A donde la paridad nos lleve

El Señor Sánchez basó su campaña política para llegar a su tan ansiado trono en la Moncloa, en la paridad.
Se empecinó desde el principio de su andadura hacia la presidencia, en incluir la misma cantidad de mujeres que de hombres en su gobierno. Formar un gobierno mixto e igualitario era imprescindible. Darle una relevancia a la mujer, que según él no tenía, era una de sus máximas prioridades. Esta cabezonería del ya no tan guapo, nos ha llevado a donde estamos, con la pésima elección de tan nefastas señoras.

Que nadie se llame a engaño, esta estrategia era nada más y nada menos un intento del señor presidente de sumar votos a toda costa, que es lo único que le interesa a este obsesivo del poder. Las mujeres le importan un carajo, pero él con su inteligencia privilegiada de sobresaliente cum laude estaba convencido de que rodeándose del sexo femenino en su equipo de gobierno, tendría a todas las féminas agradecidas y comiendo de su mano. Nada más lejos de la realidad. Una mujer, al igual que un hombre, debe estar preparada para el cargo que ocupa, y mucho más si ese cargo es relevante e incluye responsabilidades.

Esta sabia decisión lo único que ha demostrado es que sus señoras ministras, todas ellas, son un absoluto y rotundo fracaso.

La ministra de igualdad, mi ministra favorita donde las haya, lanza al mundo una frase que marcará un hito en la historia, «Sola y borracha quiero llegar a casa» y así está ella sola, no sé si borracha, pero sí dando positivo en coronavirus por tercera vez.

Carmen Calvo, vicepresidenta primera y ministra de la presidencia, relaciones con las Cortes y memoria democrática del gobierno de España, «Tocate los pies con los títulos de Mari Carmen». Esta defensora a ultranza de su jefe, tiene un discurso tan absurdo como vacío, es especialista en no decir nada, y cuando abre la boca es para decir tonterías de la talla de: «Bueno, esa afirmación la hizo el presidente cuando aún no era presidente»

María Jesús Montero (chiqui) ministra de Hacienda y portavoz del gobierno. Cómo me la maravillaría yo, que como me la maravillaría yo, esta parlanchina que vomita palabras sin decir nada, se cubrió de gloria al decirle a una periodista: «Chiqui, a eso se le añaden unos cuantos ceros y asunto arreglado».

A Nadia Calviño vicepresidenta tercera, ministra de asuntos económicos y transformación digital de España, toma ya con el ministerio, pues ver a esta señora en una reunión de la comisión europea, mascando chicle al más puro estilo yankee nos da una idea de su savoir faire.

Isabel Celaá ministra de educación y formación profesional, defensora a ultranza de la educación pública para todos, menos para ella claro, ella no cuenta, ella lleva a sus hijas a colegio de monjas. Aquí sí que hemos acertado con la elección, esta lumbrera quiere que ningún alumno repita curso, que nadie se sienta frustrado, valga o no valga adelante, siempre adelante, que acabe su bachiller siendo una acémila, pero contento y feliz.
Su última ocurrencia para este curso truncado por el COVID-19 es dar un aprobado general.

Yolanda Díaz ministra de trabajo, cada día tenemos una nueva norma que aportar, que contradice a la del día anterior, pero es lo que tiene poner a un zapatero a arreglar relojes, contentos tiene a empresarios y hosteleros, mientras tanto ella hace la compra en Mercadona como si tal cosa, eso sí, sin utilizar mascarilla.

Creo que como muestra ya tenemos bastantes botones, la única esperanza es pensar que en España, nuestra querida España, hay muchas mujeres, al igual que hombres, tan inteligentes como válidos y que algún día no muy lejano podremos disfrutar de un gobierno en condiciones, sin importar la absurda paridad, esa tontería sólo es un eslabón más del populismo barato.

Mª José Gómez Busó

Jubilada, apasionada del patchwork, lenguaraz y rematadamente sincera.

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