Agresividad marxista en la Segunda República. Documentos

El siguiente texto fue publicado por el periódico «Vanguardia» (no “La Vanguardia”), en Zaragoza el 30 de mayo de 1936 (nº 24. Pág. 4). Se proclamaba “Portavoz Juvenil Marxista-Leninista”

El autor, Harlem, hace un llamamiento a los jóvenes anarquistas que no quieren formar parte de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) debido a su elevado grado de violencia.

Creo que este texto suficiente para demostrar que el período del gobierno del Frente Popular, las fuerzas izquierdistas se estaban preparado ideológica y militarmente, para dar otro Golpe de Estado al que ellos llaman “Revolución Triunfante” o “Lucha final”, en el cual participaría desde la sombra el estalinismo soviético, enviando (meses antes de la guerra) dirigentes rusos como Alexánder Órlov, que se desenvolvían por los despachos de los ministros del Gobierno de España, con una libertad insultante, según cita en su libro Félix Schlaier, embajador de Noruega.

La amnistía del Gobierno del Frente Popular a los encausados por el intento de Golpe de Estado de octubre del 34, permitió el regreso de miles de huidos a Rusia.

— Permítanme exclamar: ¿¡A Rusia!? ¿Es que no habían otros países más cercanos?—.

Es necesario que alguien estudie seriamente, documentalmente, imparcialmente, la relación de sometimiento de la izquierda de la II República a la Unión Soviética, o nunca entenderemos por completo este período de la historia de España.

Nada más proclamarse la Segunda República en 1931, destacados jóvenes  izquierdistas fueron enviados a la URSS para cursar estudios de formación política en la Academia Político-Militar V. I. Lenin de la Komintern en Moscú, especializada en la formación política de oficiales, y en la Academia Frunze, donde las asignaturas se basaban en disciplina operacional-táctica, marxismo-leninismo, historia y trabajo político del Partido, historia del arte militar y de la guerra, etc.

¿Cómo debemos interpretar esto? ¿Qué objeto tenía esa formación militar soviética?

Ningún español fue enviado por ningún partido a Alemania o Italia a estudiar nazismo o fascismo. No voy a menospreciar a los lectores explicándoles lo que es fácilmente comprensible.

Aún no existía la Falange, que fue el único partido fascista que hubo en España y, sin embargo, los de izquierdas lanzaban por las calles consignas antifascistas.

En las elecciones de Febrero de 1936, los partidos de izquierdas obtuvieron el 47’03 % de los votos y la Falange, el 0’07 %, es decir, 6.800 votantes en toda España. Si calculamos que por lo menos hay una proporción de un falangista militante por cada cuatro votos, eso nos da una idea bastante clara de cuántos fascistas había en España antes del estallido de la Guerra: unos 1.700 fascistas en toda España, frente a 4’4 millones de votantes de izquierdas excitados por el miedo al fascismo.

Me suena a lección aprendida de memoria en la URSS. Los dirigentes de izquierdas se inventaron un enemigo fantasma para asustar a la población y justificar su violencia antisocial y anticlerical, que no tenía más fin que el de implantar la Dictadura del Proletariado sometida a la URSS.

 

A LOS JOVENES ANARQUISTAS

Los jóvenes anarquistas critican duramente la formación de milicias. Escandalizados, se rasgan las vestiduras y se llevan las manos a la cabeza. Y, sin embargo, los argumentos que esgrimen no pueden convencernos ni pueden atraer a su causa a la mayoría de la clase laboriosa.

La violencia fascista, dicen, no se puede combatir con la violencia organizada de la reacción, que trata por todos los medios de volvernos a tiempos pasados; la actitud primera que cabe adoptar es la de la defensa organizada. A este primer concepto corresponde, pues, la formación de las MAOC. Y es por eso por lo que no pueden estar exclusivamente al servicio de una organización o un partido, sino que deben de ser el arma en manos de toda la clase obrera y todos los antifascistas, amenazados por la criminalidad reaccionaria.

Por otra parte, los camaradas anarquistas parecen desconocer que ellos, contra la violencia del Estado burgués han empleado siempre la violencia; que se han alzado en armas; que su sangre ha corrido «violentamente» por las calles y por las barricadas de la lucha revolucionaria. ¿Pero cómo han empleado los anarquistas esa fuerza magnífica de la clase obrera? Indudablemente en forma desorganizada, en la forma en que mejor podíamos ser batidos por el enemigo. Primitivamente se hizo en forma individual, por medio de atentados; luego, se pasó a la actuación de los grupos, que operaban al margen de las masas y apenas sin relación unos con otros, de manera que fuerzas y energías considerables se malgastaban o eran empleadas indebidamente. Recordemos, a este respecto, todos los movimientos transcurridos...

No es cierto, pues, que los jóvenes anarquistas hayan renegado nunca de la violencia; que hayan renunciado a batir por la violencia al Estado capitalista. Por eso el argumento a que nos referimos nos parece sofístico y fuera de la realidad. Se trata, camaradas, de superar la lucha de los grupos, pasando a una forma superior de organización, que vaya creando nuestros órganos de lucha frente al poder de organización del enemigo. Por eso nosotros propugnamos por las Milicias Antifascistas, que, dotadas de una buena organización y preparación en todos los aspectos, luchen primero diariamente por la defensa de la clase obrera, de los movimientos huelguísticos, contra las agresiones fascistas y reaccionarias, y luego lleguen a ser el Ejército de la Revolución triunfante.

A nosotros, los jóvenes marxistas nos parecen injustas las voces de los jóvenes anarquistas, cuando en los actos y en la vida diaria, ponen en guardia a las masas contra no sabemos qué supuestos peligros que han de provenir de las Milicias. Nosotros llamamos a todos los jóvenes y en especial a los jóvenes libertarios que tantas pruebas han dado siempre de combatividad, a unirse a nosotros en la lucha, a crear unas MAOC potentes y forjadas con la unidad de la joven generación, de la que ha sido el primer paso la fusión de los jóvenes comunistas y socialistas.

HARLEM

 

 

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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