Armados con palabras

Frente a la despótica tiranía que sufrimos gran parte de la sociedad española desde que nos gobiernan los socialcomunistas, sobre todo en las regiones de la periferia, donde vivimos en una dictadura o política del miedo y en un exilio interior desde hace muchos años, sólo nos quedan para nuestra defensa, las palabras, con sus verbos y adjetivos, todo ello bien disciplinado y en perfecta formación por medio de la sintaxis.

Entendiendo por armas las primeras, como munición los segundos y como disciplina, huestes o ejércitos para su buen uso, la sintaxis, todo el arsenal democrático para nuestra defensa en un avance, que sólo se puede llevar a cabo por la única ruta posible, cuya meta es ese campo de batalla donde poder conseguir una igualdad frente al enemigo, que no es otra que las redes sociales, un lugar donde no cabe la emboscada, ni la traición.

Nuestra antagónica beligerancia es contra la tiranía con ropajes de tolerancia y contra una parte de la sociedad, la cual tiene amputados esos nervios del cerebro que te dan la autonomía necesaria para razonar «per se» es decir, por si o en si mismo. Una parte de la sociedad, simples y vulgares presos o esclavos ideológicos, que no escuchan otra voz que la de sus amos, por tener anestesiados los oídos y envenenadas sus conciencias.

Nuestra lucha es en solitario, es de carácter autárquico e impositivo, pues las cadenas de la esclavitud se alargan desde la cabeza o poder hasta los pies o turbas de masas ignaras y presos ideológicos abducidos por el mismo. Se forjan en el primero en un aquelarre u hoguera de vanidad y toman forma en esos espectrales pero existentes grilletes, que nos colocan los primeros y aceptamos con un sumiso y aquiescente orgullo como si en lugar de un fuerte y doloroso golpe recibiésemos una cariñosa palmadita en el hombro.

Dicho de otro modo, es nuestra aceptación al más rastrero de los clientelismos, lo que legitima esta ignominia e ilegal forma de actuar, de esta turba de vulgares criminales, que padecemos y sufrimos por gobierno. Todo ello, expuesto con un eufemismo encubierto de siniestra ironía, el cual nos enseña y ofrece esa justicia social, esa pobreza elevada a su más alto nivel, que es la única y universal herencia socialcomunista.

Una herencia ruinosa que impone la crisis viral de toques de queda y Estados de alarma, única panacea médica de este desgobierno contra la pandemia que sufrimos y que aceptamos democráticamente con silente docilidad y mansedumbre. Mientras el virus avanza debido a la incuria o negligencia gubernamental y de esas fortunas amasadas por los proveedores del utillaje sanitario, en ese monopolizado mercado del que es víctima nuestra Seguridad Social.

Contra este descarado expolio no tenemos más armas que las palabras. Por eso legislan leyes que convierten en muros o escudos, con las que poder enmudecernos y hacer de nuestras protestas algo banal, vacuo e inocuo.

Nuestras armas son las palabras y estas salidas de nuestras bocas a forma de crítico grito o súplica como las piedras, metafóricamente hablando, claro está. Es de sobra sabido que la civilización comenzó cuando el hombre arrojó una palabra o metafóricamente hablando una piedra a su enemigo a la que se sumó un tsunami de las últimas en forma de pedrada o tormenta. Por lo que invito a las personas decentes y honradas a apedrear a este totalitario gobierno, con nuestra única y legítima arma, la palabra, demostrando ser civilizados y a la vez autónomos de pensamiento, no meros esclavos o presos ideológicos de los mismos.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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