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Apología del bolchevismo

Nuestro presidente en funciones ha bolchevizado el PSOE actual y para esa revolucionaria e infantil rebeldía ha contado con el apoyo de sus lacayos y afines, meros y vulgares nostálgicos de aquel revolucionario, totalitario y absolutista «Frente Popular» de 1936.

Lo que parecía impensable en cualquier país democrático a día de hoy, ocurre en España. Porque hasta ahora no ha existido una verdadera derecha, una verdadera democracia que se haya atrevido a denunciar, defender y tipificar la verdad de nuestra historia.

A la España contemporánea, nuestra querida y amada nación, ha llegado un Mesías, el cual campa a sus anchas, anda suelto a lo largo de nuestra ancha geografía, la cual, recorre a vista de pájaro, predicando su sectario evangelio, lleno de dogmas ideológicos, los cuales legítima y convierte en mantras por imperativo.

Dice regirse por ese ser superior que le ha enviado, es decir, por unas ficticias y supuestas leyes divinas, cuanto menos espectrales. Como en los tiempos de las monarquías absolutistas, donde el rey lo era por la gracia de Dios. Está convencido de que su misión en nuestra nación, en España, es cambiar la verdadera y única historia de la misma.

Este Mesías, actual líder del socialismo español y presidente del Gobierno de España en funciones, señor Pedro Sánchez, está obsesionado con un deseo, un anhelo, simple y vulgar ideología, que es el cambiar nuestra historia. Por medio de un estado metamórfico, de una nueva situación, la cual legitima mediante decretos leyes. O lo que es lo mismo, una dictadura silenciosa disfrazada de supuesta democracia.

Su principal y única obsesión, hasta día de hoy, su deseo frustrado, es ganar una guerra que propiciaron y perdieron. Poder dar muerte al que lideró el ejército nacional que les derrotó, en honrosa lucha, beligerancia física y armada primero y democrática después. Sé que puede resultar paradójico lo de democrática, ya que todos sabemos que fue una dictadura. Pero sin duda fue una dictadura necesaria, para que España se cimentase en una convivencia sana, postulada en la verdadera igualdad, que es la que se sustenta en la justicia, y una real y verdadera libertad y no en ese libertinaje en el que vivimos desde esa ficticia y falsa transición de 1978.

Este profeta y analfabeto histórico, tirando de ese analfabetismo o amnesia selectiva, señor Pedro Sánchez, no es más que un incapaz, un mediocre profesional, mal político, plagiador de ideas o políticas, un gran ególatra y un demagogo compulsivo.  Ha hecho de la demagogia, postulada en la mendacidad más rastrera, su forma y altísimo nivel de vida.

Él y sus afines ideológicos, no son más que lo que revierten sobre su disidencia ideológica, unos meros y vulgares revolucionarios, totalitarios y absolutistas déspotas. En fin, lo que todos conocemos como un Dictador en mayúsculas. Sólo que estos, de la forma más vil y rastrera, se revuelcan en el estiércol ajeno para poder desviar o camuflar el hedor de su propia fetidez.

¿Con qué autoridad, rasgo o rastro moral se permiten, criticar o denunciar nada, ni a nadie?

Un vulgar dictador, quien ayudado por esas pequeñas conciencias rojas y presas, aprovecha su posición de poder, para eso, para prevaricar y abusar de ese poder, valga la redundancia, y se atreva simplemente por su gran ego personal a profanar la tumba con los restos de esa, su gran frustración que les ganó una guerra, y que, para su desgracia, murió en la cama, y no en un acto de terrorismo, como es el atentado personal que tanto le gustaba al fundador del PSOE, señor Pablo Iglesias Pose. Un legado que heredó y orgullosamente aplica, siempre que tiene ocasión, de forma indirecta o colateral, este vulgar dictador encubierto y camaleónico, señor Pedro Sánchez.

La libertad de expresión es característica básica y fundamental de cualquier país que se defina como democrático. La libertad de expresión se define o al menos, personalmente la entiendo, como la capacidad de poder expresar tus ideas sin ser descalificado, demonizado, despreciado o castigado por ello.

Partiendo de esta base o definición, se llega a la conclusión de la actitud o postura de este Mesías, megalómano y ególatra, cuanto menos, arbitraria, totalitaria, desigual, injusta, y una moderna forma de esclavitud, es a todas luces absolutista. Pues lo que no puede conseguir mediante sufragio o en las urnas de una forma democrática, lo consigue por imposición en forma de decreto ley.

Sinceramente, ¿hay algo más dictatorial que este régimen de gobierno que tiene en una continua represión a España y en lógica consecuencia a los españoles?

Personalmente, mi idea de demócrata o de país democrático, es uno en el que una familia pueda escoger donde enterrar a sus seres queridos, y no enterrarlos donde se lo imponga el gobierno de turno. Pienso que esa es una imposición, por lo tanto una forma de totalitarismo, y en conclusión una forma de dictadura. Una dictadura muda o silenciosa, pero a fin de cuentas una dictadura.

En democracia hay que adaptar las ideas o políticas a las normas o leyes, para crear una verdadera y real igualdad que es la que se sustenta en la justicia, lo que automáticamente proporciona la verdadera libertad.

Lo contrario a esto, que sin duda es lo que aplica el actual gobierno, no es más que una forma más de dictadura, y como tal, represiva y denunciable para una mayoría de la sociedad, trabajadora, decente y honrada como es a día de hoy, la nuestra, la española.

Seguramente, este dictador moderno del siglo XXI, conseguirá llevar a cabo ese deseo personal de profanar los restos de uno de los personajes más importantes de la historia de nuestro país, como seguramente se irá de rositas, con el perdón de una sumisa aquiescencia por parte de la sociedad española. Pero será la historia, la que le termine poniendo en su sitio. Y no esa ideología autocrática, totalitaria y nociva para una sana convivencia que, es lo que representa esa ley de memoria histórica, que parece ser y si nadie lo remedia, va a terminar imponiendo a la sociedad española.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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