Agitación, propaganda y crispación

La España contemporánea refleja con evidente elocuencia por medio de la empírica, la dicotomía existente en su sociedad, entendiendo esta última, de una forma diferente, el concepto de civilización, haciendo cada bando una particular y personal cruzada cultural contra su disidencia ideológica.

El bando de la corrección política o progresía de izquierda, se obstina en esa táctica conocida con el acrónimo de “agitprop». Su retórica, tanto hablada como escrita, no es más que un libelo diatríbico, cargado de soflamas, convirtiendo este en un auténtico océano o mar del sofisma y la mendacidad.

Lo políticamente correcto, esa política victimista, contribuye a crear o legislar leyes totalitarias y partidistas, como la Ley de la Memoria Histórica del zapaterismo, puro y vulgar clientelismo hacia un sector de la sociedad absolutamente analfabeto e ignaro en lo que respecta a cultura política, el cual queda subyugado por el deleite con que estas falacias y soflamas acarician sus oídos, a la vez que sus conciencias rojas y opacas.

Esta multiculturalidad o nuevo izquierdismo, este nuevo, renacido e ilusorio frente popular, trata de mantenerse en el poder mediante la utilización maniquea de la cultura y la sociedad española, en ese proyecto estructural de una absoluta deconstrucción de España, con sus formas o maneras habituales, es decir, de una forma despótica y cainita, para mediante un proceso constituyente, se dé una situación nueva, una situación adanista, que les permita realizar su anhelada utopía, ese ficticio espejismo con el que borrar todo vestigio de su metafísico génesis.

Pues eso, es lo que entiendo, en mi humilde opinión e inmensa ignorancia, por «memoria histórica» o «colectiva», la cual es en sí misma un concepto ficticio, un espejismo, porque, hablando con propiedad, tal cosa no existe. La memoria no es ni colectiva, ni histórica, sino intrínsecamente personal, individual y por tanto, subjetiva. La mayor parte de «la memoria histórica» de la España del siglo XXI, ni es memoria, ni historia, sino un discurso político elaborado por la izquierda en torno a ciertos incidentes que se interpretan según un esquema partidista. Una de las famosas frases hechas, que se atribuye en propiedad la izquierda, haciendo gala de una supuesta superioridad moral hacia la derecha y que trata sobre la historia, siempre ha sido que “La historia la escriben los vencedores”, en mi inmensa ignorancia y humilde opinión, lo cierto es lo contrario que la historia y más concretamente, las guerras civiles, permanecen vivas en la memoria de los vencidos, durante mucho más tiempo que en la de los vencedores, por lo que se deduce que los vencidos o perdedores no hacen más que escribir y reescribir la historia.

Por eso, mi rigurosa, firme y creo bastante acertada conclusión, por su lógica argumentación expuesta en estas líneas, con una prosa aceptable y con un confeso descaro que me da esa licencia y libertad de patente de corso o lo que se conoce de forma banal como el derecho de libertad de expresión, es sin duda que la nueva politización del discurso guerracivilista no anuncia el retorno a la guerra civil, aunque esté planteado así, por una izquierda regresionista, revanchista y totalitaria, sino a la apertura de una fase más partidista e intensa de conflicto político, que deja abierta la cuestión de si este sectarismo será o no capaz de amenazar la propia estabilidad democrática. Pues “la democracia se basa en «la aceptación del adversario»”, personalmente, soy de la opinión de que los actuales intentos en España por aprovecharse de la pseudohistoria para culpabilizar políticamente al contrario, son más bien una táctica diseñada para aumentar el poder de la izquierda.

Por lo que afirmo, con rigurosa rotundidad, que la crispación es un neologismo o vocablo nuevo, acuñado por la izquierda hacia la derecha como una nueva forma desleal de hacer política, revirtiendo hacia la última, la verdadera esencia o génesis de la primera.

La táctica favorita de la izquierda, ese «y tú más», que consiste en revolcarse en el estiércol ajeno, para así, poder desviar o camuflar el hedor de su propia fetidez, utilizando ese acrónimo, tan de moda, en la actualidad, del «AGITPROP». En un intento desesperado, por su absurdo surrealismo, de hacernos creer lo que nos cuentan, en lugar de lo que ven nuestros ojos.

Santos Trinidad

Cristiano católico, creyente no practicante. De derecha, amante de la libertad, basada en una igualdad sustentada en la justicia.

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