Bankia y la presunción de inocencia

Nos pasamos el día juzgando hechos y personas. Juzgamos tanto, que al acostarnos no nos quedan fuerzas para juzgarnos a nosotros mismos y desaprovechamos la oportunidad de buscar puntos de mejora.

Qué manía!! Muchas días, mientras escucho las noticias de la mañana sobre casos de corrupción, me reprocho mi inclinación a condenar a políticos presuntamente corruptos por indicios. El gremio político lo pone fácil. Los indicios los “siembra” sutilmente el locutor de la emisora que tenga sintonizada en ese momento. La prensa va poniendo las indicaciones que nos llevan por el camino que ellos quieren y al final… condenado!!, «pena de telediario».

La verdad es que la situación política se presta a ello, pero hay muchos casos que nos deben llevar a reflexionar sobre el ”puenteo” a la presunción de inocencia, uno de los pilares sobre los que se asienta el Estado de Derecho.

Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro

 

Afortunadamente esto dura lo que tarde en espabilar y darme cuenta que hay que estar continuamente en guardia para no ser manipulado por las ondas. Lo preocupante es que también trasladamos a la vida cotidiana esta inclinación a convertirnos en juez, sin haber estudiado la carrera y sin haber hecho oposiciones. No dejamos títere con cabeza.

¿Seríamos capaces de auto-analizarnos con el mismo rigor con que juzgamos al prójimo?

La presunción de inocencia

No soy jurista, pero todos sabemos que  en un Estado de Derecho, la presunción de inocencia es un principio básico para la convivencia.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos recoge en su artículo 11:

“Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesaria para su defensa”

Es además un principio jurídico penal que establece la inocencia de la persona como regla hasta que se demuestre lo contrario…excepto en casos progresistas de «violencia machista» e ideología de género, donde, contra toda razón, se invierte la carga y es el acusado quien tiene que probar su inocencia (un disparate).

El maestro liendre: De todo sabe y de nada entiende

Es importante formarse opinión sobre distintas cuestiones, pero debe ser una opinión elaborada sobre criterios sólidos y no sobre las habladurías de los demás. ¿Cuánto tiempo dedicamos a contrastar informaciones en distintas fuentes antes de crearnos una opinión sobre algo? Hoy todos tenemos la posibilidad de acudir a internet y consultar distintas fuentes -no solo las coincidentes con nuestras ideas sino también las contrarias- antes de crearnos esa opinión.

Eso sí, una cosa es tener una opinión y  otra cosa es condenar taxativamente algo que no ha sido demostrado. Lo más prudente, probablemente, sería permanecer callados y no hacer juicios de valor.

¿Qué pasaría si algún día alguien se arroja delante de nuestro coche y nos acusan del atropello? ¿y si nos acusaran de un fraude que no hemos cometido?, ¿y si nos imputan un adulterio inexistente?…hay infinidad de situaciones de las que podemos ser acusados a lo largo de nuestra vida y en las que nos gustaría que se respetara nuestra presunción de inocencia, entonces, ¿por qué somos tan rápidos en nuestra condena al prójimo?

“No juzques y no serás juzgado”

 

Y luego, el perdón. Pedirlo y concederlo

Decimos en el Padrenuestro: “…perdona  nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quien nos ofende…”

Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad? No sé a ustedes, pero a mi hay veces que me cuesta la misma vida perdonar ciertas cosas. No hablo de grandes cosas que puedan pasar a nivel político y que realmente no me inciden directamente en el momento, sino de afrentas de la vida cotidiana. A veces hace falta mucho tiempo para que el dolor provocado por un ataque   personal, fundado o no, desaparezca.

En algún lugar leí que tener cuentas pendientes son como cargar una pesada mochila llena de piedras. El peso se nota más a medida que pasa el tiempo en el que sostenemos esa mochila. Hasta que nos insensibilizamos y ese peso, ese rencor, pasa a formar parte de nosotros. Nos acostumbramos pero el exceso de peso nos impedirá hacer muchas cosas, limitará enormemente nuestra capacidad de movimiento.

Perdonar es como deshacernos de esa mochila, liberarnos del peso. La sensación de alivio nos lleva a no comprender cómo pudimos estar tanto tiempo cargando la mochila inútilmente cuando podíamos haberla dejado.

En los temas que afectan al colectivo social el perdón debe pasar, evidentemente, por el cumplimiento de la pena redentora impuesta judicialmente. Demasiadas veces la vanidosa condena de la sociedad, que no ha respetado la presunción de inocencia, hace pasar a muchas personas, inocentes de la falta que se les imputa, por un calvario.

En los temas personales es la caridad y la misericordia quien determinará el tiempo durante el que cargaremos con la pesada mochila llena de piedras. Y es tan difícil no prejuzgar… y no digamos nada sobre disculparnos cuando nos equivocamos…¿quien no se ha visto alguna vez en una situación como la de este vídeo?

Antón de la Puerta Domecq

Burke dijo que “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”. Por eso mi afición a escribir me ha llevado a intentar aportar mi granito de arena en la lucha contra la progresía y el marxismo cultural. Me limito a simplificar temas complejos para intentar hacerlos accesibles al mayor número de personas posible, sin más pretensiones. Ojalá consiga hacer reflexionar a uno solo de mis lectores. España y los españoles merecen que le quiten la venda de los ojos…volvamos a los Valores!!

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