“A los ollayos con los murgundios”

No hago más que darle vueltas a la cabeza tratando de recordar dónde he visto yo tanta chapuza y tanto despropósito como en la forma de gobernar de Sánchez y su cuadrilla, y por fin me he acordado.

En los años 80-90 abundaron en las pantallas españolas películas “inhibidoras de la represión”. Esta etapa es conocida como «del destape». Actores como Fernando Esteso, Andrés Pajares, Juanito Navarro, Antonio Ozores o doña croqueta, inolvidables todos ellos, acortaron nuestras alargadas horas de domingo por la tarde en sesión de 16:30 y 19:30.

No voy a decir que no me riera con esas películas. Me lo pasaba bomba. Me encantaban las situaciones absurdas que se producían al final de la película cuando se encontraban todos en un hotel y se aclaraba el enredo. También me reía mucho con el original balbuceo de Andrés Pajares cuando decía: ”pero, pero, peeeero, pepeperoooo…” o las inescrutables palabras de Antonio Ozores: ”Y los ollallos, cantillos aellos, no, no, no las balillas en su pedestal, claro, claro, en susundios los dormindios, agostados ensustratados lapiceros de neón”. Naturalmente que me reía. Tenía 15 o 16 años.

Estas películas fueron muy prolíficas porque eran de muy bajo presupuesto y menor nivel intelectual. No necesitaban más que un apartotel, un bingo o una discoteca. El guión se montaba sobre la marcha. Eran películas de enredos, mentiras, líos, chapuzas, traiciones, cuernos y, de vez en cuando, se veía alguna sugerente y lasciva redondez. En fin, un innumerable dechado de virtudes que, al parecer, se han plasmado en la forma de ser de nuestros gobernantes actuales.

Ver reflejado en el Gobierno español, ridículos actos de opereta como “Las mascarillas no hacen falta/sí hacen falta/no hacen falta” o los muertos los escondemos aquí, ahora allá, ahora los quemamos, ahora los enterramos, o “Son 45000 pero tú di que son 27000. Ya le echaremos la culpa a las llamaradas solares” o “Ahora pongo de encargado de Sanidad a un amiguete que es filósofo y de ecología a una abogada, o en Hacienda a una licenciada en medicina, o en Igualdad, a la esposa del Macho Alfa, o en Transporte a un Maestro de colegio”, “Ahora tú te encargas de las residencias de ancianos”, “Ahora no te encargas”, “Hacemos un acto de homenaje pero lo mezclamos con otra fiesta para que se diluya y se olvide con los años”, etc.

He repasado algunos títulos de películas y al mismo tiempo me han venido a la cabeza algunos nombres: “La Hoz y el Martínez”(¿El chepas?), “El Recomendao” (¿Illa?), “Los Liantes” (¿Marlasca-Gámez?), “El Soplagaitas” (¿Simón?), “PlayBoy en paro” (¿Sánchez?), “Todos al suelo”(¿Celaá?), “Agítese antes de usarla”(¿…?), “Qué tía la CIA (¿Ábalos?)” (Léase CSID).

Por lo visto, lo que a unos nos hizo reír a carcajadas, a otros les sirvió de enseñanza moral.

Esto no será nunca una verdadera democracia (etimológicamente, Gobierno del Pueblo) mientras el pueblo únicamente pueda elegir a los partidos. Porque, no nos engañemos, los españoles no elegimos nuestro Gobierno, ni siquiera a nuestro presidente y mucho menos a nuestros ministros, nos tienen engañados, votamos un partido porque creemos en su programa, gana el que más engaña y resulta que al final, se hace otro programa que no ha votado nadie y se pone de vicepresidente aquel que no queríamos ni como conserje del Parlamento.

Para la mayoría de los españoles la administración no es más que una jungla altamente enriquecedora para quienes aprenden a desenvolverse en ella. El resto de españoles nos limitamos a abonarla (sin nosotros moriría).

Si se me permitiese elegir político, yo me hubiese quedado con Don Antonio Ozores antes que con el Sánchez o el Iglesias.
Por lo menos me reiría en vez de llorar.

Vean ustedes si tengo razón o no.

 

El nombre que falta en las películas… Sí…
Es el que habías pensado.
Pero si no, lo mismo da.

José Enrique Catalá

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Especialista en Hª Medieval. Profesor. Autor del libro: Glosario Universitario.

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