Alan Turing: contribuciones a la Teoría del ordenador

Su aporte más trascendente fue lo que hoy se conoce como Máquina de Turing, un modelo computacional que lee y escribe de manera automática sobre una cinta.

La figura precursora de Alan Turing (1912-1954) supone uno de los momentos trascendentes en la historia de la Teoría del ordenador. Pionero pues de un campo profundamente imbricado en lo más prosaico de nuestras vidas, Turing sobrepasó el propio espacio de las matemáticas al que estaba vinculado, entrando sus aportaciones de lleno en asuntos de candente actualidad, si bien otrora parecieran más propios de la ciencia-ficción: computadoras digitales; inteligencia(s) artificial(es) o, en su defecto, la hipotética capacidad de pensar de las máquinas; la introducción del concepto teórico de un dispositivo de cálculo, esto es lo que hoy se conoce como Máquina de Turing; etc.

Los fabulosos dones mentales de Turing y sus consecuencias van parejos a una biografía no muy dilatada en el tiempo (apenas 42 años), pero de extraordinaria intensidad cualitativa: en este sentido, Turing es uno de los matemáticos más relevantes del siglo XX. La literatura y el cine han abrevado en su biografía, con resultados amarillistas o meramente detestables, como ponen de manifiesto películas tan execrables como The Imitation Game. Toda su vida, como la de algunos grandes genios (del arco que puede ir, salvando las distancias, de un Leonardo da Vinci a un Orson Welles) es una larga senda de obras inacabadas, dejadas en esbozo, como si de arrepentimientos propios de la experimentación perpetua se tratara.

La propia biografía de Turing delata una personalidad inestable y aparentemente caótica: en su juventud, sus trabajos académicos eran truncados y confusos, puesto que el joven Alan tenía grandes problemas para escribir en limpio (conocido es el hecho de que solía entregar sus trabajos llenos de tachaduras y “arrepentimientos”). En lo externo, cierto es, Turing manifestaba un gran desorden, prueba inequívoca de que dentro de su mente todo estaba “muy bien amueblado”: la pulcritud y ordenación en la escritura rara vez han acompañado, de ordinario, la creación de las grandes mentes creadoras (véanse, p. ej., las partituras de un Ludwig van Beethoven, el mayor creador musical de la historia junto a J. S. Bach). Desde sus germinales trabajos, Turing ya manifestaba rasgos de superdotación mental… No nos detendremos tanto en el brillante discurrir de su carrera académica como en los momentos de encrucijada que jalonan su vida: a medio camino entre el folletín truculento y la iluminación cíclica, la biografía de Turing es el mejor soporte para aprehender sus conquistas matemáticas y científicas en todo su alcance.

Su aporte más trascendente fue lo que hoy se conoce como Máquina de Turing, un modelo computacional que lee y escribe de manera automática sobre una cinta. El problema filosófico, tremendo, es evidente: ¿son decibles las matemáticas? Esta cuestión plantea la problemática de si existe un método concreto que pueda dirigirse a una sentencia matemática cualquiera, logrando averiguar si esa sentencia es verdadera o por el contrario es falsa. Sobre tan resbaladizos presupuestos, Turing concluyó (mediante demostración) que ciertos problemas complejos quedaban fuera del poder de las máquinas, incapaces de resolverlos.

La llamada Máquina de Turing es básicamente un robot programado automáticamente, cuyos movimientos se basan en la ejecución de un programa previamente determinado, léase definido formalmente, y con un espacio de memoria potencialmente ilimitado, dada la variabilidad de combinaciones posibles; estos juegos de combinaciones, sean ceros o unos, palotes o números naturales, etc., contienen las claves esenciales de la computación moderna, todavía no explorada en todos sus frentes.

El sustento matemático de esta máquina reposa en las funciones recursivas, que presentan un abanico de variaciones de menor a mayor complejidad: desde las funciones recursivas primitivas, hasta las definidas por sustitución y/o inducción; las funciones recursivas son tales si y solo si son “Turing-computables”, léase computables –las funciones numéricas– por una Máquina de Turing. Sobre este aspecto teórico, Gödel escribió un trascendente artículo fechado en 1931.

Para la pequeña Historia, no menos interesantes resultan las aportaciones de Turing a los servicios de inteligencia británicos durante la II Guerra Mundial. Las aplicaciones que Turing previamente había vertido sobre su Máquina fueron cruciales de cara al desciframiento de los códigos secretos de los submarinos de los alemanes. Aunque se trató de un trabajo colectivo, Turing desempeñó un papel importante en la comprensión de Enigma

Otro logro relevante de Turing, más actual que los anteriores si se quiere dadas sus implicaciones en la actual filosofía de la mente (con equivalentes tan cuestionables pero mediáticos como John Searle y su “habitación china”), es el denominado Test de Turing, cuyo propósito es confirmar la existencia de “inteligencia” en una máquina (!), a partir de la observación de su comportamiento y evoluciones. Aunque ningún ordenador ha superado satisfactoriamente todavía dicho Test, es posible, auguran, que antes del año 2050 se consiga superar… para desgracia y amenaza del género humano, añadimos nosotros.

La prematura muerte de Turing, por suicidio bajo presión social –como consecuencia de un proceso judicial escandaloso imputable a sus tendencias homosexuales–, malogró una carrera que todavía estaba consolidándose.

Turing devino hoy un trivial cachivache de feria, atrozmente desfigurado, empobrecido y falsificado por la poderosísima Industria cultural anglosionista, que ha encontrado en su figura y en su obra un reclamo comercial bien lucrativo, con especial fijación por sus actividades durante la II Guerra Mundial en pro de una presunta defensa del “Mundo Libre”…

 

José Antonio Bielsa Arbiol

Articulista, crítico cinematográfico y escritor. Historiador del arte y graduado en filosofía. Colaborador en diversos medios de comunicación. Autor de los libros: "España y sus demonios" y "Cómo sobrevivir al Nuevo Orden Mundial: un manual de trinchera".

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