe; que, además de enfermarnos, lo que buscan con ellas es seguir alimentando el clima de terror, cuando no hay ninguna justificación médica y sanitaria para llevarla, con el fin de que este pánico lleve a la gente imbecilizada a suplicar por la vacuna satánica que, además de inocularnos enfermedades que diezmarán a la población mundial, seguramente vendrá con un maléfico chip que nos robará la mente y el alma, además de proporcionar pingües beneficios al Big Pharma; que otro objetivo que buscan con  la mordaza es hacer debilitar al máximo nuestro sistema inmunológico, el cual se robustece justamente entrando en contacto con los  microorganismos del entorno, algo muy difícil de conseguir si llevamos la boca y la nariz tapadas… Y así, cuando suelten más virus en el otoño, van a pillar a la gente  enfermiza, debilitada por el horror antihigiénico de los bozales… ¿Tan difícil es que entiendas todas estas cosas, que son de sentido común, y que no precisan  doctorados en bioquímica para aprehenderlas?

Sinceramente, jamás pensé que fuera capaz de presenciar espectáculos tan dantescos, tan ridículos, tan grotescos y burlescos como verme rodeado por multitudes robotizadas, por gente sin personalidad, sin materia gris, sin coraje, con una ignorancia mayúscula encima… Chicos y grandes, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, cultos y palurdos, de derecha y de izquierda… El carnaval es francamente insoportable, el aquelarre es insufrible, y me da vergüenza ajena,

Así que, españolito, escarba un poquito en tu ADN, por favor, y recupera esa chispita racial que todavía debe quedarte en tus adentros; recupera una mínima porción de tu cerebro, aquella que te permita recuperar tu libertad, tu dignidad, tu valor como ser humano… Y recupera también aquella parte de tu ADN que te hace un hijo de Dios irrepetible, que jamás puede arrastrarse ante los poderes de este mundo.

Y, sobre todo, sé libre: bienvenido a la disidencia.

PD: Aquí tienes los documentos que te harán recuperar tu preciosa libertad. Ponte a ello.

 

Documento de exención de la mascarilla: http://www.mediafire.com/file/558uya8xi2eh6yg/DOCUMENTO_DE_EXENCI%25C3%2593N_DE_LA_MASCARILLA.docx/file

Protección de datos: http://www.mediafire.com/file/65jsjm214eac5c4/Reclamaciones_Protecci%25C3%25B3n_de_Datos.docx/file

Reclamación comercios: http://www.mediafire.com/file/d0ttrb8bcmd8dvk/RECLAMACION_CONSUMO.doc/file

Reclamación policía: http://www.mediafire.com/file/bwuewlvnq9kodmw/RECLAMACION_POLICIA.doc/file

 

Para más información:  https://thecoronaviruslegal.wordpress.com/

 

Laureano Benítez Grande-Caballero

Sevillano, profesor de Historia jubilado, escritor de 35 libros, la mayoría de tema católico. Articulista en muchos medios digitales patrióticos, tertuliano ocasional en Radio Ya, imparte conferencias por toda España sobre el Padre Pío de Pietrelcina. Sus últimos libros publicados son EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, y LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

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