Ay de mi España: fábula de los ternerillos y las golondrinas («Dona, dona, dona, dona… dona, dona, dona, do»)

Sobre el borreguismo de las masas...

En un vagón de tren con destino al matadero, va un becerro con ojos llorosos, pues sabe el destino que le aguarda, mientras que justo encima del vagón una golondrina vuela rápidamente a través del cielo de verano.

Al ver su expresión compungida y temerosa, el granjero se vuelve hacia el ternero y le dice: «Deja de quejarte: ¿Quién te obligó a ser un becerro? ¿Por qué no elegiste tener alas para volar, orgulloso y libre como las golondrinas? A los becerros se les ata y masacra fácilmente y nunca saben por qué; pero quien atesora la libertad, como la golondrina, ha aprendido a volar.

Cómo se ríen los vientos, se ríen con todas sus fuerzas; ríen y ríen durante todo el día, y parte de las noches de verano.

Dona, dona, dona, dona… Dona, dona, dona, do… Dona, dona, dona, dona… Dona, dona, dona, do.

Esta historia es la letra de la canción «Dona, Dona», de la cantante norteamericana Joan Báez, artista de la misma camada de Bob Dylan ―de quien fue pareja artística, y sentimental por un tiempo―. Confieso que Joan fue uno de mis sueños románticos durante mi juventud, compartiendo esta categoría con Marisol e Ingrid Bergman. De esta última me desenamoré por celos cuando se casó con Roberto Rossellini; de Marisol tardé algo más de tiempo, pues me desenganché definitivamente de ella después de mi conversión al nacionalcatolicismo, catarsis que me llevó a repudiarla porque la Pepa Flores siempre fue muy roja… ¿La Báez?: Bueno, aunque no sé a ciencia cierta si es roja, su activismo estilo hippie se parece demasiado al podemismo para que ahora sea santa de mi devoción (Sic transit gloria mundi, pues ya apenas me quedan personajes para poner sobre mi peana).

En fin, que la vida da vueltas, vueltas da la vida, y, tras tararear la cancioncilla de «Dona, dona» durante toda mi vida, hace unos días vine a tener acceso al significado de su letra,  que me dejó absolutamente estupefacto, hasta el punto de que me faltó tiempo para escribir este artículo, pues el mensaje de la canción encaja a las mil maravillas con la situación que se está viviendo ahora en el mundo ―y en especial en España, el país más lobotomizado del Planeta― a cuentas con la plandemia: qué cosas, que algo que marcha contigo muchísimos años sin que sepas muy bien de qué va, un día estalla, relampaguea en tu conciencia y te abre las puertas a una dimensión desconocida.

El tema de Dona, Dona ya lo he explicado en algunos artículos, bajo el denominador común del borreguismo de las masas, que llevan una vida vegetativa ramoneando entre los pastos envenenados que le da el sistema luciferino que nos gobierna, y que les lobotomiza con pavorosos lavados de cerebro que convierten a los seres humanos en becerros listos para el matadero. Y para monstruosas lobotomías, no ha habido nada igual en el mundo como el apocalíptico adoctrinamiento con el que los medios de comunicación han aumentado hasta el paroxismo el electroencefalograma plano de unas poblaciones sumidas en el esclavismo más atroz, en la robotización más indigna que cabe imaginar en seres presuntamente humanos.

Y nada como España para ilustrar la tragedia de unos becerros embutidos en mascarillas abominables, que van en vagones a los mataderos más siniestros ―eso sí, con las manos muy limpias, de tanta obsesión hidrogeliana― , donde matarifes de cornamenta luciferina les darán vacunas a mogollón, satánicos chips, radiaciones electromagnéticas a mansalva, en un dantesco horror inalámbrico sumamente parecido al infierno. Y este apocalipsis se ejecutará implacablemente en el distópico campo de concentración y exterminio en el que se está convirtiendo nuestra Patria, antigua reserva espiritual de Occidente, transmutada ya en una gigantesca cárcel donde los becerrillos que no sean sacrificados lamerán entusiastas sus barrotes.

¿Qué os puedo decir, becerrillos en flor, antílopes kobardes que huís ante el rugido del león, cuando sois muchísimos más que la élite satánica que os sodolobotomiza?: carne de vacuna sois, picadillo para sus carnicerías, marionetitas para sus nanochips, patéticos bufones de los que se ríen los vientos y las olas, las frondas del bosque, y los diabólicos endriagos que os marcarán con la Marca de la bestia, como se marca el ganado, oh ternerillos de ojos acuosos que vais a la tierra de Nunca Jamás.

Cuando llegue el día de vuestra ejecución, cuando veáis garras siniestras empuñando las ponzoñosas jeringuillas, no lloréis, no os quejéis, no rechinéis los dientes: pudisteis elegir, y decidisteis ser becerros, carne de matadero, carnaza para los satánicos buitres del globalismo. ¿Acaso no contemplasteis desde vuestros establos el majestuoso vuelo de las golondrinas, agitando felices sus alas en el viento de la libertad? ¿Quién os impidió ser como ellas: libres, libres, despiertas y conscientes? ¿Por qué no elegisteis ser golondrina, que hace su nido en las alturas, que vuelve una y otra vez a los becquerianos balcones de la libertad?

Escuchad cómo se ríe de vosotros el viento de la libertad, cómo ríe todo el día y parte de la noche, cómo el aleteo libérrimo de las golondrinas os sume en la tristeza y el temor ante lo que se avecina, oh becerrillos en flor. 

España, Ispahan, etimológicamente «tierra de conejos», conejillos en flor graciosillos y saltarines, pero kobardes y amedrentados ante su propia sombra… Sí, pero luego fuimos leones, panteras de Flandes, toros que enamoraban lunas y soles, galgos y podencos, búfalos embistiendo a nuestros enemigos.

Ay de mi España, ayayay… ya habló el poeta aquel de los muros derruidos de la Patria mía, y ahora hablaría de los trenes rigurosamente vigilados que llevan a sus hijos abecerrados a malolientes mataderos, a vacunaderos del inframundo, a inteligencias artificiales de reptilianos o-lo-que-sea, a apriscos donde la supervivencia será un tormento, a establos donde la dictadura desenvainará su guadaña sin ninguna piedad para los becerros en flor.

Y, de fondo de este apocalipsis, de este final de los tiempos, se oirá el estribillo de los libres: «Dona, dona, dona… Dona, dona, do…».

Laureano Benítez Grande-Caballero

Sevillano, profesor de Historia jubilado, escritor de 35 libros, la mayoría de tema católico. Articulista en muchos medios digitales patrióticos, tertuliano ocasional en Radio Ya, imparte conferencias por toda España sobre el Padre Pío de Pietrelcina. Sus últimos libros publicados son EL HIMALAYA DE MENTIRAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA, y LA PATRIA TRAICIONADA: ESPAÑA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

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