Apliquemos un ERE a los políticos

"Es urgente que los 350 destripaterrones que se han colocado en el Paseo de San Jerónimo, den paso a gente preparada".

La querencia desarrollada en la política patria es a desmontar los controles al poder e imbuir de política lo privado. Ello, en sí mismo, debe de ser un tic que nos quedó de la historia en la que el sometimiento al adversario, la demonización del contrario y la dictadura parecen ser signos de nuestro ADN.

Con la transición a la democracia tuvimos unos años, desconocidos por la pandilla de desagarramantas que se dedican hoy a la política, en los que quien acudía a ella tenía un trabajo, una cultura, un nivel intelectual y, sobre todo, se acercaba a lo público para servir que no a servirse, tan sólo a cambio del boato y la púrpura, así como el prestigio que de ello se derivaba.

Si observamos la actualidad, quien se acerca a la política, en determinados niveles, no ha hecho otra cosa que desarrollar su vida en la política, carece de prestigio profesional, recorre el camino del plexiglás, la foto, la inconsistencia y la micra del mosquito como medida de su intelecto que, evidentemente, acude al pesebre a comer y servirse.

Es cierto que los políticos son reflejo de la sociedad y, así, mi comparación personal con la generación de mi padre, de mis mayores, no sólo merecen el máximo respeto, sino que me hace quedar como un analfabeto funcional al poseer ellos una cultura básica que siempre deseé, mientras que si la comparativa la realizas con un imberbe, o no, titulado actual, incluso plurititulado, observas que su media intelectual es la de un grillo carente de los principios básicos y más cerca de la incultura y del analfabetismo que de un libro, que se demuestra por la altanería y falta de respeto a los que les preceden. Así, en política, lo habitual es desdeñar o “asesinar” al que te precedió, pues con él se demuestra tu incapacidad o tu miserable actuar.

Nuestros mayores fueron capaces de construir una España desde la ruina, crearon sistemas de protección social a la mujer, a los parados, a los sin casa con planes de vivienda que se desarrollaron en todos los municipios, realizaron una política verde con la creación de pantanos, planes hidrológicos nacionales, sanitaria con la creación de la seguridad social y la construcción de hospitales provinciales, de protección a la infancia con planes demográficos de ayuda a las familias y creación de servicios sociales; es decir, el más “progre” del lugar no está planteando políticas que no hubieren desarrollado con éxito nuestros mayores, claro está, adaptadas al momento social y cultural de la época, pero con más éxito que los de ahora, que pueden tardar 16 años en construir un hospital que antes de inaugurar ya es pequeño o está obsoleto.

Con la epidemia del covid19 se ha puesto de manifiesto que los sistemas de prevención no existen, que nuestra sanidad es como nuestros políticos, de papel cuché, que nuestros profesionales carecen de los medios de los que alardeábamos, que nuestros sistemas sociales y de protección al ciudadano están en manos de Cáritas y de la iglesia a la que criticamos, pero sin la que no habría comedores sociales, bancos de alimentos y un lugar donde acoger al despreciado por la vida.

Pero, ante una crisis que nos lleva a sanidades de guerra y que nos introduce en economías de postguerra, nuestros líderes demuestran que carecen de liderazgo, que siguen en el tacticismo y son incapaces de afrontar primero la crisis sanitaria, en la que todos hubieran cometido errores, pero debieron de aceptar la crítica y enderezar el rumbo cuando, cual pollo sin cabeza, el gobierno corría de un lado para otro sin saber qué hacer, como la oposición debió de criticar ofreciendo alternativas y no con los ojos como platos no saber qué ofrecer.

Ocultaron, todos, los muertos y animaron a la ciudadanía a aplaudir a los sanitarios por hacer su trabajo, así ocultaban que les faltaban medios, a cantar “resistiré” para no ver los ojos de la muerte. Y, ahora, tras haber permitido manifestaciones, partidos de fútbol y reuniones multitudinarias en plena expansión del virus, para encubrir su canallesca actuación y su irresponsable actuar, pretenden “mandar a galeras” a los 10 chavales que incumplen la prudencia sanitaria y a los que habrá que reprender, pero que lo hacen en la creencia de que lo sucedido han sido unas vacaciones, unos cánticos y un tema no tan grave o ya pasado.

Es urgente que los 350 destripaterrones que se han colocado en el Paseo de San Jerónimo, den paso a gente preparada, expertos en dirección de empresas, demostrada experiencia y conocimientos de lo que es la empresa y la economía, apoyados por expertos en recursos humanos con sensibilidad social y amplia capacidad acreditada para la acción empresarial, discutan las líneas de acción y los esfuerzos precisos para afrontar y superar con éxito la ruina que nos toca vivir, con, por primera vez en nuestra historia, austeridad política, democrático control al detentador del poder, auténtica separación de poderes y la colaboración de todos los que realmente deseen construir España.

Enrique de Santiago Herrero

Abogado. Máster en Ciencia Política. Diploma de estudios avanzados en Derecho Civil Patrimonial. Derecho penal de la empresa. Colaborador y articulista en diversos medios de comunicación escrita, radio y televisión.

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