Agosto de 1936 «EL TREN DE LA MUERTE»

El tren de la muerte es un hecho que señaló la conducta de los frentepopulistas respecto a los presos “políticos”.

El 12 de agosto de 1936, en Atocha, 192 personas fueron fusiladas sin juicio, cuando las estaban trasladando desde las cárceles de Jaén a las de Madrid. Estuvieron implicados altos cargos del Gobierno, pero nunca han sido juzgados por ello, tal vez sus nietos quieran pedir perdón.

El tren de la muerte es un hecho que señaló la conducta de los frentepopulistas respecto a los presos “políticos”. Este modus operandi se repitió dos meses después en forma de holocausto, en Paracuellos de Jarama con más de 3000 muertos (que, por cierto, siguen allí, ninguna asociación progre ha querido desenterrarlos).

La matanza empezó el día 11 de agosto, y continuó el día 12 hasta llegar a 192 muertos.

Se produjo en la estación de Atocha y en el Pozo del Tío Raimundo (extrañísima coincidencia con los atentados de 11 de marzo de 2004, que también se produjo sobre trenes, en el mismo lugar y también con 192 muertos). Las víctimas fueron personas de Jaén y Córdoba que habían sido encarceladas por ser de derechas o católicos y eran trasladados a cárceles de Madrid. 

La matanza se produjo a las pocas semanas  de empezada la contienda. No fue en campo de batalla, no hubo órdenes de arresto ni juicios, la sentencia de muerte la dictaban los jefes izquierdistas: era gente de izquierdas que, amenazando con un arma secuestraba a personas de derechas o católicos y las metía en prisiones del gobierno.

Tras este asesinato masivo, todos los países excepto Argentina, México y Turquía, mandaron a sus embajadores evacuar el país, aunque la mayoría decidieron quedarse para proteger a los ciudadanos y gracias a ellos, tenemos datos muy detallados de estos hechos y los autores. Dense cuenta de que los países no ordenaron la evacuación el 18 de julio con la declaración de rebeldía de los generales, sino el 13 de agosto con los fusilamientos en masa de los izquierdistas sobre los ciudadanos.

El objetivo principal de los izquierdistas en la Guerra Civil, según se deduce de estas masacres,  no era vencer a Franco, sino exterminar mediante el asesinato, toda disidencia política y religiosa en la población española. Digo «exterminar» porque no distinguían edad ni sexo. Y además, de la forma más brutal posible (según habían aprendido los dirigentes de las milicias, formados en las academias militares rusas antes y durante la República, pagados por partidos y sindicatos).

La matanza a sangre fría conocida popularmente como «El tren de la Muerte» nos revela el elevado grado de organización que tenían las fuerzas frentepopulistas. Demuestra asimismo, que no existió sorpresa para sus dirigentes por el inicio de la guerra, sino que, muy al contrario, los partidos políticos de izquierdas y sindicatos ya estaban bien preparados y pertrechados para la contienda. A diferencia del golpe revolucionario de 1917 o el de 1934, esta vez no iban a comenzar ellos, sino que iba a ser provocada mediante el asesinato el 13 de julio de 1936 de los jefes de los partidos de derecha: Calvo Sotelo y Gil Robles, aunque este último consiguió escapar. 

Los historiadores utilizan indistintamente los términos «izquierdistas» y «republicanos», pero esto desvirtúa la realidad. En la Segunda República gobernaron partidos republicanos de izquierdas y de derechas con el respaldo democrático de los españoles. No hay que olvidar que el propio Franco actuó en defensa de la República en el intento de Golpe de Estado socialista de 1934

Continuar identificando o confundiendo los términos «izquierda» y «república» es engañar a los ciudadanos. Ese fue el argumento que quiso presentar Azaña en Europa nada más empezar la contienda, tratando de mostrarse como víctima, pero que, por suerte para España, no se creyeron los países democráticos, sobre todo al conocer por sus embajadores estas matanzas irracionales de gente inocente en Atocha o Paracuellos, o las detenciones ilegales en las ciudades con robos, torturas y violaciones. Todo ello perfectamente documentado en sus respectivas embajadas.

 

Pueden informarse con más detalle en dos publicaciones:

«El tren de la muerte», 2011, de Santiago Mata y «El tren de Jaén», 2019, de José Antonio Valenzuela, sacerdote, este de descarga gratuita, sacado de un manuscrito muy detallado (cita más de 400 nombres) de una persona que logró salvarse.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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